17 de julio - Otros Santos y Beatos.
San Jacinto, mártir
En Amastris, en Paflagonia, en la hoy Turquía,
san Jacinto, mártir.
San Teodosio de Auxerre, obispo
En Auxerre, en la
Galia Lugdunense (Francia), san Teodosio, obispo.
San Fredegando, monje
En Deurne, cerca
de Anvers, en el territorio de Brabante, en Austrasia, ahora
en Bélgica, san Fredegando, monje, al parecer procedente de Irlanda,
que colaboró con san Foilán y otros misioneros itinerantes.
Santos Zoerardo,
o Andrés, y Benito, eremitas
En Nitra, en la ribera del
río Waag, en los montes Cárpatos, Eslovaquia, santos Zoerardo o
Andrés, y Benito, ermitaños, que, venidos de Polonia a Hungría
a petición del rey san Esteban, llevaron en un eremo
del monte Zabor una vida de extrema austeridad.
San Pedro Liu
Ziyu, mártir
En Zhujiaxiezhuang, pueblo cercano a Shenxian, en la
provincia china de Hebei, san Pedro Liu Ziyu, mártir, el
cual, durante la persecución desencadenada por el movimiento de los
Yihetuan, desoyendo a amigos que le aconsejaban apostatar, permaneció firme
en la fe cristiana ante el mandarín, por lo que
fue traspasado con espada.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=47165
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jueves, 10 de julio de 2014
17 de julio - San Alejo.
17 de julio - San Alejo.
Laico. Mendigo.
Martirologio Romano: En Roma, en la basílica situada en el monte Aventino, se celebra con el nombre de Alejo a un hombre de Dios que, como cuenta la tradición, dejó su opulenta casa para vivir como un pobre mendigo pidiendo limosna (s. IV).
Etimologicamente: Alejo = Aquel que es el defensor, es de origen griego.
"El hombre de Dios" de Edesa, Siria.
A finales del siglo IV, vivía en Edesa, Siria, un mendigo a quien el pueblo veneraba como un santo. Después de su muerte, un anónimo escribió su biografía. Como ignoraba el nombre del mendigo, le llamó simplemente "el hombre de Dios". Según ese documento, el hombre de Dios vivió en la época del obispo Rábula, quien murió el año 436. El mendigo compartía con otros pobres la limosna que recogía a las puertas de las iglesias.
La leyenda.
San Alejo es hijo de un senador romano. A la edad de veinte años comprendió que su vida rodeada de riquezas era un peligro para su alma. Para servir a Dios en la mayor humildad, se fue de Roma a Edesa disfrazado de mendigo. En Siria vivió por 17 años dedicado a la oración y a la penitencia. Mendigaba para vivir y para ayudar a otros. Cuando se descubrió que era hijo de una familia rica de Roma, Alejo temió que le rindieran honores y regresó a Roma, a casa de su padre donde vivió por años de incógnito, como un criado, durmiendo debajo de una escalera. Todo lo aceptaba con humildad y lo ofrecía por los pecadores. Ya moribundo, reveló a sus padres que era su hijo y que había escogido vivir aquella vida por penitencia. Los dos ancianos lo abrazaron llorando y lo ayudaron a bien morir. Cuando el obispo se enteró del caso, mandó exhumar el cadáver, pero no se encontraron más que los andrajos del hombre de Dios y ningún cadáver. La fama del suceso se extendió rápidamente.
Antes del siglo IX, se había dado en Grecia al hombre de Dios, el nombre de Alejo y San José el Hinmógrafo (833) dejó escrita en un "kanon" la leyenda, adornada naturalmente con numerosos detalles. Aunque se tributaba ya cierto culto al santo en España, la devoción a San Alejo se popularizó en occidente gracias a la actividad de un obispo de Damasco, Sergio, desterrado a Roma a fines del siglo X. Dicho obispo estableció en la iglesia de San Bonifacio del Aventino un monasterio de monjes griegos, y nombró a San Alejo co-patrono de la iglesia.
Se cuenta que en el siglo XII la leyenda de San Alejo ejerció profunda influencia sobre el hereje Pedro Waldo.
En el siglo XV, los Hermanos de San Alejo le eligieron por patrono y, en 1817, la congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María le nombró patrono secundario. También en el oriente le profesa el pueblo gran devoción y aun le llama "el hombre de Dios."
En 1217 se encontraron unas reliquias en la iglesia de San Bonifacio, Roma, pero ningún martirologio antiguo y ningún libro litúrgico romano menciona el nombre de San Alejo, el cual, según parece, era desconocido en la Ciudad Eterna hasta el año 972.
ORACIÓN
¡Oh gloria de la nobleza romana
y verdadero amador de la pobreza
e ignominia de Cristo!
¡Oh Alejo bendito!
que en la flor de tu juventud,
por obedecer a la inspiración del Señor,
dejaste a tu esposa y saliste como otro
Abraham de la casa de tus padres,
y habiendo repartido lo que llevabas
con los pobres,
viviste como pobre y mendigo tantos años
desconocido y menospreciado entre los hombres.
Tú fuiste muy regalado y favorecido de la Virgen María
nuestra Reina y señora,
y huyendo de las alabanzas de los hombres,
volviste por instinto de Dios
a la casa de tus padres
que por su voluntad habías dejado,
para darnos ejemplo de humildad,
de paciencia, de sufrimiento y constancia,
y para triunfar de tí
y del mundo con un género de victoria tan nuevo y tan glorioso.
Pues, ¡oh santo bienaventurado!
rico y pobre, noble y humilde,
casado y puro, llorado de tus padres,
denostado de tus criados,
desestimado de los hombres
y honrado de los ángeles,
abatido en el suelo
y sublimado en el cielo,
yo te suplico,
Alejo dulcísimo,
que por tus merecimientos y oraciones
yo alcance del Señor
la virtud de la perfecta castidad,
de obediencia, de menosprecio de todas las cosas transitorias,
y gracia para vivir como hombre peregrino de su patria,
y desconocido y muerto al mundo. Amén.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=482
Laico. Mendigo.
Martirologio Romano: En Roma, en la basílica situada en el monte Aventino, se celebra con el nombre de Alejo a un hombre de Dios que, como cuenta la tradición, dejó su opulenta casa para vivir como un pobre mendigo pidiendo limosna (s. IV).
Etimologicamente: Alejo = Aquel que es el defensor, es de origen griego.
"El hombre de Dios" de Edesa, Siria.
A finales del siglo IV, vivía en Edesa, Siria, un mendigo a quien el pueblo veneraba como un santo. Después de su muerte, un anónimo escribió su biografía. Como ignoraba el nombre del mendigo, le llamó simplemente "el hombre de Dios". Según ese documento, el hombre de Dios vivió en la época del obispo Rábula, quien murió el año 436. El mendigo compartía con otros pobres la limosna que recogía a las puertas de las iglesias.
La leyenda.
