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domingo, 17 de agosto de 2014

08 de agosto - Beato Mariano Pina Turón.

08 de agosto - Beato Mariano Pina Turón.

Sacerdote y Mártir.

 Martirologio Romano: En diversos lugares de la diócesis de Lleida (Lérida), España, Beatos Mariano Alcalá Pérez y 18 compañeros de la Orden de la Bienaventurada Virgen de las Mercedes, asesinados por odio a la fe. († 1936-37)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.


 De niño oí muchas veces hablar de él con gran respeto y veneración, con cariño.

Se había hecho querer en toda la contornada de El Olivar por caritativo, humilde, paciente, sencillo, afable. Gozaba de ese toque personal que otorga a las personas proximidad, apertura, confianza; de esa ingenuidad que rompe fronteras. Además irradiaba celo por la gloria de Dios. Todo lo que de él se diga es poco, acuña Pascual Sebastián. Bueno a toda prueba, remacha Mario Ortín. Y mosén Pantaleón Benedí, lo define: alma de niño, un niño grande, caritativo, bueno, humilde, observantísimo de sus deberes religiosos.

Nació el 13 de abril de 1867, de Antonio y Antonia, en Híjar, lo que es un privilegio, siendo bautizado al día siguiente. Mamó de la familia devoción, piedad, laboriosidad, afición a las lecturas edificantes. Y le aprestó honda religiosidad el medio, pues Híjar constituye un microclima religioso, singular en sus manifestaciones piadosas, sus procesiones semanasanteras, su rompida… fervores que entonces eran tan subidos como la práctica de la disciplina pública en la iglesia. Por lo demás el agro lo configuró austero, ordenado, previsor, providencialista, siempre dispuesto a sembrar sin saber si llegaría la siega...

Para casado iba, y para agricultor. Pero el Señor, a los veinte años, se le cruzó en el camino. Le tomó la esteva, le cambió la labranza. No lo dudó Mariano, pues regresando del servicio militar, explicó a su novia de siempre cómo quería ser fraile y le propuso ser ella monja. La joven dijo que no era tal su vocación, pero Mariano con la bendición familiar y acompañado por su padre, echó su andadura para El Olivar, vistiendo el hábito blanco el 19 de diciembre de 1888, a las 20 horas, de manos del padre Pedro José Ferrada, ante el padre Florencio Nualart, los que, con el padre Domingo Aymeric, recibirían sus votos al año justo. Cursó latín y humanidades desde el año académico 1888-1889 y filosofía desde el curso 1892-1893, emitiendo los votos solemnes el 24 de diciembre de 1892, ante los padres Ferrada, Ramón Prats y Luís Caputo. Llevado a Lérida el 14 de septiembre de 1894, prosiguió la teología, culminando su respuesta generosa con la ordenación presbiteral el 19 de septiembre de 1896, que recibió del obispo José Meseguer en la propia capilla episcopal.

Lo suyo fue el noviciado. Nadie como él sabía estar cerca de los alevines de la Merced; padre de los muchachos, capaz de entenderlos, orientarlos, guiarlos, exigirles sobre todo por su bondad y con su ejemplo estrictísimo. El padre Bienvenido Lahoz, uno de sus novicios, lo valora como todo bondad, de poca cultura, pero buenísimo; no era hombre de gobierno, pero siempre dispuesto a perdonar todas las deficiencias de los subordinados; para desconcertarlo bastaba ponerse a hablar mal de alguien, de inmediato desviaba la conversación. A los dos años de sacerdocio ya recibió el delicado cometido, viniendo desde Lérida el 5 de enero de 1898 a El Olivar para ser maestro; mas luego se le encargó la encomienda, siendo superior olivareño desde el 20 de diciembre de 1899. Realizó la importante obra de estructurar la plaza del convento; derribado el edificio viejo que unía el cenobio levantado por el padre Juan Cebrián con la hoy hospedería de peregrinos, unificó las plazas del Pozo y de las Malvas. También organizó, el 9 de septiembre de 1900, una gran romería con motivo del año santo.

El 24 de octubre de 1902 la obediencia lo restituyó a Lérida. Pasó por San Ramón, mas el 1 de octubre de 1903 desde ahí volvía a El Olivar, nuevamente maestro de novicios, siéndolo, seguidos, diez años; además de que, desde mediados de noviembre de 1911 hasta el 26 de marzo de 1912, estuvo responsabilizado de la comunidad, como vicario in cápite. Queriendo la Merced iniciar nuevos derroteros, abrió colegio en Borges Blanques, encomendándolo al padre Pina, que lo dirigió mientras existió el centro educativo, desde 5 de mayo de 1913 hasta 13 de septiembre de 1919. Recaló en Lérida, donde el 9 de febrero de 1920 era rector. Pero nuevamente se le confió el noviciado el 9 de febrero de 1920, primero en El Olivar, desde el 1 de agosto de 1920 en San Ramón. El día 4 de agosto de 1921 tornó a El Olivar, para superior, ocupando el cargo hasta el 30 de enero de 1923. Prosiguiendo en lo que a él le iba, el 2 de octubre de 1922 principió en El Olivar una escuela para los niños de la comarca. Otra vez a San Ramón, y a Lérida, nuevamente a El Olivar, el 9 de enero de 1924, para maestro de postulantes; que le llamaban el abuelo, como demostración de respeto y afecto.

Cuando le tomó este ministerio el padre Jaime Monzón, siguió como confesor carismático e imprescindible. Además desarrolló una ingente labor pastoral en toda la comarca olivareña, coadjutor de Estercuel, suplente de todos los curas de la redonda, predicador de novenas y cuaresmas, excelente confesor y consejero. Impartía clases en una casa de Estercuel -certifica mi padre Vicente Millán-, y en la iglesia enseñaba pastoral y otras cosas; cuanto diga de él es poco. Mosén Tomás Tena se llegaba al Convento, para pasar el día con el padre Pina, y confesarse, quedando muy edificado de su virtud. Bueno, sencillo, asequible, querendón y querido. Se cuenta, por ejemplo, que si ocurría que crecía el río de Estercuel y los labriegos no podían llegar al pueblo, el padre Pina les procuraba comida y cama. Pidió salir una temporadita, estándose en Mallorca desde el 1 de febrero de 1934 al 20 de diciembre de 1935. Pero regresó, añorando el ensueño olivareño, husmeando la victoria definitiva.

La primera estación de su viacrucis martirial la sufrió en Crivillén. Aquí toda la comunidad olivareña, padres y estudiantes, celebraron misa solemnísima de Santiago el 25 de julio de 1936. Tornándose todos al Convento, el padre Pina se quedó en Crivillén; lo apreciaban y agasajaban todos, mas, porque se rumoreaba la llegada de piquetes extremistas, Joaquín Ortín lo quiso ocultar en la caseta de su huerto, pero de nada valían las medidas, que su inocencia no recelaba de nadie; no manifestaba temor, hablaba con los que pasaban por el camino, no se escondía para hacer la señal de la cruz como siempre.

El 1 de agosto, por la tarde, se reincorporó a El Olivar, enfermo y cansadísimo se acostó unas horas; llamado el médico de Estercuel, proveyó aquella misma subírselo al pueblo, pues los religiosos estaban a punto de dispersarse, pero el no podría seguirlos; muchos se aprestaron para ayudarle, estando en los hogares de José Pascual, Agustín Moreno y José María Rubio, todos ellos recordarán cómo se pasaba el día entero rezando serenamente y cómo hablaba con cuantos entraban en casa. Pero el comité de Estercuel intimó y amenazó, no obstante las intercesiones a su favor; había que sacarlo de Estercuel.

La noche del 5 al 6 de agosto fue llevado a Alcaine, por Pascual Sebastián y José Rubio, atado como un fardo a lomos de una caballería, por barranqueras y sendas ocultas, pensábamos llevar un crucifijo, dijeron luego. Agotado y llagado, a las ocho de la mañana acudió a la posada de Manuel Gascón, que quedó aterrado al verlo tan acabado. Pedía comida y dónde reposar, descansó todo el día, quiso que lo llevaran a otro amigo, pero éste no quiso recogerlo aunque le dio víveres. Vino a dar con sus huesos en el albergue para mendigos de Alcaine. Necesitaba del médico pero no quiso comprometerlo pues todos lo conocían, ya que en Alcaine por muchos años había predicado, dado conferencias, confesado.

A la mañana del día 7, casi a rastras, se echó a andar hacia Muniesa, pero al llegar al río Seco, torció hacia la derecha y al atardecer llegaba al molino bajo de Alacón. Sediento y desfallecido, las hermanas Ferrer Alquezar, sin abrirle la puerta, le dieron por una ventana comida, bebida y una manta para dormir bajo los chopos; les expresó cómo quería morir mártir y no tenía ningún miedo. A la mañana, del día 8, dejó a la puerta de la casa la manta y la botella de agua. En casa de Inocencia Alquezar lo hicieron sentar y le dieron comida. Se llegó a la tienda para comprarse alpargatas, porque andaba casi descalzo; cuando Pedro Mañas lo estaba calzando, pues él no podía, cayeron sobre el anciano unos individuos armados, que lo cachearon, se lo llevaron a empellones, lo arrastraron al comité, y luego en un coche lo condujeron, sobre las ocho de la mañana, a la estación del ferrocarril de Muniesa, y le tomaron declaración. Cayetano Burillo, detenido en la misma estación, contaría cómo decían al Padre palabras soeces, blasfemias y frases como: se han acabado para ti las comilonas, las francachelas,… ¿dónde están todos los hijos que habéis tenido, que no vienen a liberarte? Otra detenida, Marcela Alacón, declararía cómo los esbirros le gritaban que lo iban a matar, y les respondía: cuando ustedes gusten; lo insultaban, lo maltrataban, pero estaba muy sereno, contento y oraba por ellos: Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen. Lo subían en un camión cuando le dijo uno de los esbirros: Vamos, que vas a morir, pero antes te haremos tragar el rosario; lo llevaron unos trescientos metros de la estación, lo echaron a un bancal y desde la carretera lo cazaron, tirándole primero a las piernas para hacer sufrir más. Todavía se acercó un miliciano, que le descerrajó el tiro de gracia, porque aún bolligaba, diciendo: Para que se andara al reino de las arañas. Cabrón, es el Padre del convento de El Olivar, todos los chicos de Estercuel y de Crivillén son suyos. Allí mismo lo enterraron. Eran las diez de la mañana del 8 de agosto de 1936. Lo sepultaron muy someramente, pero después hicieron los asesinos que Isidro Seta cavara una fosa más profunda. Uno de los desalmados se apropió sus zapatillas.

El 5 de noviembre de 1938 sus restos fueron llevados a El Olivar.

No había hecho ningún mal, y sí mucho bien.

Este grupo de mártires está integrado por:

1. MARIANO ALCALÁ PÉREZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 11 Mayo 1867 en Andorra, Teruel (España)
martirio: 15 Septiembre 1936 en Andorra, Teruel (España)

2. TOMÁS CARBONELL MIQUEL, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 20 Diciembre 1888 en Jijona, Alicante (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

3. FRANCISCO GARGALLO GASCÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Febrero 1872 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

4. MANUEL SANCHO AGUILAR, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero 1874 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

5. MARIANO PINA TURÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 13 Atril 1867 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 08 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

6. PEDRO ESTEBAN HERNÁNDEZ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 27 Julo 1869 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

7. ANTONIO LAHOZ GAN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 22 Octubre 1858 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

8. JOSÉ TRALLERO LOU, religioso mercedario profeso
nacimiento: 28 Diciembre 1903 en Oliete, Teruel (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

9. JAIME CODINA CASELLAS, religioso mercedario profeso
nacimiento: 03 Mayo 1901 en Aguilar de Segarra, Barcelona (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

10. JOSEP REÑÉ PRENAFETA, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 15 June 1903 en Lleida (España)
martirio: 16 Agosto 1936 en Barcelona (España)

11. ANTONIO GONZÁLEZ PENÍN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Marzo 1864 en San Salvador de Rabal, Celanova, Orense (España)
martirio: 10 Agosto 1936 en Barcelona (España)

12. TOMÁS CAMPO MARÍN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Enero 1879 en Mahamud, Burgos (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

13. FRANCESC LLAGOSTERA BONET, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 30 Agosto 1883 en Valls, Tarragona (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

14. SERAPIO SANZ IRANZO, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Octubre 1879 en Muniesa, Teruel (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

15. ENRIC MORANTE CHIC, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Septiembre 1896 en Lleida (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

16. JESÚS EDUARD MASSANET FLAQUER, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero1899 en Capdepera, Islas Baleares (España)
martirio: 25 Julo 1936 en Lleida (España)

17. AMANCIO MARÍN MÍNGUEZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 26 Marzo 1908 en Celada del Camino, Burgos (España)
martirio: 26 Julo 1936 en Binéfar, Huesca (España)

18. LORENZO MORENO NICOLÁS, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Marzo 1899 en Lorca, Murcia (España)
martirio: 03 Noviembre 1936 en Lorca, Murcia (España)

19. FRANCESC MITJÁ i MITJÁ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 26 June 1864 en Arbucias, Girona (España)
martirio: Enero 1937 en Ivorra, Lleida (España)


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=59214

08 de agosto - Beato Manuel Aranda Espejo.

08 de agosto - Beato Manuel Aranda Espejo.

Seminarista Mártir.

Manuel Aranda nació en Monte Lópe Alvarez, Diócesis de Jaén, el 22 de Marzo de 1916.

Monte Lópe Alvarez, es un anejo de Martos, entonces con no más de 400 habitantes, que sumados a los de otras cortijadas cercanas podían formar una comunidad de unos 1000 habitantes. No había sacerdote encargado de estos fieles, distantes 14 Km. de Martos. Manuel alternaba el trabajo del campo con la enseñanza que recibía de un maestro idóneo. Era alegre, inteligente, fuerte... un muchacho normal en su ambiente. La práctica religiosa en el lugar era mínima; su familia, creyente, respetuosa con Dios... no se salía del común, aunque aspiraba a algo más. Un sacerdote, de muy tarde en tarde, visitaba la aldea.


Un ambiente poco idoneo para que surgiera una vocación, pero Dios miró a sus ojos, como hoy sigue mirando a muchos jóvenes, pronunció su nombre y él le escuchó. Dicen que el sacerdote que venía de Martos, que los Sres. Carrasco, que influyó un hermano suyo, estudiante en San Agustín de Jaén... todo colabora con la llamada de Dios. Le encargaron diera catequesis a los niños, sintió la necesidad de saber, entró en contacto con Dios. Una llamada y una respuesta: un desafío y un riesgo. Manuel decidió entrar en el Seminario... y empezaron las dificultades... lo económico y el ambiente poco propicio a lo religioso. Ni los tiempos, ni las bolsillos estaban sobrados, Manuel era una fuente de ingresos para la casa... la agresividad hacia lo religioso era patente. La decisión de ser cura era, cuando menos inoportuna. Su preparación para entrar en el Seminario no era, tampoco la mejor. En principio, su padre se oponía.

Las superó con tesón, fuerza de voluntad, alegría interior, confianza en Dios, fidelidad plena a una vocación inicial... en la que fue tan de prisa que solo en cinco años maduró, no ya para la ordenación, sino para la consumación perfecta de su vocación.

Entró en el Seminario de Baeza en septiembre de 1931, el primer año debió ser duro para él: tenía 15 años, sus compañeros eran niños, venía de un ambiente rural y poca preparación... pero todo lo superó airosamente: estudios, formas externas, cultura, disciplina, vida de internado. Una especie de noviciado, para una profesión definitiva, allí hizo dos años de humanidades, con lo que se consideró maduro para iniciar la preparación en Filosofía en el Seminario de Jaén y en el curso 1933 - 1934. En el verano preparó y superó los exámenes de los otros dos cursos de latín. Veía orientada su vida hacia su vocación: oración intensa, estudios profundos, ambiente sacerdotal, todo ello ambientado por los Sacerdote Operarios Diocesanos.

Sus compañeros, aquellos con los que hemos podido contactar, lo consideraron un santo seminarista por su vida y un heroico mártir por su muerte. Esta fue como el lógico desenlace de aquella. Así Don Germán Mártil, Rector que fue en el Seminario de Jaén y después en el Colegio Español de Roma; Don Guillermo Álamo, Don Lorenzo Estero, Don José Rodríguez Yerla y Don José Sola y Don Eduardo Montilla que eran compañeros de cursos superiores, pero le conocieron y algunos tuvieron gran amistad con él; Don Jerónimo Bernabeu, Don Diego García Hidalgo, Don Guillermo Molina, Don José Latorre, y Don Manuel Parra compañeros de curso y otros más han dado testimonio de palabra y por escrito de las grandes virtudes que adornaron a Manuel:
"Seminarista modelo: muy serio, muy estudioso, muy piadoso y muy observante, muy preocupado por las almas y por los problemas que entonces se agitaban en España".

"Resaltaba por su ejemplar conducta y piedad, su amor al estudio y su formalidad."

"Excelente, cumplidor, santo".

"Tenía un espíritu grande".

"Resaltaba sobre el común de sus compañeros, seminarista afable, que atraía por su gran bondad y sencillez. En él no había engaño. Siempre estaba alegre."

"Resalto tres constantes: su fuerza de voluntad, su valentía y sobre todo su gran confianza en Dios".
Tenemos otros muchos testimonios, que ya se han expresado en otros lugares: son los de sus propios hermanos, vecinos y amigos del pueblo, un escrito de Don Juan Montijano, que tomó "las primeras declaraciones" en aquellos primeros años del 40, cuando dando misiones en el Monte y huésped en casa de Manuel, pudo escucha de viva voz la historia, de parte de padres, hermanos y conocidos.