San Alejo es hijo de un senador romano. A la edad de veinte años comprendió que su vida rodeada de riquezas era un peligro para su alma. Para servir a Dios en la mayor humildad, se fue de Roma a Edesa disfrazado de mendigo. En Siria vivió por 17 años dedicado a la oración y a la penitencia. Mendigaba para vivir y para ayudar a otros. Cuando se descubrió que era hijo de una familia rica de Roma, Alejo temió que le rindieran honores y regresó a Roma, a casa de su padre donde vivió por años de incógnito, como un criado, durmiendo debajo de una escalera. Todo lo aceptaba con humildad y lo ofrecía por los pecadores. Ya moribundo, reveló a sus padres que era su hijo y que había escogido vivir aquella vida por penitencia. Los dos ancianos lo abrazaron llorando y lo ayudaron a bien morir. Cuando el obispo se enteró del caso, mandó exhumar el cadáver, pero no se encontraron más que los andrajos del hombre de Dios y ningún cadáver. La fama del suceso se extendió rápidamente.
Antes del siglo IX, se había dado en Grecia al hombre de Dios, el nombre de Alejo y San José el Hinmógrafo (833) dejó escrita en un "kanon" la leyenda, adornada naturalmente con numerosos detalles. Aunque se tributaba ya cierto culto al santo en España, la devoción a San Alejo se popularizó en occidente gracias a la actividad de un obispo de Damasco, Sergio, desterrado a Roma a fines del siglo X. Dicho obispo estableció en la iglesia de San Bonifacio del Aventino un monasterio de monjes griegos, y nombró a San Alejo co-patrono de la iglesia.
Se cuenta que en el siglo XII la leyenda de San Alejo ejerció profunda influencia sobre el hereje Pedro Waldo.
En el siglo XV, los Hermanos de San Alejo le eligieron por patrono y, en 1817, la congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María le nombró patrono secundario. También en el oriente le profesa el pueblo gran devoción y aun le llama "el hombre de Dios."
En 1217 se encontraron unas reliquias en la iglesia de San Bonifacio, Roma, pero ningún martirologio antiguo y ningún libro litúrgico romano menciona el nombre de San Alejo, el cual, según parece, era desconocido en la Ciudad Eterna hasta el año 972.
ORACIÓN
¡Oh gloria de la nobleza romana
y verdadero amador de la pobreza
e ignominia de Cristo!
¡Oh Alejo bendito!
que en la flor de tu juventud,
por obedecer a la inspiración del Señor,
dejaste a tu esposa y saliste como otro
Abraham de la casa de tus padres,
y habiendo repartido lo que llevabas
con los pobres,
viviste como pobre y mendigo tantos años
desconocido y menospreciado entre los hombres.
Tú fuiste muy regalado y favorecido de la Virgen María
nuestra Reina y señora,
y huyendo de las alabanzas de los hombres,
volviste por instinto de Dios
a la casa de tus padres
que por su voluntad habías dejado,
para darnos ejemplo de humildad,
de paciencia, de sufrimiento y constancia,
y para triunfar de tí
y del mundo con un género de victoria tan nuevo y tan glorioso.
Pues, ¡oh santo bienaventurado!
rico y pobre, noble y humilde,
casado y puro, llorado de tus padres,
denostado de tus criados,
desestimado de los hombres
y honrado de los ángeles,
abatido en el suelo
y sublimado en el cielo,
yo te suplico,
Alejo dulcísimo,
que por tus merecimientos y oraciones
yo alcance del Señor
la virtud de la perfecta castidad,
de obediencia, de menosprecio de todas las cosas transitorias,
y gracia para vivir como hombre peregrino de su patria,
y desconocido y muerto al mundo. Amén.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=482
17 de julio - Santas Justa y Rufina.
17 de julio - Santas Justa y Rufina.
Mártires.
Martirologio Romano: En Sevilla, Andalucía, España, santas Justa y Rufina, virgenes, que arrestadas por ordenes del gobernador Diogeniano soportaron crueles suplicios, prisión, inanición y otras torturas. Justa murió en prisión, mientras que Rufina, por haber confesado su fe en el Señor fue degollada.
Etimología: Justa = justa, del latín,
Rufina = de pelo rojo, del latín
Eran hermanas carnales, nacidas en Sevilla, Justa en 268 y Rufina en 270, de familia muy modesta con firmes convicciones cristianas. En la época que vivieron dominaban los romanos gran parte del mundo por ellos conocido. En estos tiempos paganos, las hermanas dedicaban su tiempo a ayudar al prójimo y al conocimiento del Evangelio.
Era costumbre celebrar una vez al año una fiesta pagana en honor a Venus y en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Según la tradición cristiana, se recorrían las calles de la ciudad con la figura cargada en hombros molestando gravemente al público y exigiendo inmensas limosnas para la fiesta. En cierta ocasión, los paganos llegaron a casa de Justa y Rufina exigiendo el dinero correspondiente, pero las hermanas se negaron a pagarlo por ser el fin de éste contrario a su fe, y no sólo esto sino que decidieron hacer añicos la figura de la diosa entre ambas, provocando de esta manera el enfado general de las devotas que se lanzaron hacia ellas.
El prefecto de Sevilla, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio, las santas se negaron a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del potro para a continuación ser torturadas con garfios de hierro. Diogeniano esperaba que el trato que se le daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades del hambre y la sed.
Estoicamente sobrevivieron a su condena, por lo que fueron castigadas de nuevo, esta vez debían caminar descalzas hasta llegar a Sierra Morena. Tuvieron la suficiente fuerza para conseguir el objetivo. Viendo que nada las vencía mandó encarcelarlas hasta morir, la primera en fallecer fue Santa Justa, su cuerpo lo tiraron a un pozo, recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.
Una vez que hubo acabado con la vida de Justa, Diogeniano creyó que Rufina sucumbiría a sus deseos con más facilidad, pero no lo consiguió, y decidió acabar con su vida de la forma más lúgubre en aquellos tiempos, la llevó al anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase. La bestia se acercó y lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente tras este hecho el obispo Sabino recogió los restos y la enterró junto a su hermana en el año 287.
Por tan cristiana acción, fueron canonizadas. Se les nombró Patronas de Sevilla, y de los gremios de alfareros y cacharreros. También son veneradas como patronas de otras localidades, por ejemplo Orihuela, donde la leyenda cuenta que las santas se aparecieron en forma de dos luceros sobre la sierra de Orihuela tras la valerosa conquista cristiana sobre los musulmanes y su falsa fe impuesta.Tambien es patrona de Payo de Ojeda en Palencia y de la ciudad conquense de Huete.
Las santas Justa y Rufina son especialmente veneradas en Sevilla. La tradición las señala como protectoras de la Giralda y la Catedral, considerando que por su intercesión no cayeron tras el terremoto de Lisboa de 1755.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=506
Mártires.
Martirologio Romano: En Sevilla, Andalucía, España, santas Justa y Rufina, virgenes, que arrestadas por ordenes del gobernador Diogeniano soportaron crueles suplicios, prisión, inanición y otras torturas. Justa murió en prisión, mientras que Rufina, por haber confesado su fe en el Señor fue degollada.
Etimología: Justa = justa, del latín,
Rufina = de pelo rojo, del latín
Eran hermanas carnales, nacidas en Sevilla, Justa en 268 y Rufina en 270, de familia muy modesta con firmes convicciones cristianas. En la época que vivieron dominaban los romanos gran parte del mundo por ellos conocido. En estos tiempos paganos, las hermanas dedicaban su tiempo a ayudar al prójimo y al conocimiento del Evangelio.