Durante la Guerra Civil fue hecho preso en la capilla de su pueblo por manifestar públicamente su fe católica. El día de su muerte cuando se dirigía a realizar trabajos como preso sucedió la siguiente escena, descrita por unos niños que la presenciaron desde las cercanías:
Manuel Aranda: Pues yo os digo que no diré ni una palabra contra Dios. Por nada ni por nadie ofenderé su nombre
Milicianos: Blasfemas sí o no
Manuel Aranda: NO Y NO
Milicianos: Pues te matamos
Manuel Aranda: Venga de ahí
"Sentimos tres disparos y los "milicianos" acabaron con su vida".
Fue un seminarista ejemplar, que dio su vida por el Señor Jesús el 8 de Agosto de 1936 en Monte Lópe Alvarez, Diócesis de Jaén, allí donde 20 antes había nacido. Su vida de seminarista, solo 5 años, fue una entrega total a Dios, a su formación y al ideal de ser un santo sacerdote.

Este grupo de mártires está integrado por:

1. MANUEL ARANDA ESPEJO, seminarista de la diócesis de Jaén
nacimiento: 22 Marzo 1916 en Monte Lope Alvarez, Jaén (España)
martirio: 08 Agosto 1936 en Monte Lope Alvarez, Jaén (España)

2. MANUEL BASULTO JIMÉNEZ, Obispo de Jaén
nacimiento: 17 Mayo 1860 en Adanero, Ávila (España)
martirio: 12 Agosto 1936 en Vallecas, Madrid (España)

3. FÉLIX PÉREZ PORTELA, sacerdote de la diócesis de Jaén
nacimiento: 21 Febrero 1895 en Adanero, Ávila (España)
martirio: 12 Agosto 1936 en Vallecas, Madrid (España)

4. FRANCISCO LÓPEZ NAVARRETE, sacerdote de la diócesis de Jaén
nacimiento: 02 Marzo 1892 en Villanueva del Arzobispo, Jaén (España)
martirio: 28 Agosto 1936 en Villanueva del Arzobispo, Jaén (España)

5. JOSÉ MARÍA POYATOS RUIZ, joven laico de la diócesis de Jaén
nacimiento: 20 Octubre 1914 en Vilches, Jaén (España)
martirio: 03 Octubre 1936 en Úbeda, Jaén (España)

6. FRANCISCO SOLÍS PEDRAJAS, sacerdote de la diócesis de Jaén
nacimiento: 09 Julio 1877 en Marmolejo, Jaén (España)
martirio: 03 Abril 1937 en Mancha Real, Jaén (España)

 
Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=59043

08 de agosto - Beato Eladio (Leoncio) López Ramos.

08 de agosto - Beato Eladio (Leoncio) López Ramos.

Sacerdote y Mártir.

Mártir en Madrid el 8 de agosto de 1936. Natural de Laroco (Orense). Nació el 16 de noviembre de 1904. Profesó el 9 de septiembre de 1924. Ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1929, en El Escorial.

Terminados sus estudios fue enviado al Colegio de Madrid, como profesor de niños. Más tarde fue dedicado al sacro ministerio en la iglesia de Cristo Rey, aneja al colegio. En febrero de 1936, ingresó en la Cartuja "Aula Dei" de Zaragoza. Probó la nueva vida, pero la falta de salud le hizo volver a Madrid, rientegrándose de nuevo en la vida ordinaria del ministerio sacerdotal, mostrando un grande amor por el recogimiento y la oración, dejando fama de vida interior y de piedad intensa. Tenía en la misma Congregación otro hermano sacerdote y una hermana religiosa.

Al producirse la revolución en España, en julio de 1936, tuvo que abandonar el colegio y refugiarse en una pensión, no sin antes haber declarado claramente que era un sacerdote y que estaba dispuesto a realizar el sacrificio de su vida, si el Señor se lo pedía. La dueña de la pensión era católica practicante, pero tenía al servicio de la pensión una muchacha de ideas antireligiosas.

Conociendo el carácter sacerdotal del P. Eladio no temía expresar su saña antireligiosa diciendo que a los sacerdotes había que matarlos a todos. Denunció la estancia del P. Eladio en la pensión y su carácter sacerdotal y los milicianos del Ateneo Libertario procedieron a detenerlo. Era el 7 de agosto de 1936. Se presentaron en la pensión preguntando por los sacerdotes que había en ella. Eran tres. Y se los llevaron, pero los dejaron en libertad, de momento, y volvieron por ellos al día siguiente. Cuando fueron a su habitación, confesó llanamente que no tenía documentación y que era sacerdote, que podían hacer con él lo que quisiesen. Esa misma noche fue condenado a muerte y fusilado, apareciendo su cadáver en la mañana del día 8 de agosto de 1936. Fue reconocido por su Superior Provincial, en el Depósito Judicial. Tenía 32 años de edad.

El 3 de julio de 2009 S.S. Benedicto XVI firmó el decreto reconociemdo el martirio de este grupo de mártires lo cual permitirá su próxima beatificación que se realizará, Dios mediante, el 13 de octubre de 2013.

Este grupo de mártires está integrado por:

1. ELADIO LÓPEZ RAMOS (LEONCIO), sacerdote profeso, Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María
nacimiento: 16 Noviembre 1904 en Laroco, Orense (España)
martirio: 08 Agosto 1936 en Madrid (España)

2. TEÓFILO FERNÁNDEZ DE LEGARIA GOÑI (BENJAMÍN), sacerdote profeso, Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María
nacimiento: 05 Julio 1898 en Torralba de Río, Navarra (España)
martirio: 11 Agosto 1936 en El Escorial, Madrid (España)

3. MARIO ROS EZCURRA (LUIS), sacerdote profeso, Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María
nacimiento: 30 Abril 1910 en Lezáun, Navarra (España)
martirio: 15 Agosto 1936 en Madrid (España)

4. GONZALO BARRÓN NANCLARES (FORTUNATO), sacerdote profeso, Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María
nacimiento: 20 Octubre 1899 en Ollauri, Logroño (España)
martirio: 02 Septiembre 1936 en Madrid (España)

5. ISIDRO IÑIGUEZ DE CIRIANO ABECHUCO (JUAN), sacerdote profeso, Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María
nacimiento: 08 Marzo 1901 en Legarda, Álava (España)
martirio: 02 Octubre 1936 en Madrid (España)


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=57723

08 de agosto - Beato Antero Mateo García.

08 de agosto - Beato Antero Mateo García.
 
Laico Mártir.

 Antero Mateo García, nació en Va1devimbre (León), el 4 de marzo de 1875, primogénito de nueve hermanos. Fue bautizado el 6 de marzo con los nombres de Antero Marcelino Lucio y confirmado el 24 de mayo de 1887. Contrajo matrimonio con Manuela Trabadelo Malagón el 27 de enero de 1902 y se estableció por razo­nes de trabajo en Cembranos (León), pero tuvo que emigrar a Barcelona en 1916 y se empleó en los Ferrocarriles del Norte. Junto con su esposa, ingresó en la orden seglar dominicana y fue miembro de la "Adoración Nocturna". En algunas peregrinaciones a Lourdes hizo de camillero para los enfermos y ejercitaba la virtud de la caridad visitando a los necesitados. Padre de ocho hijos, uno de los cuales fue Dominico y una Carmelita Descalza.

En julio de 1936 sometieron su hogar a un registro. El 6 de agosto se desplazó a la estación barcelonesa de Francia para esperar a su esposa y a la hija Carmelita que llegaban de Valencia con otras religiosas más; lo detuvieron, aunque sus familiares lograron la libertad al cabo de unas horas. Recibió orden de incorporarse a su trabajo habitual en la estación de ferrocarril, llamada del Norte, pero el 8 de agosto no regresó ya al hogar. Al anochecer, un grupo de milicianos lo sacó violentamente de la dependencia donde prestaba servicio y lo condujo hacia Sant Andreu de Palomar (Barcelona) y, bajo el puente denominado del "Dragón", fue martirizado, a los 61 años cumplidos.

Beatificado junto con otros 497 mártires más en Roma, la jornada del 28 de octubre del 2007.


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=43058

08 de agosto - Beato Fernando Español Berdié.

08 de agosto - Beato Fernando Español Berdié.

Presbítero y Mártir.

Fernando Español nació el 11 de octubre de 1875 en Anciles, (Huesca) y fue bautizado el día 16. Fueron sus padres José y Constantina. La familia estaba compuesta también por otros cuatro hermanos, dos de los cuales fueron religiosas Adoratrices. Realizó los primeros estudios en su pueblo natal pasando más tarde a cursar el bachillerato en la ciudad de Huesca y, una vez terminada esta etapa, se trasladó a Zaragoza donde se matriculó en la facultad de Derecho. Salió de allí con la carrera de abogado. Sus excelentes calificaciones le auguraban un brillante porvenir, pero pronto cambió su rumbo.
 
Aparcó las leyes cambiándolas por la carrera sacerdotal, que hizo en el seminario de Barbastro. Su formación hizo que quedase dispensado de unas cuantas materias empleando su tiempo en el conocimiento del latín y en la sagrada Teología. Fue ordenado sacerdote el día 1 de junio de 1901. Rechazó varias propuestas para ser professor del Seminario prefiriendo en todo momento ser un sencillo cura de aldea y pastor de almas. Y cuando vivía feliz en su parroquia de un pueblo llamado Grustau, en 1921, recibió una carta de Mons. Cruz Laplana invitándole a que le acompañara, como familiar, a su diócesis de Cuenca. Aceptó la invitación y acompañó a su Obispo en vida y hasta la muerte. Es señal clara y evidente de que se conocían desde hacía algún tiempo. En Cuenca fue nombrado canónigo, maestro de ceremonias y professor del Seminario. Vivió pobremente, y el poco dinero que ganaba lo repartía entre los necesitados de la ciudad.
 