Era costumbre celebrar una vez al año una fiesta pagana en honor a Venus y en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Según la tradición cristiana, se recorrían las calles de la ciudad con la figura cargada en hombros molestando gravemente al público y exigiendo inmensas limosnas para la fiesta. En cierta ocasión, los paganos llegaron a casa de Justa y Rufina exigiendo el dinero correspondiente, pero las hermanas se negaron a pagarlo por ser el fin de éste contrario a su fe, y no sólo esto sino que decidieron hacer añicos la figura de la diosa entre ambas, provocando de esta manera el enfado general de las devotas que se lanzaron hacia ellas.
El prefecto de Sevilla, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio, las santas se negaron a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del potro para a continuación ser torturadas con garfios de hierro. Diogeniano esperaba que el trato que se le daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades del hambre y la sed.
Estoicamente sobrevivieron a su condena, por lo que fueron castigadas de nuevo, esta vez debían caminar descalzas hasta llegar a Sierra Morena. Tuvieron la suficiente fuerza para conseguir el objetivo. Viendo que nada las vencía mandó encarcelarlas hasta morir, la primera en fallecer fue Santa Justa, su cuerpo lo tiraron a un pozo, recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.
Una vez que hubo acabado con la vida de Justa, Diogeniano creyó que Rufina sucumbiría a sus deseos con más facilidad, pero no lo consiguió, y decidió acabar con su vida de la forma más lúgubre en aquellos tiempos, la llevó al anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase. La bestia se acercó y lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente tras este hecho el obispo Sabino recogió los restos y la enterró junto a su hermana en el año 287.
Por tan cristiana acción, fueron canonizadas. Se les nombró Patronas de Sevilla, y de los gremios de alfareros y cacharreros. También son veneradas como patronas de otras localidades, por ejemplo Orihuela, donde la leyenda cuenta que las santas se aparecieron en forma de dos luceros sobre la sierra de Orihuela tras la valerosa conquista cristiana sobre los musulmanes y su falsa fe impuesta.Tambien es patrona de Payo de Ojeda en Palencia y de la ciudad conquense de Huete.
Las santas Justa y Rufina son especialmente veneradas en Sevilla. La tradición las señala como protectoras de la Giralda y la Catedral, considerando que por su intercesión no cayeron tras el terremoto de Lisboa de 1755.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=506
17 de julio - Santa Eduviges de Polonia.
17 de julio - Santa Eduviges de Polonia.
Reina.
Martirologio Romano: En Cracovia, ciudad de Polonia, santa Eduviges, reina, que nacida en Hungría, heredó el reino de Polonia y se casó con Jaguelón, gran señor de Lituania, que recibió en el bautismo el nombre de Ladislao, y con quien implantó la fe católica en ese territorio de Lituania (1399).
Etimológicamente: Eduviges = Eduvigis = Aquella que es una luchadora victoriosa, es de origen germánico.
Eduviges fue coronada reina a los diez años (en 1384) y murió a los 25 años. A pesar de su corta vida, fue suficiente para lograr mucho. Inspiró al pueblo con su amor por los pobres y campesinos.
Su matrimonio con el gran duque Jagello de Lituania cambió la historia de Europa al llevar los confines de la civilización occidental a las fronteras orientales del reino polaco-lituano. Por ello se la considera protagonista de la evangelización europea y “figura puente” del cristianismo occidental y oriental.
Eduviges no se encerró en su corte. Esta mujer, que vivió hace mas de seiscientos años, participó activamente en la vida del enorme estado polaco-lituano. Consciente del valor de la cultura como vehículo de la fe, fundó la facultad de Teología de la universidad de Cracovia, una de las más antiguas de Europa. Juan Pablo II, recordando la altura científica de la Universidad de Cracovia (“la Jaguelloniana”), en la que enseñó Copérnico, y en la que él mismo tuvo la oportunidad de estudiar, afirmó que «la verdadera riqueza de un país son sus universidades».
Eduviges también desplegó gran actividad a favor de los pobres y enfermos, fundando hospitales y centros de asistencia.
En la canonización de la reina Eduviges ha pesado decisivamente la admiración ininterrumpida de todo su pueblo durante seis siglos. Su causa de beatificación se abrió en 1426, 27 años después de su muerte. En 1987, la reina Eduviges fue beatificada, y sus reliquias fueron transferidas al altar del Cristo Crucificado de la Catedral de Cracovia. El Papa Juan Pablo II la canonizó en el año 1997.
Es la santa patrona de las reinas y de la Europa Unida.
Oración 1
Santa Eduviges
que amaste la virginidad como forma de agradar a Dios;
que honraste el matrimonio como esposa fiel y madre amorosa;
y que, viuda, escogiste la vida religiosa
como forma de consagrar por entero al Señor el resto de tu vida,
ayúdame a servir a Dios,
conservando puro mi corazón
y cumpliendo fielmente la misión que Él me confió en este mundo.
Amén.
Oración 2
¡Oh Dios!
Que enseñaste a la bienaventurada Eduvigis
a renunciar de todo corazón a las pompas del mundo,
por seguir con humildad el camino de tu cruz;
concédenos por sus méritos que aprendamos,
a ejemplo suyo a menospreciar las perecederas delicias de este siglo
y a vencer por tu amor
todas las adversidades de esta vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración 3
Gloriosa Princesa Santa Eduvigis,
que pasaste por la tierra socorriendo necesidades,
amparando huérfanos, ayudando doncellas abandonadas,
pagando deudas de los pobres insolventes,
procurando vivienda a los necesitados.
Hoy acudo a ti como modelo que imitar en este ferviente amor al prójimo.
Enséñame la caridad.
En tus manos pongo hoy mis intenciones y necesidades para que las presentes al señor
(Pídase la gracia que se desea).
Como mi modelo y protectora
quiero imitar su resignación a la voluntad divina.
Presenta al Señor mis intenciones.
Oh gloriosa Santa Eduvigis,
abogada de los deudores,
de los pobres desvalidos,
ruega por nosotros.
Así sea.
Oración 4
Señor Dios nuestro,
que por vuestro Unigénito Hijo,
habéis revelado a Santa Eduviges los secretos del cielo,
haced por su piadosa intercesión,
que vuestros servidores un día se regocijen eternamente
en la posesión de vuestra gloria.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=35343
Reina.
Martirologio Romano: En Cracovia, ciudad de Polonia, santa Eduviges, reina, que nacida en Hungría, heredó el reino de Polonia y se casó con Jaguelón, gran señor de Lituania, que recibió en el bautismo el nombre de Ladislao, y con quien implantó la fe católica en ese territorio de Lituania (1399).
Etimológicamente: Eduviges = Eduvigis = Aquella que es una luchadora victoriosa, es de origen germánico.
Eduviges fue coronada reina a los diez años (en 1384) y murió a los 25 años. A pesar de su corta vida, fue suficiente para lograr mucho. Inspiró al pueblo con su amor por los pobres y campesinos.
Su matrimonio con el gran duque Jagello de Lituania cambió la historia de Europa al llevar los confines de la civilización occidental a las fronteras orientales del reino polaco-lituano. Por ello se la considera protagonista de la evangelización europea y “figura puente” del cristianismo occidental y oriental.