Cuando las cosas se pusieron difíciles para las personas de Iglesia, compartió la prisión con don Cruz Laplana, tanto en el Obispado como en el Seminario. Aunque le dijeron que a él no lo buscaban, no quiso separarse del Obispo. Con él rezaba y celebraba el santo sacrificio de la Misa, se impartían el sacramento de la reconciliación y así se preparaban para pasar a la vida eterna, lo que ocurrió en la noche del 7 al 8 de agosto de 1936 en el kilómetro 5 de la carretera de Villar de Olalla y en el alto de ‘Puente de la Sierra’. Unas balas asesinas dieron fin a su existencia terrena. D. Fernando dio la vida sólo y únicamente por ser sacerdote del Señor, al servicio del pueblo.
 
Sus restos quedaron junto a la cuneta hasta que, levantado el cadáver, fue enterrado juntamente con el del Sr. Obispo, en el cementerio de la ciudad. Tenía 60 años.
 
Beatificado en Roma el 27 de octubre de 2007. Junto con otros 497 mártires más
=
González Rodríguez, Mª E. (Ed), Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España. Editorial EDICE, Madrid 2007, p.140.
 
Tomado de: clerus.org
 

08 de agosto - Beato Cruz Laplana y Laguna.

08 de agosto - Beato Cruz Laplana y Laguna.
 
Obispo y Mártir.

Cruz Laplana Laguna (Casa Alonso de Plan, (Huesca) 3 de mayo de 1875 - cerca de Villar de Olalla (Cuenca) 7 de agosto de 1936) Obispo español que ocupó la catedra de Cuenca (1921-36), fue fusilado al comienzo de la Guerra Civil española.

A la edad de once años escogió la carrera eclesiástica. Estuvo en el Seminario de Barbastro. Cursó tres años de Derecho canónico y uno de Teología en la Universidad Pontificia de Zaragoza. Se ordenó presbítero el 25 de septiembre de 1898.

Desde 1902 a 1912 ejerció la docencia en el Seminario conciliar de Zaragoza. Fue ecónomo de Caspe y luego párroco de San Gil, en la capital metropolitana. El 30 de noviembre de 1921, la Santa Sede le nombró obispo de la diócesis de Cuenca, teniendo lugar la consagración episcopal en la basílica del Pilar el 26 de marzo del año siguiente por el cardenal Juan Soldevilla y Romero tomando posesión de su diócesis.

En su labor episcopal, destacó por una gran piedad y austeridad de vida. Vivía entregado sin descanso a su labor evangelizadora y sacerdotal. Se adelantó, en cierto modo, a su tiempo por su preocupación social, prestando todo su apoyo a las iniciativas a favor de los más pobres y necesitados.

Tras el fracasado golpe de estado, Cuenca fue fiel al gobierno republicano por obra del teniente coronel Francisco García de Ángela. Pocos días después con la llegada de milicianos anarquistas mandados por Cipriano Mera, empiezan a producirse desmanes. En la tarde del 20 de julio hizo explosión una bomba en la puerta del palacio episcopal. El 28 de julio el obispo es obligado a dejar su residencia en compañía de su mayordomo Manuel Laplana y de su familiar Fernando Español. Bajo custodia de milicianos es conducido al Seminario convertido en cárcel. Fue fusilado el 7 de agosto de 1936. 


Acusaciones de actividad política
Según algunas acusaciones, tras la caída de la monarquía el 14-4-1931, habría tenido una participación activa en política, declarándose abiertamente no partidario del nuevo régimen republicano. Según estos acusadores, dicha campaña se habría llevado a cabo mediante la fundación de grupos de Acción Católica, organización que, como rezan sus estatutos, es radicalmente apolítica. En realidad, lo que buscaba el obispo era formar seglares consecuentes que actuaran conforme al Evangelio en la labor por los más necesitados, en la configuración cristiana de la sociedad y, como no, también en la acción más directamente política, pero sin inclinar a la militancia en uno u otro partido concreto.

También se presenta como prueba de esa supuesta actividad polítca una frase sacada de contexto de la biografía del obispo escrita por Sebastián Cirac, en la que se dice que en las elecciones de febrero de 1936 apoyó la candidatura de José Antonio Primo de Rivera: “por voluntad expresa del señor obispo fue presentado don José Antonio Primo de Rivera en la candidatura de las derechas”. Sin embargo, el mismo Sebastián Cirac, declarando bajo juramento en el proceso de beatificación, afirma de D. Cruz que “nunca en su vida intervino en política o tuvo aficiones por los partidos o caciques políticos. Su ejemplo, su preocupación y hasta su intervención, aconsejando, estuvo exclusivamente promovido por las necesidades de salvar a la Iglesia y a las almas”.

Contra estas acusaciones pesa el nada sospechoso testimonio del alcalde socialista de Cuenca en 1936, D. Antonio Torrero González: D. Cruz Laplana, como tal D. Cruz Laplana, no había nada contra él, como contra el otro señor (D. Fernando Español); el meterse con ellos fue por ser Obispo, por ser Sacerdote. Yo, desde luego, puedo resaltar que el Sr. Obispo, en política, huía de toda ella. La impresión en que se le tenía en Cuenca era que era buena persona, y no se le tenía odio alguno.

El mismo primer edil, que estuvo presente en el saqueo del palacio episcopal, testimonia que “en el Palacio (episcopal) no se encontró absolutamente nada, ni de cartas, ni de periódicos, ni de armas, nada que pudiera ser comprometedor para el Sr. Obispo”. “Mi opinión sobre la muerte de los dos (Beatos Cruz Laplana y Fernando Español) es que murieron como santos”.

Beatificación por la Iglesia Católica
Fue beatificado por la Iglesia Católica junto con otros 497 mártires, la jornada del 28 de octubre del 2007, circunstancia que ha dado lugar a juicios contrapuestos: para algunos, ha sido motivo de crítica contra la jerarquía católica.; la opinión católica, en cambio, ve este evento como fuente de paz y reconciliación.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_Laplana_y_Laguna

08 de agosto - Beato Juan Felton.

08 de agosto - Beato Juan Felton.

Mártir Laico.

Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, beato Juan Felton, mártir, que fijó en público la sentencia de excomunión lanzada por el papa san Pío V contra la reina Isabel I y, por este motivo, fue despedazado cruelmente junto a la iglesia de San Pablo, mientras invocaba el nombre del Salvador, consumando así gloriosamente su martirio (1570).

El santoral encierra sus sorpresas. Muchas veces tenemos la idea de que es sólo un monótono e interminable desfile de religiosos y religiosas que se santificaron entre las cuatro paredes de su convento. Pero de vez en cuando nos encontramos con que figuran en los altares, expuestos a la veneración de los fieles, quienes, mientras estuvieron en la tierra, participaron de nuestro mismo género de vida y como nosotros contrajeron un día matrimonio y vieron alegrado su hogar con la sonrisa de un nuevo ser.

Así, por ejemplo, nos ocurre en este día 8 de agosto. El Beato Juan Felton es un ejemplar de santidad seglar, de hombre que en medio del mundo, sin apartarse de él, cultiva las virtudes domésticas, crea un hogar cristiano y sabe luchar con viril entereza por la fe católica que profesa.

Juan Felton pertenecía a la nobleza inglesa, era gentilhombre de una vieja familia de Norfolk, en la costa sudeste de Inglaterra, pero vivía en Southwark, cerca del monasterio cluniacense de Bermondsey. Cuando llegó la hora de formar un nuevo hogar, Juan puso sus miradas en una mujer también noble, unida con personal amistad a la reina Isabel de Inglaterra. Lejos estaban los dos novios, cuando contrajeron matrimonio, de pensar que poco tiempo después Juan habría de ser cruelmente inmolado a causa de aquella reina que tanta simpatía demostraba por la joven esposa.

La vida del matrimonio se desarrollaba plácida. Ambos, íntimamente compenetrados, vivían la paz de su hogar, cultivando las virtudes cristianas. Dios les bendijo enviándoles un niño, a quien pusieron el nombre de Tomás, y que un día habría de imitar, soportando también el martirio, a los veinte años de edad, el precioso ejemplo que le había dado su padre.

Pero... llega el año 1570 y la angustia que con algunas alternativas habían venido sintiendo los católicos ingleses desde la triste separación que Enrique VIII impuso a Inglaterra respecto a la Iglesia, llegó a su colmo. Contra los consejos de moderación que, pese a la leyenda, consta históricamente que Felipe II dio insistentemente, el enérgico papa San Pío V se decidió a dar el paso definitivo: por la bula Regnans in excelsis, promulgada el 25 de febrero de 1570, lanzaba la excomunión "contra Isabel, pretendida reina de Inglaterra, y contra sus partidarios". El problema de la fidelidad a su reina y de la fidelidad, al mismo tiempo, a la Iglesia quedaba en rojo vivo para todos los católicos ingleses.