Eduviges no se encerró en su corte. Esta mujer, que vivió hace mas de seiscientos años, participó activamente en la vida del enorme estado polaco-lituano. Consciente del valor de la cultura como vehículo de la fe, fundó la facultad de Teología de la universidad de Cracovia, una de las más antiguas de Europa. Juan Pablo II, recordando la altura científica de la Universidad de Cracovia (“la Jaguelloniana”), en la que enseñó Copérnico, y en la que él mismo tuvo la oportunidad de estudiar, afirmó que «la verdadera riqueza de un país son sus universidades».
Eduviges también desplegó gran actividad a favor de los pobres y enfermos, fundando hospitales y centros de asistencia.
En la canonización de la reina Eduviges ha pesado decisivamente la admiración ininterrumpida de todo su pueblo durante seis siglos. Su causa de beatificación se abrió en 1426, 27 años después de su muerte. En 1987, la reina Eduviges fue beatificada, y sus reliquias fueron transferidas al altar del Cristo Crucificado de la Catedral de Cracovia. El Papa Juan Pablo II la canonizó en el año 1997.
Es la santa patrona de las reinas y de la Europa Unida.
Santa Eduviges
que amaste la virginidad como forma de agradar a Dios;
que honraste el matrimonio como esposa fiel y madre amorosa;
y que, viuda, escogiste la vida religiosa
como forma de consagrar por entero al Señor el resto de tu vida,
ayúdame a servir a Dios,
conservando puro mi corazón
y cumpliendo fielmente la misión que Él me confió en este mundo.
Amén.
Oración 2
¡Oh Dios!
Que enseñaste a la bienaventurada Eduvigis
a renunciar de todo corazón a las pompas del mundo,
por seguir con humildad el camino de tu cruz;
concédenos por sus méritos que aprendamos,
a ejemplo suyo a menospreciar las perecederas delicias de este siglo
y a vencer por tu amor
todas las adversidades de esta vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración 3
Gloriosa Princesa Santa Eduvigis,
que pasaste por la tierra socorriendo necesidades,
amparando huérfanos, ayudando doncellas abandonadas,
pagando deudas de los pobres insolventes,
procurando vivienda a los necesitados.
Hoy acudo a ti como modelo que imitar en este ferviente amor al prójimo.
Enséñame la caridad.
En tus manos pongo hoy mis intenciones y necesidades para que las presentes al señor
(Pídase la gracia que se desea).
Como mi modelo y protectora
quiero imitar su resignación a la voluntad divina.
Presenta al Señor mis intenciones.
Oh gloriosa Santa Eduvigis,
abogada de los deudores,
de los pobres desvalidos,
ruega por nosotros.
Así sea.
Oración 4
Señor Dios nuestro,
que por vuestro Unigénito Hijo,
habéis revelado a Santa Eduviges los secretos del cielo,
haced por su piadosa intercesión,
que vuestros servidores un día se regocijen eternamente
en la posesión de vuestra gloria.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
17 de julio - Beatas Teresa de San Agustín y Compañeras.
17 de julio - Beatas Teresa de San Agustín y Compañeras.
Mártires de Compiegne.
Martirologio Romano: En París, capital de Francia, beatas Teresa de San Agustín (María Magdalena Claudina) Lindoine y quince compañeras, vírgenes del Carmelo de Compiègne y mártires, que durante la Revolución Francesa se mantuvieron fieles a la observancia monástica y ante el patíbulo renovaron las promesas bautismales y los votos religiosos (1791).
Etimológicamente: Teresa = Aquella que es experta en la caza, es de origen griego.
No es posible recoger aquí la preciosa vida de dieciséis vírgenes y mártires carmelitas ala vez, ya que, juntamente con la Madre Priora del Carmelo francés de Compiegne, murieron generosamente esas quince hijas espirituales que formaban su comunidad. Nos vamos a contentar con dar sus nombres:
Sor Teresa de San Agustín
Sor Julia Luisa de Jesús
Sor San Luis
Sor María Enriqueta de la Providencia
Sor Ana María de Jesús
Sor Constanza
Sor Carlota de la Resurrección
Sor María del Espíritu Santo
Sor Eufrasia de la lnmaculada Concepción
Sor Santa Maria
Sor Enriqueta de Jesús
Sor San Francisco Javier.
Sor Teresa del corazón de Maria
Sor Catalina Soirón.
Sor Teresa de San Ignacio
Sor Teresa Soirón
Este convento había sido fundado el 1641 por monjas procedentes del convento de Amiens.
Malos aires corrían por Francia desde que la tristemente famosa Revolución había iniciado sus desmanes.
El 14.9.1792 fueron arrojadas de su monasterio. Ya antes, por indicación de su M. Priora, se habían ofrecido al Señor en holocausto "para aplacar la cólera de Dios y para que la paz divina traída al mundo por su amado Hijo, fuese devuelta a la Iglesia y al Estado".
Cada
día repetían esta consagración generosa. El 24 de junio de
1794 fueron apresadas las 16y encerradas en Sainte Marie, monasterio
de la visitación convertido en cárcel.
En carretas fueron llevadas a París, a donde llegaron el día 13 de julio y fueron encerradas en la terrible cárcel de la Conciergerie, abarrotada de sacerdotes, religiosos y seglares condenados a muerte.
La fiesta del Carmen -día 16- entonaron a su Madre y Patrona cánticos fervorosos con la música de la Marsellesa.
El 17 de Julio, después de manifestar que morían voluntariamente por su fe. por su fidelidad a Cristo, a María y a la Iglesia, fueron condenadas a muerte y llevadas a la Barriere-du-Trone. Antes de ser aguillotinadas cantaron todas el Miseres, la Salve Regina, el Te Deum y el Veni Creator, renovaron una por una su profesión al pie de la Madre Priora e iban subiendo, con gran gozo, a la guillotina ante el sombro de todos los asistentes.
Era el 17 de julio de 1794.
El 13 de mayo de 1906 eran beatificadas por el papa San Pío X.
George Bernanos y otros literatos, músicos y cineastas han inmortalizado sus vidas con el famoso "Diálogo de carmelitas", que tambiés el el título de una película que recomedamos ver..
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=11242
Mártires de Compiegne.
Martirologio Romano: En París, capital de Francia, beatas Teresa de San Agustín (María Magdalena Claudina) Lindoine y quince compañeras, vírgenes del Carmelo de Compiègne y mártires, que durante la Revolución Francesa se mantuvieron fieles a la observancia monástica y ante el patíbulo renovaron las promesas bautismales y los votos religiosos (1791).
Etimológicamente: Teresa = Aquella que es experta en la caza, es de origen griego.
No es posible recoger aquí la preciosa vida de dieciséis vírgenes y mártires carmelitas ala vez, ya que, juntamente con la Madre Priora del Carmelo francés de Compiegne, murieron generosamente esas quince hijas espirituales que formaban su comunidad. Nos vamos a contentar con dar sus nombres:
Sor Teresa de San Agustín
Sor Julia Luisa de Jesús
Sor San Luis
Sor María Enriqueta de la Providencia
Sor Ana María de Jesús
Sor Constanza
Sor Carlota de la Resurrección
Sor María del Espíritu Santo
Sor Eufrasia de la lnmaculada Concepción
Sor Santa Maria
Sor Enriqueta de Jesús
Sor San Francisco Javier.