La historia nos da a conocer el furor de la reina al saber esta decisión del Papa. Preludiando lo que tantas veces habría de intentarse, en las más diversas épocas y en los más diferentes países, la reina intenta por todos los medios impedir que la bula sea conocida.

Se produce entonces un gesto de audacia. El 25 de mayo de aquel año alguien, antes de que amanezca, se atreve a clavar la bula en la puerta del obispo de Londres. El audaz católico que tal gesto de valentía tuvo se llamaba Juan Felton.

No estaba solo. Le había ayudado en su empresa un tal Lorenzo Webb, doctor en ambos Derechos. Pero Webb supo desaparecer a tiempo. En cambio, a Felton le esperaba el tremendo castigo por su atrevimiento.

En efecto, los policías dirigieron sus pasos hacia la casa de un hombre de leyes, bien conocido como católico, que habitaba en Lincoln´s Inn, un barrio del Londres de entonces. Un registro a fondo les permitió encontrar una copia de la bula. Puesto en interrogatorio el dueño de la casa, consiguen arrancarle el nombre de quien se la proporciono: Juan Felton. Rápidamente vuelan a su casa de Bermondsey y le detienen.

Desde el primer momento se intentó dar al asunto un giro político. Querían a toda costa que Juan confesara que había actuado bajo la influencia política de España, pues bien sabido es que el protestantismo inglés tuvo en su nacimiento una verdadera obsesión antiespañola. Por tres veces fue interrogado, y por tres veces contestó Juan con heroica firmeza que en manera alguna había actuado por otro móvil que no fuera el estrictamente religioso.

Por fin, el 8 de agosto fue entregado al verdugo. Mientras caminaba hacia el lugar de la ejecución, iba recitando los salmos penitenciales. Pronto dieron vista al patíbulo, que había sido levantado precisamente en la misma puerta en la que él había puesto la bula el 25 de mayo. El mártir no pudo contener un estremecimiento al contemplar el patíbulo, pero inmediatamente se rehizo y declaró rotundamente:

—Sí, he sido yo quien puso ahí la carta del Papa contra la pretendida reina. Y ahora estoy dispuesto a morir por la fe católica.

Tuvo un gesto verdaderamente magnífico. Frente al empeño que tenían sus verdugos de hacer de aquel asunto algo puramente político, él quiso separar rotundamente los dos aspectos: moría por la fe católica, y nada tenía contra la reina, fuera de su actitud religiosa. Por eso, con gesto elegante, de auténtico noble, se quitó de su dedo un anillo y rogó que se lo llevaran a la reina como un regalo suyo, personal.

Hecho esto, se arrodilló y rezó el Miserere, encomendando su alma a Dios. Después quedó a disposición del verdugo.

Conocida es la inaudita crueldad que Inglaterra usó con los católicos. A Juan Felton le correspondió el ser descuartizado. Entonces se produjo algo que hemos oído muchas veces en labios de los santos como si fuera una amplificación poética, pero que en este caso tuvo una realidad, testificada por quienes presenciaron el tormento. A medida que le iban descuartizando, Juan continuaba su oración. Y en el momento en que le arrancaban el corazón se le oyó invocar el nombre de Jesús.

Había muerto Juan cual corresponde a un modelo y espejo de hombre católico; ejercitando de una parte la virtud de la fortaleza, no sólo en su valentía al atreverse a dar publicidad de aquella manera a la bula de San Pío V, sino también en la serenidad y valor sobrehumano demostrado en su atroz martirio. Y ejercitando también otra virtud auténticamente viril: la grandeza de ánimo, con la que fue capaz de enviar un obsequio, desde el patíbulo, a la misma reina que le condenaba.

Quedaban en la tierra su viuda y su hijo. Como hemos dicho, Tomás, que al morir su padre contaba dos años, murió dieciocho años después también mártir por su fidelidad a la Santa Sede.

El Beato Juan Felton fue objeto de culto y, por fin, beatificado "equivalentemente", es decir, confirmado su antiguo culto por el papa León XIII en 1886.


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=43048

08 de agosto - Beatas María del Niño Jesús Baldillou y compañeras.

08 de agosto - Beatas María del Niño Jesús Baldillou y compañeras.

Mártires Escolapias.

Martirologio Romano: En Valencia, España, beatas María del Niño Jesús Baldillou y Bullit y sus compañeras, vírgenes del Instituto de las Hijas de María de las Escuelas Pías y mártires, que, en la persecución contra la fe, salieron gloriosamente al encuentro de Cristo, su Esposo, martirizadas por la violencia de los enemigos de la Iglesia (1936).

María del Niño Jesús Baldillou y Bullit
Nació en Balaguer (Lérida), el 6 de febrero de 1905. Allí transcurrió su infancia y juventud. En 1924 ingresó en el noviciado escolapio de Masnou (Barcelona), donde profesó el 18 de abril de 1927 a los 22 años de edad. Ya en el noviciado dio muestras de una virtud poco común y de una obediencia esmeradísima. Destinada al colegio de Valencia, en esta casa permaneció hasta su muerte, ocupada en los oficios domésticos. Tanto para la comunidad como para las niñas fue modelo de vida totalmente entregada al Señor, en la sencillez y alegría de la cotidiana educación. Joven a los 31 años, el 8 de agosto de 1936, el Señor la encontró preparada para su encuentro con Él, en las playas del Saler (Valencia)

Presentación de la Sagrada Familia (Pascalina) Gallén y Martí
Era natural de Morella (Castellón). Nació el 20 de noviembre de 1872, en un hogar profundamente cristiano. Dios lo bendijo con cuatro hijas y las cuatro fueron religiosas: una Hija de la Caridad y tres Escolapias. Junto con su hermana Josefa, hicieron el noviciado en San Martín de Provensals (Barcelona), y allí profesaron el 30 de Agosto de 1892. Tras siete años en el colegio de Olesa de Montserrat fue destinada al colegio de Valencia; en este colegio estuvo el resto de su vida, sembrando la Buena Nueva del Reino entre las niñas confiadas a su apostolado. Fue un modelo constante para sus hermanas de comunidad: sencilla y modesta, humilde y servicial. Y como recompensa, a los 64 años, Dios la invitó al supremo sacrificio de amor, el 8 de agosto de 1936.

María Luisa de Jesús Girón y Romera
Nació en Bujalance, (Córdoba) el 25 de agosto de 1887. Fue alumna del colegio de Bujalance. Ingresó en el noviciado de Carabanchel (Madrid), en el 1916, y profesó el 31 de marzo de 1918. La mayor parte de su vida escolapia la pasó en Cuba. De 1934 a 1936, entre las niñas valencianas, derrochando simpatía con su característico gracejo andaluz. Siempre se la vio alegre y jovial, con la sonrisa en los labios y una serenidad que admiraba a sus hermanas. En varias ocasiones comentó que no le importaría morir mártir. Y el Señor escuchó sus deseos a sus 49 años de edad y 18 de profesión religiosa, un caluroso 8 de agosto de 1936, en las playas valencianas del Saler.

Carmen de San Felipe Neri (Nazaria) Gómez y Lezaun
Natural de Eulz (Navarra), nació el 27 de julio de 1969. Sintió la llamada del Señor e ingresó en el noviciado de Carabanchel (Madrid), donde profesó el 8 de septiembre de 1895. Ese mismo día destinada al colegio de Valencia. Encargada de la portería durante 41 años, vivía intensamente la vida escolapia y sabía hermanar el trabajo y la oración. Afable y sonriente, supo transformar aquella portería bulliciosa, por el constante ir y venir de las alumnas y sus familiares, en una Betania, donde se recreaba el Señor, que le acompañaba siempre. Su vida fue unja preparación continua, y ante la llamada apremiante del Señor, el 8 de agosto de 1936, supo responder con heroísmo, a los 67 años de edad, junto a sus otras cuatro hermanas escolapias.

Clemencia de San Juan Bautista (Antonia) Riba y Mestres
Nació en Igualada (Barcelona), el 8 de octubre de 1893. Alumna del colegio igualadino escolapio se distinguió por su aplicación y simpatía natural. Sintió pronto el deseo de abrazar la vida religiosa, pero no pudo realizar sus deseos hasta el 31 de mayo de 1919, fecha de su profesión religiosa. Después de una breve estancia en el juniorato de Zaragoza, fue destinada al colegio de Valencia. Las hermanas que convivieron con ella aseguraban que todas la querían: las superioras hallaban en ella un descanso y consuelo, las hermanas un corazón amplio, siempre dispuesto a hacer el bien; y las alumnas una madre. En la playa del Saler trocó la vida terrena por el cielo, cuando contaba 41 años de edad.

M. María Baldillou, M. Presentación Gallén, M. Mª Luisa Girón, M. Carmen Gómez, y M. Clemencia Riba formaban parte de la comunidad escolapias de Valencia. Dada la situación persecutoria y antirreligiosa en la ciudad, el 19 de julio de 1936, buscaron refugio en un piso de la calle de San Vicente, cerca del colegio. Allí pasaron días calamitosos. El 8 de agosto de 1936, a las cinco de la mañana, fue asaltada la vivienda por unos milicianos. Habían sido denunciadas y debían declarar en el Gobierno Civil. Un coche las esperaba a la puerta. Peor no fueron llevadas al Gobierno Civil, sino a la playa del Saler, donde al amanecer de ese mismo día, sellaron con su sangre su vida de fidelidad al Señor, y en la ciudad del Turia recibieron la palma del martirio.