Sor Teresa del corazón de Maria
Sor Catalina Soirón.
Sor Teresa de San Ignacio
Sor Teresa Soirón
Este convento había sido fundado el 1641 por monjas procedentes del convento de Amiens.
Malos aires corrían por Francia desde que la tristemente famosa Revolución había iniciado sus desmanes.
El 14.9.1792 fueron arrojadas de su monasterio. Ya antes, por indicación de su M. Priora, se habían ofrecido al Señor en holocausto "para aplacar la cólera de Dios y para que la paz divina traída al mundo por su amado Hijo, fuese devuelta a la Iglesia y al Estado".
Cada
| Teresa de San Agustín y Compañeras, Beatas |
En carretas fueron llevadas a París, a donde llegaron el día 13 de julio y fueron encerradas en la terrible cárcel de la Conciergerie, abarrotada de sacerdotes, religiosos y seglares condenados a muerte.
La fiesta del Carmen -día 16- entonaron a su Madre y Patrona cánticos fervorosos con la música de la Marsellesa.
El 17 de Julio, después de manifestar que morían voluntariamente por su fe. por su fidelidad a Cristo, a María y a la Iglesia, fueron condenadas a muerte y llevadas a la Barriere-du-Trone. Antes de ser aguillotinadas cantaron todas el Miseres, la Salve Regina, el Te Deum y el Veni Creator, renovaron una por una su profesión al pie de la Madre Priora e iban subiendo, con gran gozo, a la guillotina ante el sombro de todos los asistentes.
Era el 17 de julio de 1794.
El 13 de mayo de 1906 eran beatificadas por el papa San Pío X.
George Bernanos y otros literatos, músicos y cineastas han inmortalizado sus vidas con el famoso "Diálogo de carmelitas", que tambiés el el título de una película que recomedamos ver..
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=11242
17 de julio - Beata Carlota de la Resurección.
17 de julio - Beata Carlota de la Resurección.
Mártir Carmelita.
Carlota de la Resuraccion. Estamos en plena Revolución francesa. Concretamente en el año 1794.
Las beatas carmelitas de Compiegne son llevadas de este lugar a París, en la época del terror más exacerbado que uno se pueda imaginar.
Estas hermanas vivían en su convento entregadas a la vida de oración, al trabajo y al apostolado. ¿Qué daño hacían? Ninguno. Pero las turbas se lanzaron contra ellas y sus inocentes vidas. Siempre se persigue la religión cuando se aleja Dios de la sociedad y de los corazones de los dirigentes.
El 16 de julio, las prisioneras carmelitas, para recordar la conmemoración de Nuestra Señora del Carmen, compusieron unas letrillas que escribieron con unos tizones sobre trozos de papel que luego repartieron; todos corearon las canciones de las religiosas con música de la Marsellesa, el himno revolucionario que nadie les podía prohibir; eran enardecidas loas a la esperanza, un canto de júbilo hecho plegaria y expresión de una viva fe. Al día siguiente fueron condenadas a muerte por el tribunal revolucionario en juicio sumarísimo y por la vía rápida: aquellas monjas eran demasiado peligrosas para los reclusos. Ese mismo día 17 de julio debían ser ejecutadas.
El cortejo de aquellas religiosas por las calles de París, camino del cadalso, no era el espectáculo fúnebre al que estaba acostumbrado a presenciar el populacho parisiense, sino algo muy singular: sobre una carreta al descubierto las dieciséis carmelitas iban cantando en gregoriano el Miserere y la Salve Regina. Y cuando avistaron el lugar del holocausto entonaron el Te Deum, todo un rito, ciertamente, pero que entrañaba un torrente de vida. Al pie de la guillotina y ante un silencio impresionante las carmelitas entonaron el Veni Creator Spiritus y fueron renovando una por una su profesión religiosa en manos de la priora, M. Teresa de S. Agustín Lidoine: “Yo…(Sor Ana María, Sor Carlota, Sor Eufrasia, Sor Enriqueta, Sor Marta, Sor Constanza…) renuevo mis votos de pobreza, obediencia y castidad…usque ad mortem, hasta la muerte. Jamás se habían pronunciado unas fórmulas de profesión más verídicas ni patéticas que aquéllas.
Con sus caras de felicidad y, con la confianza en Dios – tal como él hizo en la cruz – iban derechas al lugar de los tormentos: la vil guillotina en la plaza del Trono parisina.
Después fueron enterradas en el cementerio de Picpus.
La decana de estas hermanas se llamaba Sor Carlota. Tenía 79 años. Había sido bautizada con el nombre de Anne-Marie-Thouret y era originaria de Mouy-sus (Oise).
Cuando hace algunos años se cumplieron los 200 años fatídicos de aquellos días, la hermana Carlota resplandece en el cielo y ante la contemplación de todos los creyentes como una flor que, aunque madura por la vida, sigue expandiendo por todas partes el perfume de su virtud y de su entrega a Dios con su propio martirio.
¡Felicidades a quien lleve este nombre!
fuentes: P. Felipe Santos
y santosocd.blogspot.com/
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=11372
17 de julio - Santos Mártires Escilitanos.
17 de julio - Santos Mártires Escilitanos.
Mártires.
El día 17 de julio del año 180, al comienzo del reinado de Cómmodo, el desdichado hijo y sucesor de Marco Aurelio, fueron ejecutados en Cartago un grupo de mártires procedentes de Scili, pequeña población de Numidia, en el Africa proconsular romana.
Eran gente humilde, doce en total, de los cuales cinco eran mujeres. Serían probablemente artesanos o trabajadores del campo, sin que tengamos de ellos más noticias que las escuetas que nos han transmitido las actas de su martirio. Todo hace suponer que fueran parientes entre sí, o tal vez matrimonios, pero no tenemos referencia exacta de tales extremos.
El documento de su martirio es de los más emocionantes de la antigüedad cristiana, que nos recuerda en su misma sencillez a los Evangelios. Resulta milagroso que haya podido conservarse, pues durante la persecución de Diocleciano fueron sistemáticamente destruidos los archivos cristianos y perecieron muchísimas de las actas auténticas de martirio. Estas a que nos referimos contienen el proceso proconsular estenográfico, tomado verbalmente por los notarios imperiales. Se trata de un texto irrecusable, que todo él rebosa verdad.
Procesos semejantes debieron de hacerse muchísimos. Las persecuciones sufrieron grandes alternativas, desde Nerón a Diocleciano. Unas veces arreciaban, otras aflojaban, permitiendo épocas de respiro, en que podía organizarse la vida religiosa con cierta seguridad.
La legislación romana era un tanto ambigua en lo referente al cristianismo, y por este tiempo se regulaba por el rescripto de Trajano, que prohibía buscar a los cristianos —conquirendi non sunt—, pero obligaba a las autoridades a formarles proceso cuando se presentaba contra ellos una denuncia suscrita en regla, dado que las delaciones anónimas no habían de ser tomadas en consideración. Ya se comprende que en una situación tan precaria, sujeta además a los rumores y calumnias que corrían entre el populacho sobre supuestos crímenes y costumbres nefandas de los cristianos, la vida de éstos estaba pendiente de un hilo, que con suma facilidad se quebraba cuando el procónsul o gobernador de provincias se dejaba exceder en su celo o compartía la inquina del vulgo contra ellos.
Porque lo extraño del caso es que, reconociendo en principio la legislación la honradez de los cristianos, al prohibir que se les buscase —"a los criminales se les busca y persigue", argüía con lógica Tertuliano— en cambio, si eran delatados por tales, se les condenaba a pena de muerte, aunque obtendrían sentencia absolutoria si apostataban de su fe.
De esta forma los procesos contra los cristianos revestían unas características peculiarísimas, que no tenían parangón con otros delitos que fueran llevados a los tribunales. La sola confesión del reo, sin más necesidad de testigos, era motivo suficiente de condenación, salvo que se retractase de su "crimen". Esto daba lugar a un forcejeo entre el presidente del tribunal y el cristiano, no carente de emoción, que en el caso que nos ocupa es destacadísimo, pues hasta se llega a conceder a los cristianos un plazo para que piensen y recapaciten, lo cual se hace constar asimismo en la sentencia
La terquedad del cristiano de mantenerse firme en su fe, que no cedía ante la tortura ni ante la muerte, debía ser incomprensible para el juez pagano. A algunos de éstos se les ve naturalmente honrados, y que proceden con disgusto en tan enojosos procesos, en los que, finalmente, eran ellos los vencidos y los mártires los campeones. Por lo general se quedaron en lo exterior, sin comprender toda la grandeza de los mártires, como el mismo Marco Aurelio, que, siendo un alma noble, de ética tan elevada que su pluma puede parecernos cristiana, persiguió duramente a los fieles tomando a fanatismo su desprecio de la vida.
Pero también hubo almas mejor dispuestas que llegaron a la verdad del cristianismo a través de la entereza de los propios mártires, superando los prejuicios y leyendas que corrían acerca de su baja moralidad. La comparación era bien patente: "así no morían los criminales", que además tenían ganada la libertad con un sencillo gesto de echar unos granos de incienso ante la estatua del emperador o formular por escrito o verbalmente una retractación.
Tales procesos, siendo públicos, se prestaban también a una "propaganda" de la nueva religión. El mártir era etimológicamente "el que daba fe", el que confesaba en público su doctrina y el que a menudo la rubricaba con su sangre, con lo que el testimonio resultaba del todo excepcional.
Los fieles no desaprovechaban la ocasión. Así hacían, junto con la confesión de su fe, una exposición de la misma, justificando sus creencias y la imposibilidad de retractarse de ellas. A las llamadas a la cordura de los jueces paganos contestan siempre que no pueden obedecer. Ellos acatan las leyes del Imperio, pagan los tributos, son ciudadanos respetuosos con las autoridades constituidas; pero no pueden acatar la religión oficial, que comportaba el culto al emperador y a la diosa Roma, o sea, la divinización del Estado. Esto constituía su "crimen", que lo era de lesa majestad y estaba castigado con pena de muerte.
Sin embargo, como los cristianos en su vida ordinaria no eran peligrosos se les dejaba en paz, siempre que no mediase delación formal o que los tumultos del populacho, tantas veces provocados por los judíos, no aconsejasen una táctica de rigor. En general, la política del Imperio para con el cristianismo fue contemporizadora, recordándonos en algunos aspectos la de ciertos Gobiernos anticomunistas de nuestros días.
Al evocar el martirio de los doce cristianos de Scili quisiéramos rendir un homenaje a otros muchísimos mártires anónimos de entonces. El cristianismo había penetrado ya profundamente en todas las capas sociales, había alcanzado no sólo las ciudades mejor comunicadas, adonde llegarían primero los predicadores evangélicos, sino también los municipios, y los "pagos" o aldeas. En Africa el centro de irradiación debió ser Cartago, puerto comercial de primer orden. Este grupo compacto de cristianos de Scili, bien instruidos en su fe, bien seguros de su religión, no serían improvisados; constituirían una comunidad cristiana con culto normal, con adoctrinamiento metódico, donde se leían entre los fieles, las epístolas de Pablo, "varón justo".
Como estos núcleos los había ya a finales del siglo II por todo el Imperio y eventualmente habían de pagar su tributo de sangre. Los de Scili son un caso en que han llegado a nosotros noticias ciertas del martirio de un grupo importante. ¿Cuántos otros fueron también víctimas de la persecución? Dios lo sabe, en cuya presencia no hay héroes anónimos; pero, así como las naciones levantan monumentos a los "soldados desconocidos", al traer aquí las actas del martirio de los fieles escilitanos honramos a todos aquellos cuyos nombres ignoramos y a los que en conjunto invocamos en las letanías diciendo: "Todos los santos mártires, rogad por nosotros".
Dicen así, copiadas literalmente, las tales actas:
"En Cartago, siendo cónsules Claudiano por primera vez y Presente por segunda, el día 16 de las calendas de agosto comparecieron en la sala del tribunal Esperato, Nartzalo, Cittino, Donata, Secunda, Vestia.
El procónsul Saturnino dijo: "Aún estáis a tiempo de lograr el perdón de nuestro señor el emperador si es que entráis en cordura".
Esperato dijo: "Nunca hemos hecho ningún mal ni hemos perpetrado delito; jamás hemos maldecido y aun hemos dado gracias del mal recibido. Ya ves, pues, que honramos a nuestro emperador".
El procónsul Saturnino dijo: "También nosotros somos religiosos, y nuestra religión es bien sencilla, y juramos por el genio de nuestro señor el emperador, y rogamos por su salud, lo cual también vosotros deberíais hacer".
Esperato dijo. "Si tranquilamente prestas oídos te expondré el misterio de la sencillez".
Saturnino dijo: "Dado lo mal que empiezas a despotricar contra nuestros dioses, no esperes te preste oídos", lo que debéis hacer es jurar por el genio de nuestro señor el emperador".
Esperato dijo: "Yo no conozco como máximo el imperio de este siglo, sino que más bien sirvo a aquel Señor a quien no ha visto ni puede ver con sus ojos hombre ninguno. No he cometido hurto; si algo compro, también pago los impuestos, y eso porque reconozco a mi Señor y al Emperador de los reyes y de todas las naciones".
El procónsul Saturnino dijo dirigiéndose a los demás: "Dejad de tener las creencias de éste".
Esperato dijo: "Las creencias son malas cuando incitan al falso testimonio o a cometer homicidios ".
Saturnino, el procónsul, dijo: "Mirad, dejad este género de locura".
Cittino dijo: "No tenemos miedo si no es a Nuestro Señor que está en los cielos".
Donata dijo: "El honor a César como a César, pero el temor sólo a Dios".
Vestía dijo: "Soy cristiana".
Secunda dijo: "Yo también lo soy y quiero seguir siéndolo".
El procónsul Saturnino dijo a Esperato: "Y ¿tú continúas en ser cristiano".
Esperato dijo: "Soy cristiano".
Y todos reafirmaron lo que él.
Saturnino dijo: "¿Queréis un plazo para reflexionar?".
Esperato dijo: "En asunto tan justo no ha lugar a deliberación".
El procónsul Saturnino dijo: "¿Qué traéis en ese estuche?".