Seducidas por Cristo - Maestro vivieron entregadas a la educación, bajo el lema calasancio "Piedad y Letras". Fueron vidas sencillas, ejemplares, empapadas de bienaventuranzas y sonrisas, que sembraron entre las niñas y jóvenes los frutos de su madurez y de sus experiencias pedagógicas, hasta derramar su sangre por amor. Mujeres fieles y prudentes, humildes y fuertes como buenas hijas de Santa Paula Montal, vivían con sencillez y amor, entregadas totalmente a la educación de las niñas y jóvenes, a la promoción de la mujer, sin intervenir, ni mezclarse para nada en la política, agitada y hostil a la iglesia.

Porque eran discípulas de Cristo, derramaron su sangre, con serenidad y paz, glorificando a Dios con la profesión de su fe y perdonando a los que las injuriaban y asesinaban. Estas Mártires Escolapias, ofreciéndose en holocausto al Señor, son el testimonio más elocuente de su amor a Cristo y un estímulo real para la Escuela Pía y para la iglesia en general, en su vida de seguimiento de Jesús.

Fueron solemnemente Beatificadas, el 11 de marzo de 2001, por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro como parte de un total de 233 mártires por su fe.


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=43047

08 de agosto - Santa Bonifacia Rodríguez Castro.

08 de agosto - Santa Bonifacia Rodríguez Castro. 

Virgen y Fundadora.

Martirologio Romano: En la ciudad de Zamora, en España, Santa Bonifacia Rodríguez Castro, virgen, que fundó la Congregación de las Siervas de San José, para promover cristiana y socialmente a la mujer mediante la oración y el trabajo, según el ejemplo de la Sagrada Familia (1905).

Fecha de canonización: 23 de octubre de 2011 por el Papa Benedicto XVI
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Bonifacia Rodríguez Castro es una sencilla trabajadora que, en medio de lo cotidiano, se abre al don de Dios, dejándolo crecer en su corazón con actitudes auténticamente evangélicas. Fiel a la llamada de Dios, se abandona en sus brazos de Padre, dejándole imprimir en ella los rasgos de Jesús, el trabajador de Nazaret, que vive oculto en compañía de sus padres la mayor parte de su vida.

Nace en Salamanca (España) el 6 de junio de 1837 en el seno de una familia artesana. Sus padres, Juan y María Natalia, eran profundamente cristianos, siendo su principal preocupación la educación en la fe de sus seis hijos, de los cuales Bonifacia era la mayor. Su primera escuela es el hogar de sus padres, donde Juan, sastre, tenía instalado su taller de costura, por lo que Bonifacia lo primero que ve al nacer es un taller.

Terminados los estudios primarios, aprende el oficio de cordonera, con el que comienza a ganarse la vida por cuenta ajena a los quince años, a la muerte de su padre, para ayudar a su madre a sacar adelante la familia. La necesidad de trabajar para vivir configura desde muy pronto su recia personalidad, experimentando en carne propia las duras condiciones de la mujer trabajadora de la época: horario agotador y exiguo jornal.

Pasadas las primeras estrecheces económicas, monta su propio taller de “cordonería, pasamanería y demás labores”, en el que trabaja con el mayor recogimiento posible e imita la vida oculta de la Familia de Nazaret. Tenía gran devoción a María Inmaculada y a san José, devociones de suma actualidad después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción en 1854 y de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal en 1870.

A partir de 1865, fecha del matrimonio de Agustina, única de sus hermanos que alcanza la edad adulta, Bonifacia y su madre, que se habían quedado solas, se entregan a una vida de intensa piedad, acudiendo todos los días a la cercana Clerecía, iglesia regentada por la Compañía de Jesús.

Un grupo de chicas de Salamanca, amigas suyas, atraídas por su testimonio de vida, comienzan a acudir a su casa-taller los domingos y festivos por la tarde para verse libres de las peligrosas diversiones de la época. Buscaban en Bonifacia una amiga que las ayudara. Juntas deciden formar la Asociación de la Inmaculada y san José, llamada después Asociación Josefina. Adquiere así el taller de Bonifacia una clara proyección apostólica y social de prevención de la mujer trabajadora.

Bonifacia se siente llamada a la vida religiosa. Su gran devoción a María hace que su corazón vaya acariciando el proyecto de hacerse dominica en el convento salmantino de Santa María de Dueñas.

Pero un acontecimiento de trascendental importancia va a cambiar el rumbo de su vida: el encuentro con el jesuita catalán Francisco Javier Butinyà i Hospital, natural de Bañolas-Girona (1834-1899), que llega a Salamanca en octubre de 1870 con una gran inquietud apostólica hacia el mundo de los trabajadores manuales. Para ellos estaba escribiendo “La luz del menestral, o sea, colección de vidas de fieles esclarecidos que se santificaron en profesiones humildes”. Atraída por su mensaje evangelizador en torno a la santificación del trabajo, Bonifacia se pone bajo su dirección espiritual. A través de ella Butinyà entra en contacto con las chicas que frecuentaban su taller, la mayor parte también trabajadoras manuales. Y el Espíritu Santo le sugiere la fundación de una nueva congregación femenina, orientada a la prevención de la mujer trabajadora, valiéndose de aquellas mujeres trabajadoras.

Bonifacia le confía su decisión de hacerse dominica, pero Butinyà le propone fundar con él la Congregación de Siervas de san José, a lo que Bonifacia accede con docilidad. Juntamente con otras seis chicas de la Asociación Josefina, entre ellas su madre, da inicio en Salamanca, en su proprio taller, a la vida de comunidad el 10 de enero de 1874, momento muy conflictivo en la vida política del país.

Tres días antes, el 7 de enero, el obispo de Salamanca, D. Joaquin Lluch i Garriga, había firmado el Decreto de Erección del Instituto. Catalán como Butinyà, natural de Manresa-Barcelona (1816‑1882), desde el primer momento había secundado con el mayor entusiasmo la nueva fundación.

Se trataba de un novedoso proyecto de vida religiosa femenina, inserta en el mundo del trabajo a la luz de la contemplación de la Sagrada Familia, recreando en las casas de la Congregación el Taller de Nazaret. En este taller las Siervas de san José ofrecían trabajo a las mujeres pobres que carecían de él, evitando así los peligros que en aquella época suponía para ellas salir a trabajar fuera de casa.

Era una forma de vida religiosa demasiado arriesgada para no tener oposición. En seguida es combatida por el clero diocesano de Salamanca, que no capta la hondura evangélica de esta forma de vida tan cercana al mundo del trabajo.

A los tres meses de la fundación Francisco Butinyà es desterrado de España con sus compañeros jesuitas y en enero de 1875 el obispo Lluch i Garriga es trasladado como obispo a Barcelona. Bonifacia se ve sola al frente del Instituto a tan sólo un año de su nacimiento.

Los nuevos directores de la comunidad, nombrados por el obispo entre los sacerdotes seculares, siembran imprudentemente la desunión entres las hermanas, algunas de las cuales, apoyadas por ellos, comienzan a oponerse al taller como forma de vida y a la acogida de la mujer trabajadora en él. Bonifacia Rodríguez, fundadora, que encarnaba con perfección el proyecto que había dado origen a las Siervas de san José, no consiente cambios en el carisma definido por el P. Butinyà en las Constituciones.

Pero el director de la Congregación, aprovechando un viaje de Bonifacia a Girona en 1882, efectuado para establecer la unión con otras casas de Siervas de san José que Francisco Butinyà había fundado en Cataluña a su vuelta del destierro, promueve su destitución como superiora y orientadora del Instituto.

Humillaciones, rechazo, desprecios y calumnias recaen sobre ella para hacerla salir de Salamanca. La única respuesta de Bonifacia es el silencio, la humildad y el perdón. Sin una palabra de reivindicación o protesta, deja que se impriman en ella los rasgos de Jesús, silencioso ante quienes lo acusaban (Mt 26, 59-63).

Como solución al conflicto, Bonifacia propone al obispo de Salamanca, D. Narciso Martínez Izquierdo, la fundación de una nueva comunidad en Zamora. Aceptada jurídicamente por él y por el obispo de Zamora, D. Tomás Belestá y Cambeses, Bonifacia sale acompañada de su madre camino de esta ciudad el 25 de julio de 1883, llevando en su corazón el Taller de Nazaret, su tesoro. Y en Zamora le da vida con toda fidelidad, mientras en Salamanca comienzan las rectificaciones a un proyecto incomprendido.