Esperato dijo: "Unos libros y las cartas de Pablo, varón justo".
El procónsul Saturnino dijo. "Os doy un plazo de treinta días para que reflexionéis".
Esperato respondió de nuevo: "Soy cristiano".
Y lo mismo respondieron los demás.
Entonces el procónsul Saturnino leyó el decreto en la tablilla: "Esperato, Nartzalo, Cittino, Donata, Vestia y Secunda, y los demás que han confesado haber vivido como cristianos, a causa de que, habiendo sido invitados a seguir el uso de Roma, lo han rehusado obstinadamente, se determina que sufran la pena de espada".
Esperato dijo: "Demos gracias a Dios".
Y Nartzalo: "Hoy ya mártires estaremos en el cielo. Gracias a Dios".
El procónsul Saturnino mandó anunciar por pregón:
Esperato, Nartzalo, Cittino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Genara, Generosa, Vestia, Donata, Secunda sean conducidos al suplicio".
Todos dijeron: "Gracias a Dios".
Así terminan las actas del martirio, con ese "Deo gratias" unánime de los doce mártires, como si la Iectura de la sentencia provocara en ellos parte un suspiro de alivio, parte un grito de triunfo.
Una mano cristiana añadió a los protocolos oficiales esta coletilla: "Así todos juntos fueron coronados del martirio y reinan con el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos".
Realmente, no necesita apostillas tan bello documento. El procónsul Saturnino, el primero que desencadenó en Africa la gran persecución, según Tertuliano, pudo aprender laconismo y entereza de aquellos humildes cristianos que tuvo en su tribunal. Hablan con mesura, sin fanfarronería, pero con dignidad. Conservan todas las viejas virtudes romanas, que eran orgullo de este gran pueblo, pero sublimadas con la nueva religión. ¡Qué noble la frase de Secunda: "¡Lo que soy, eso quiero ser"! Hay en la breve y rotunda afirmación de esta mujer una firmeza inconmovible. Por eso les sobraron a todos los treinta días de plazo. "En causa tan justa no había lugar a deliberación".
Al responder con tal aplomo y seguridad aquellos sencillos aldeanos, sin sentirse cortados ante la pompa de la sala del tribunal del procónsul, nos parece percibir la profecía de Cristo: "Cuando os lleven a juicio no andéis pensando las palabras que debáis decir; mi Padre os pondrá en los labios las palabras que no podrán replicar vuestros adversarios".
Sí, es el procónsul el derrotado a pesar de dictar sentencia condenatoria. Sólo ante el triunfo pronunciamos frases de agradecimiento, y los mártires de Scili dijeron todos a una: "Gracias a Dios".
Las reliquias de estos mártires fueron conservadas en una espléndida basílica que posteriormente se levantó en su honor, en Cartago, y donde algunas veces predicó San Agustín. Después fueron transportadas a Lyón y en el siglo IX a Arlés, donde se supone que reposan actualmente.
CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA
Fuente: http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/07/07-17_martires_escilitanos.htm
Mártires.
El día 17 de julio del año 180, al comienzo del reinado de Cómmodo, el desdichado hijo y sucesor de Marco Aurelio, fueron ejecutados en Cartago un grupo de mártires procedentes de Scili, pequeña población de Numidia, en el Africa proconsular romana.
Eran gente humilde, doce en total, de los cuales cinco eran mujeres. Serían probablemente artesanos o trabajadores del campo, sin que tengamos de ellos más noticias que las escuetas que nos han transmitido las actas de su martirio. Todo hace suponer que fueran parientes entre sí, o tal vez matrimonios, pero no tenemos referencia exacta de tales extremos.
El documento de su martirio es de los más emocionantes de la antigüedad cristiana, que nos recuerda en su misma sencillez a los Evangelios. Resulta milagroso que haya podido conservarse, pues durante la persecución de Diocleciano fueron sistemáticamente destruidos los archivos cristianos y perecieron muchísimas de las actas auténticas de martirio. Estas a que nos referimos contienen el proceso proconsular estenográfico, tomado verbalmente por los notarios imperiales. Se trata de un texto irrecusable, que todo él rebosa verdad.
Procesos semejantes debieron de hacerse muchísimos. Las persecuciones sufrieron grandes alternativas, desde Nerón a Diocleciano. Unas veces arreciaban, otras aflojaban, permitiendo épocas de respiro, en que podía organizarse la vida religiosa con cierta seguridad.
La legislación romana era un tanto ambigua en lo referente al cristianismo, y por este tiempo se regulaba por el rescripto de Trajano, que prohibía buscar a los cristianos —conquirendi non sunt—, pero obligaba a las autoridades a formarles proceso cuando se presentaba contra ellos una denuncia suscrita en regla, dado que las delaciones anónimas no habían de ser tomadas en consideración. Ya se comprende que en una situación tan precaria, sujeta además a los rumores y calumnias que corrían entre el populacho sobre supuestos crímenes y costumbres nefandas de los cristianos, la vida de éstos estaba pendiente de un hilo, que con suma facilidad se quebraba cuando el procónsul o gobernador de provincias se dejaba exceder en su celo o compartía la inquina del vulgo contra ellos.
Porque lo extraño del caso es que, reconociendo en principio la legislación la honradez de los cristianos, al prohibir que se les buscase —"a los criminales se les busca y persigue", argüía con lógica Tertuliano— en cambio, si eran delatados por tales, se les condenaba a pena de muerte, aunque obtendrían sentencia absolutoria si apostataban de su fe.
De esta forma los procesos contra los cristianos revestían unas características peculiarísimas, que no tenían parangón con otros delitos que fueran llevados a los tribunales. La sola confesión del reo, sin más necesidad de testigos, era motivo suficiente de condenación, salvo que se retractase de su "crimen". Esto daba lugar a un forcejeo entre el presidente del tribunal y el cristiano, no carente de emoción, que en el caso que nos ocupa es destacadísimo, pues hasta se llega a conceder a los cristianos un plazo para que piensen y recapaciten, lo cual se hace constar asimismo en la sentencia
La terquedad del cristiano de mantenerse firme en su fe, que no cedía ante la tortura ni ante la muerte, debía ser incomprensible para el juez pagano. A algunos de éstos se les ve naturalmente honrados, y que proceden con disgusto en tan enojosos procesos, en los que, finalmente, eran ellos los vencidos y los mártires los campeones. Por lo general se quedaron en lo exterior, sin comprender toda la grandeza de los mártires, como el mismo Marco Aurelio, que, siendo un alma noble, de ética tan elevada que su pluma puede parecernos cristiana, persiguió duramente a los fieles tomando a fanatismo su desprecio de la vida.
Pero también hubo almas mejor dispuestas que llegaron a la verdad del cristianismo a través de la entereza de los propios mártires, superando los prejuicios y leyendas que corrían acerca de su baja moralidad. La comparación era bien patente: "así no morían los criminales", que además tenían ganada la libertad con un sencillo gesto de echar unos granos de incienso ante la estatua del emperador o formular por escrito o verbalmente una retractación.
Tales procesos, siendo públicos, se prestaban también a una "propaganda" de la nueva religión. El mártir era etimológicamente "el que daba fe", el que confesaba en público su doctrina y el que a menudo la rubricaba con su sangre, con lo que el testimonio resultaba del todo excepcional.