Bonifacia, cordonera, en su taller de Zamora, codo a codo con otras mujeres trabajadoras, niñas, jóvenes y adultas,

— teje la dignidad de la mujer pobre sin trabajo, “preservándola del peligro de perderse” (Decreto de Erección del Instituto. 7 de enero de 1874),

— teje la santificación del trabajo hermanándolo con la oración al estilo de Nazaret: “así la oración no os será estorbo para el trabajo ni el trabajo os quitará el recogimiento de la oración” (Francisco Butinyà, carta desde Poyanne, 4 de junio de 1874),

— teje relaciones humanas de igualdad, fraternidad y respeto en el trabajo: “debemos ser todas para todas, siguiendo a Jesús” (Bonifacia Rodríguez, primer discurso, Salamanca, 1876).

La casa madre de Salamanca se desentiende totalmente de Bonifacia y de la fundación de Zamora, dejándola sola y marginada, y, bajo la guía de los superiores eclesiásticos, lleva a cabo modificaciones en las Constituciones de Butinyà para cambiar los fines del Instituto.

El 1 de julio de 1901 León XIII concede la aprobación pontificia a las Siervas de san José, solicitada por la casa madre, quedando excluida la casa de Zamora. Es el momento cumbre de la humillación y despojo de Bonifacia, lo es también de su grandeza de corazón. No recibiendo contestación del obispo de Salamanca, D. Tomás Cámara y Castro, llevada por su fuerza de comunión, se pone en camino hacia Salamanca para hablar personalmente con aquellas hermanas. Pero al llegar a la Casa de santa Teresa le dicen: “tenemos órdenes de no recibirla”, y se vuelve a Zamora con el corazón partido de dolor. Sólo se desahoga mansamente con estas palabras: “No volveré a la tierra que me vio nacer ni a esta querida Casa de santa Teresa”. Y de nuevo el silencio sella sus labios, de modo que la comunidad de Zamora sólo después de su muerte se entera de lo ocurrido.

Ni siquiera este nuevo rechazo la separa de sus hijas de Salamanca y, llena de confianza en Dios, comienza a decir a las hermanas de Zamora: “cuando yo muera”, segura de que la unión se realizaría cuando ella faltase. Con esta esperanza, rodeada del cariño de su comunidad y de la gente de Zamora que la veneraban como a una santa, fallece en esta ciudad el 8 de agosto de 1905.

El 23 de enero de 1907 la casa de Zamora se incorpora al resto de la Congregación.

Cuando su vida se apaga, escondida y fecunda como grano de trigo echado en el surco, Bonifacia Rodríguez deja como herencia a toda la Iglesia:

— el testimonio de su fiel seguimiento de Jesús en el misterio de su vida oculta en Nazaret,

— una vida trasparentemente evangélica,

— y un camino de espiritualidad, centrado en la santificación del trabajo hermanado con la oración en la sencillez de la vida cotidiana.

Fue beatificada por S.S. Juan Pablo II el 9 de noviembre de 2003.

Reproducido con autorización de Vatican.va

Una intercesión milagrosa para su canonización:
El milagro que impulsa la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro es la inexplicable curación del congoleño Kasongo Bavon. Este joven llegó a un hospital de las Siervas de San José en la región de Katanga afectado de peritonitis tífica con perforación intestinal con posterior peritonitis plástica y fístula enterocutánea, una enfermedad que lo mantenía al borde de la muerte. El enfermo fue operado y, contra toda esperanza, se curó de forma «rapidísima, perfecta y duradera», según el informe de la causa de canonización. Para los médicos que han estudiado el caso, la sanación de Kasongo Bavon no puede explicarse con la ciencia. Las religiosas del hospital, el médico que le operó y todo el personal sanitario del centro afirman que pidieron la intercesión de la Madre Bonifacia para conseguir su curación. Bavon, que hoy tiene 41 años, goza de una excelente salud. 


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=38248

08 de agosto - Beata María Margarita del Sagrado Corazón (María Ana Rosa Caiani).

08 de agosto - Beata María Margarita del Sagrado Corazón (María Ana Rosa Caiani).

Fundadora.

Martirologio Romano: En Poggio a Caiano, en la Toscana, beata Margarita María (María Ana Rosa) Caiani, virgen, que fundó el Instituto de las Hermanas Mínimas Franciscanas del Sagrado Corazón, para la formación de la juventud y para la ayuda a los enfermos (1921).

María Margarita Caiani (en el siglo, María Ana Rosa) nació en Poggio Caiano, diócesis de Pistoya (Italia), el 2 de noviembre de 1863.

Desde la infancia mostró una inclinación especial a la oración y a la práctica de la caridad. En 1893 entró con una amiga en el monasterio de las benedictinas de Pistoya, pero salió para atender a un enfermo grave, que rechazaba los sacramentos.

Se dedicó a la educación e instrucción de los niños. Abrió una escuela, donde con una amiga enseñaba a los muchachos y muchachas los primeros rudimentos del saber y la doctrina cristiana.

El 6 de noviembre de 1896 María Ana Rosa y dos jóvenes más dejaron sus casas para vivir en comunidad y dedicarse a la santificación propia, atender a la catequesis, al apostolado y a la enseñanza en la escuela, asistir a los enfermos y a los moribundos.

En 1901 escribió las primeras constituciones. En 1902 vistieron el hábito religioso y María Ana Rosa tomó el nombre de sor María Margarita del Sagrado Corazón.

En 1905 hicieron la profesión religiosa las seis primeras hermanas; María Margarita llamó a la pequeña familia Religiosas Mínimas del Sagrado Corazón. Pocos meses antes de morir la fundadora, la congregación fue agregada a la Orden Franciscana.

Falleció el 8 de agosto de 1921. El instituto contaba ya con más de doscientas religiosas distribuidas en 21 casas.

La beatificó Juan Pablo II el 23 de abril de 1989.

08 de agosto - Santa Maria de la Cruz (María Elena MacKillop).

08 de agosto - Santa Maria de la Cruz (María Elena MacKillop).

Fundadora.

Martirologio Romano: En Sydney, en Australia, Santa María de la Cruz (María Elena) Mac- Killop, virgen, que fundó la Congregación de las Hermanas de San José y del Sagrado Corazón, y la dirigió entre múltiples fatigas y vejaciones. († 1909)

Fecha de canonización: 17 de octubre de 2010, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.


María Helena MacKillop nació en Fizroy, Melbourne (Australia), el 15 de enero de 1842.

Fue bautizada seis semanas después. Su padre, Alejandro, había estudiado en Roma para el sacerdocio pero, a la edad de 29, justamente antes de la ordenación dejó los estudios y decidió emigrar a Australia. Llegó a Sydney en 1838. Su madre, Flora MacDonald, dejó Escocia y llegó a Melbourne en 1840.

Ellos se casaron en Melbourne el 14 de julio de y durante su matrimonio tuvieron ocho hijos: María Helena (1842-1909), Margaret (Maggie) 1843-1872, John 1845-1867, Annie 1848-1929, Lexie (Alexandrina) 1850-1882, Donald 1853-1925, Alick que murió con tan sólo 11 meses de edad y Peter 1857-1878.

Donald se haría sacerdote Jesuíta y trabajaría entre los aborigenes en el territorio norteño, y Lexie se hizo monja.

María, la mayor de los niños, fue educada por su padre y en escuelas privadas. Ella recibió su Primera Comunión el 15 de agosto de 1850 con tan sólo 9 años. En febrero de 1851 Alejandro MacKillop hipotecó su granja y sus herramientas de trabajo y sustento para realizar un viaje a Escocia, mismo que duró unos 17 meses. A lo largo de su vida él fue un padre y marido amoroso, pero lo suyo no era el campo por lo que nunca fue capaz de hacer progesar su granja. Durante muchas oportunidades la familia debió sobrevivir con los pequeños ingreos que los niños podían conseguir.

María empezó a trabajar a la edad de catorce años como empleada en Melbourne y después como maestra en Portland. Para mantener a su necesitada familia aceptó un trabajo como institutriz en 1860 en Penola al sur de Australia. Su trabajo consistía en cuidar y edudar a los niños. Siempre que le era posible estaba dispuesta en ayudar a los pobres, y comenzó a cuidar a los niños de las otras granjas del estado de Cameron. Esto le hizo entrar en contacto con el Padre Julián Tenison Woods, quien era el párroco del territorio Sur Este desde su ordenación sacerdotal en 1857.

Woods siempre había estado muy preocupado por la falta de educación y, particularmente, la poca formación católica en el sur de Australia. Cuando él inició con su escuela fue elejido Director de Educación, y pronto se volvió, junto con María, en el fundador de las Hermanas de San José que enseñarían en sus escuelas.

María se quedó durante dos en Penola antes de aceptar un trabajo para enseñar a los niños en Portland, Victoria. Luego habrío su propio internado, Bayview House, y pudo reunirse con el resto de su familia.

Mientras ella enseñaba en Portland, el Padre Woods, invitó a María y a sus hermanas Annie y Lexie, a ir a Penola para abrir una escuela católica allí. Esa escuela fue inaugurada en 1866 en un establo, mismo que fue adecuado por los hermanos de María, y donde luego las MacKillops comenzaron a educar a más de cincuenta niños.

En 1867 María se convirtió en la primera Hermana, y madre superiora, de la Orden de las Hermanas de San José recientemente creada, y se mudó al convento en Grote Street Adelaide.

Dedicada a la educación de los niños del pobres, fue la primer orden religiosa en ser fundada por australianos. Las reglas escritas a por el Padre Woods y María para las Hermanas vivir hacían énfasis en la pobreza, una dependencia total a la Divina Providencia, no podrían tener propiedades personales confiando siempre en que Dios proporcionaría lo necesario, y las Hermanas irían dondequiera que les necesitaran. Las reglas fueron aceptadas por el Obispo Sheil. A finales de 1867 otras diez Hermanas se habían unido a la Orden.

La Madre María MacKillop murió el 8 de agosto de 1909 y fue enterrada en el Cementerio Gore Hill. Después de su entierro las personas comenzaron a tomar tierra de los alrededores de su tumba, por lo que sus restos fueron exhumados y se transferidos, el 27 de enero de 1914, a una bóveda próxima al altar de la Madre de Dios en la nueva Capilla en Mount Street Sydney. La bóveda fue un regalo de Joanna Barr Smith una presbiteriana amiga de toda la vida y admiradora de la obra de la santa.

Después de su muerte, las Hermanas de San José continuaron con el programa de educación y en 1911 se abrió una nueva escuela en Terowie.

Casi cien años después de la muerte de María MacKillop, las Hermanas todavía están trabajando en muchos pueblos en el Sur de Australia, incluyendo Aldgate en Adelaide Hills.

María fue Beatificada por el Papa Juan Pablo II el 19 de enero de 1995.


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=9796

08 de agosto - Santo Domingo de Guzmán.

08 de agosto - Santo Domingo de Guzmán.


Fundador de los Dominicos.

Domingo significa: "Consagrado al Señor".

El fundador de los Padres Dominicos, que son ahora 6,800 en 680 casas en el mundo, nació en Caleruega, España, en 1171. Su madre, Juana de Aza, era una mujer admirable en virtudes y ha sido declarada Beata. Lo educó en la más estricta formación religiosa.

A los 14 años se fue a vivir con un tío sacerdote en Palencia en cuya casa trabajaba y estudiaba. La gente decía que en edad era un jovencito pero que en seriedad parecía un anciano. Su goce especial era leer libros religiosos, y hacer caridad a los pobres.

Por aquel tiempo vino por la región una gran hambre y las gentes suplicaban alguna ayuda para sobrevivir. Domingo repartió en su casa todo lo que tenía y hasta el mobiliario. Luego, cuando ya no le quedaba nada más con qué ayudar a los hambrientos, vendió lo que más amaba y apreciaba, sus libros (que en ese tiempo eran copiados a mano y costosísimos y muy difíciles de conseguir) y con el precio de la venta ayudó a los menesterosos. A quienes lo criticaban por este desprendimiento, les decía: "No puede ser que Cristo sufra hambre en los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual podía socorrerlos".

En un viaje que hizo, acompañando a su obispo por el sur de Francia, se dio cuenta de que los herejes habían invadido regiones enteras y estaban haciendo un gran mal a las almas. Y el método que los misioneros católicos estaban empleando era totalmente inadecuado. Los predicadores llegaban en carruajes elegantes, con ayudantes y secretarios, y se hospedaban en los mejores hoteles, y su vida no era ciertamente un modelo de la mejor santidad. Y así de esa manera las conversiones de herejes que conseguían, eran mínimas. Domingo se propuso un modo de misionar totalmente diferente.

Vio que a las gentes les impresionaba que el misionero fuera pobre como el pueblo. Que viviera una vida de verdadero buen ejemplo en todo. Y que se dedicara con todas sus energías a enseñarles la verdadera religión. Se consiguió un grupo de compañeros y con una vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron a evangelizar con grandes éxitos apostólicos.

Sus armas para convertir eran la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas dedicadas a instruir a los ignorantes en religión. Cuando algunos católicos trataron de acabar con los herejes por medio de las armas, o de atemorizarlos para que se convirtieran, les dijo: "Es inútil tratar de convertir a la gente con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores por que nos ven muy elegantemente vestidos. En cambio con la humildad sí se ganan los corazones".

Domingo llevaba ya diez años predicando al sur de Francia y convirtiendo herejes y enfervorizando católicos, y a su alrededor había reunido un grupo de predicadores que él mismo había ido organizando e instruyendo de la mejor manera posible. Entonces pensó en formar con ellos una comunidad de religiosos, y acompañado de su obispo consultó al Sumo Pontífice Inocencio III.

Al principio el Pontífice estaba dudoso de si conceder o no el permiso para fundar la nueva comunidad religiosa. Pero dicen que en un sueño vio que el edificio de la Iglesia estaba ladeándose y con peligro de venirse abajo y que llegaban dos hombres, Santo Domingo y San Francisco, y le ponían el hombro y lo volvían a levantar. Después de esa visión ya el Papa no tuvo dudas en que sí debía aprobar las ideas de nuestro santo.

Y cuentan las antiguas tradiciones que Santo Domingo vio en sueños que la ira de Dios iba a enviar castigos sobre el mundo, pero que la Virgen Santísima señalaba a dos hombres que con sus obras iban a interceder ante Dios y lo calmaban. El uno era Domingo y el otro era un desconocido, vestido casi como un pordiosero. Y al día siguiente estando orando en el templo vio llegar al que vestía como un mendigo, y era nada menos que San Francisco de Asís. Nuestro santo lo abrazó y le dijo: "Los dos tenemos que trabajar muy unidos, para conseguir el Reino de Dios". Y desde hace siglos ha existido la bella costumbre de que cada año, el día de la fiesta de San Francisco, los Padres dominicos van a los conventos de los franciscanos y celebran con ellos muy fraternalmente la fiesta, y el día de la fiesta de Santo Domingo, los padres franciscanos van a los conventos de los dominicos y hacen juntos una alegre celebración de buenos hermanos.

En agosto de 1216 fundó Santo Domingo su Comunidad de predicadores, con 16 compañeros que lo querían y le obedecían como al mejor de los padres. Ocho eran franceses, siete españoles y uno inglés. Los preparó de la mejor manera que le fue posible y los envió a predicar, y la nueva comunidad tuvo una bendición de Dios tan grande que a los pocos años ya los conventos de los dominicos eran más de setenta, y se hicieron famosos en las grandes universidades, especialmente en la de París y en la de Bolonia.

El gran fundador le dio a sus religiosos unas normas que les han hecho un bien inmenso por muchos siglos. Por ejemplo estas:
Primero contemplar, y después enseñar. O sea: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible.
Predicar siempre y en todas partes. Santo Domingo quiere que el oficio principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, tratar de propagar las enseñanzas católicas por todos los medios posibles. Y él mismo daba el ejemplo: donde quiera que llegaba empleaba la mayor parte de su tiempo en predicar y enseñar catecismo.

La experiencia le había demostrado que las almas se ganan con la caridad. Por eso todos los días pedía a Nuestro Señor la gracia de crecer en el amor hacia Dios y en la caridad hacia los demás y tener un gran deseo de salvar almas. Esto mismo recomendaba a sus discípulos que pidieran a Dios constantemente.

Los santos han dominado su cuerpo con unas mortificaciones que en muchos casos son más para admirar que para imitar. Recordemos algunas de las que hacía este hombre de Dios.

Cada año hacía varias cuaresmas, o sea, pasaba varias temporadas de a 40 días ayunando a pan y agua.

Siempre dormía sobre duras tablas. Caminaba descalzo por caminos irisados de piedras y por senderos cubiertos de nieve. No se colocaba nada en la cabeza ni para defenderse del sol, ni para guarecerse contra los aguaceros. Soportaba los más terribles insultos sin responder ni una sola palabra. Cuando llegaban de un viaje empapados por los terribles aguaceros mientras los demás se iban junto al fuego a calentarse un poco, el santo se iba al templo a rezar. Un día en que por venganza los enemigos los hicieron caminar descalzos por un camino con demasiadas piedrecitas afiladas, el santo exclamaba: "la próxima predicación tendrá grandes frutos, porque los hemos ganado con estos sufrimientos". Y así sucedió en verdad. Sufría de muchas enfermedades, pero sin embargo seguía predicando y enseñando catecismo sin cansarse ni demostrar desánimo.

Era el hombre de la alegría, y del buen humor. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y amable. Sus compañeros decían: "De día nadie más comunicativo y alegre. De noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación". Pasaba noches enteras en oración.

Era de pocas palabras cuando se hablaba de temas mundanos, pero cuando había que hablar de Nuestro Señor y de temas religiosos entonces sí que charlaba con verdadero entusiasmo.

Sus libros favoritos eran el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Siempre los llevaba consigo para leerlos día por día y prácticamente se los sabía de memoria. A sus discípulos les recomendaba que no pasaran ningún día sin leer alguna página del Nuevo Testamento o del Antiguo.

Los que trataron con él afirmaban que estaban seguros de que este santo conservó siempre la inocencia bautismal y que no cometió jamás un pecado grave.

Totalmente desgastado de tanto trabajar y sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía. Y el 6 de agosto de 1221, mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: "Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte", dijo: "¡Qué hermoso, qué hermoso!" y expiró.

A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: "De la santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y San Pablo".

Funte: http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Domingo_de_Guzm%C3%A1n.htm