Los fieles no desaprovechaban la ocasión. Así hacían, junto con la confesión de su fe, una exposición de la misma, justificando sus creencias y la imposibilidad de retractarse de ellas. A las llamadas a la cordura de los jueces paganos contestan siempre que no pueden obedecer. Ellos acatan las leyes del Imperio, pagan los tributos, son ciudadanos respetuosos con las autoridades constituidas; pero no pueden acatar la religión oficial, que comportaba el culto al emperador y a la diosa Roma, o sea, la divinización del Estado. Esto constituía su "crimen", que lo era de lesa majestad y estaba castigado con pena de muerte.
Sin embargo, como los cristianos en su vida ordinaria no eran peligrosos se les dejaba en paz, siempre que no mediase delación formal o que los tumultos del populacho, tantas veces provocados por los judíos, no aconsejasen una táctica de rigor. En general, la política del Imperio para con el cristianismo fue contemporizadora, recordándonos en algunos aspectos la de ciertos Gobiernos anticomunistas de nuestros días.
Al evocar el martirio de los doce cristianos de Scili quisiéramos rendir un homenaje a otros muchísimos mártires anónimos de entonces. El cristianismo había penetrado ya profundamente en todas las capas sociales, había alcanzado no sólo las ciudades mejor comunicadas, adonde llegarían primero los predicadores evangélicos, sino también los municipios, y los "pagos" o aldeas. En Africa el centro de irradiación debió ser Cartago, puerto comercial de primer orden. Este grupo compacto de cristianos de Scili, bien instruidos en su fe, bien seguros de su religión, no serían improvisados; constituirían una comunidad cristiana con culto normal, con adoctrinamiento metódico, donde se leían entre los fieles, las epístolas de Pablo, "varón justo".
Como estos núcleos los había ya a finales del siglo II por todo el Imperio y eventualmente habían de pagar su tributo de sangre. Los de Scili son un caso en que han llegado a nosotros noticias ciertas del martirio de un grupo importante. ¿Cuántos otros fueron también víctimas de la persecución? Dios lo sabe, en cuya presencia no hay héroes anónimos; pero, así como las naciones levantan monumentos a los "soldados desconocidos", al traer aquí las actas del martirio de los fieles escilitanos honramos a todos aquellos cuyos nombres ignoramos y a los que en conjunto invocamos en las letanías diciendo: "Todos los santos mártires, rogad por nosotros".
Dicen así, copiadas literalmente, las tales actas:
"En Cartago, siendo cónsules Claudiano por primera vez y Presente por segunda, el día 16 de las calendas de agosto comparecieron en la sala del tribunal Esperato, Nartzalo, Cittino, Donata, Secunda, Vestia.
El procónsul Saturnino dijo: "Aún estáis a tiempo de lograr el perdón de nuestro señor el emperador si es que entráis en cordura".
Esperato dijo: "Nunca hemos hecho ningún mal ni hemos perpetrado delito; jamás hemos maldecido y aun hemos dado gracias del mal recibido. Ya ves, pues, que honramos a nuestro emperador".
El procónsul Saturnino dijo: "También nosotros somos religiosos, y nuestra religión es bien sencilla, y juramos por el genio de nuestro señor el emperador, y rogamos por su salud, lo cual también vosotros deberíais hacer".
Esperato dijo. "Si tranquilamente prestas oídos te expondré el misterio de la sencillez".
Saturnino dijo: "Dado lo mal que empiezas a despotricar contra nuestros dioses, no esperes te preste oídos", lo que debéis hacer es jurar por el genio de nuestro señor el emperador".
Esperato dijo: "Yo no conozco como máximo el imperio de este siglo, sino que más bien sirvo a aquel Señor a quien no ha visto ni puede ver con sus ojos hombre ninguno. No he cometido hurto; si algo compro, también pago los impuestos, y eso porque reconozco a mi Señor y al Emperador de los reyes y de todas las naciones".
El procónsul Saturnino dijo dirigiéndose a los demás: "Dejad de tener las creencias de éste".
Esperato dijo: "Las creencias son malas cuando incitan al falso testimonio o a cometer homicidios ".
Saturnino, el procónsul, dijo: "Mirad, dejad este género de locura".
Cittino dijo: "No tenemos miedo si no es a Nuestro Señor que está en los cielos".
Donata dijo: "El honor a César como a César, pero el temor sólo a Dios".
Vestía dijo: "Soy cristiana".
Secunda dijo: "Yo también lo soy y quiero seguir siéndolo".
El procónsul Saturnino dijo a Esperato: "Y ¿tú continúas en ser cristiano".
Esperato dijo: "Soy cristiano".
Y todos reafirmaron lo que él.
Saturnino dijo: "¿Queréis un plazo para reflexionar?".
Esperato dijo: "En asunto tan justo no ha lugar a deliberación".
El procónsul Saturnino dijo: "¿Qué traéis en ese estuche?".
Esperato dijo: "Unos libros y las cartas de Pablo, varón justo".
El procónsul Saturnino dijo. "Os doy un plazo de treinta días para que reflexionéis".
Esperato respondió de nuevo: "Soy cristiano".
Y lo mismo respondieron los demás.
Entonces el procónsul Saturnino leyó el decreto en la tablilla: "Esperato, Nartzalo, Cittino, Donata, Vestia y Secunda, y los demás que han confesado haber vivido como cristianos, a causa de que, habiendo sido invitados a seguir el uso de Roma, lo han rehusado obstinadamente, se determina que sufran la pena de espada".
Esperato dijo: "Demos gracias a Dios".
Y Nartzalo: "Hoy ya mártires estaremos en el cielo. Gracias a Dios".
El procónsul Saturnino mandó anunciar por pregón:
Esperato, Nartzalo, Cittino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Genara, Generosa, Vestia, Donata, Secunda sean conducidos al suplicio".
Todos dijeron: "Gracias a Dios".
Así terminan las actas del martirio, con ese "Deo gratias" unánime de los doce mártires, como si la Iectura de la sentencia provocara en ellos parte un suspiro de alivio, parte un grito de triunfo.
Una mano cristiana añadió a los protocolos oficiales esta coletilla: "Así todos juntos fueron coronados del martirio y reinan con el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos".
Realmente, no necesita apostillas tan bello documento. El procónsul Saturnino, el primero que desencadenó en Africa la gran persecución, según Tertuliano, pudo aprender laconismo y entereza de aquellos humildes cristianos que tuvo en su tribunal. Hablan con mesura, sin fanfarronería, pero con dignidad. Conservan todas las viejas virtudes romanas, que eran orgullo de este gran pueblo, pero sublimadas con la nueva religión. ¡Qué noble la frase de Secunda: "¡Lo que soy, eso quiero ser"! Hay en la breve y rotunda afirmación de esta mujer una firmeza inconmovible. Por eso les sobraron a todos los treinta días de plazo. "En causa tan justa no había lugar a deliberación".
Al responder con tal aplomo y seguridad aquellos sencillos aldeanos, sin sentirse cortados ante la pompa de la sala del tribunal del procónsul, nos parece percibir la profecía de Cristo: "Cuando os lleven a juicio no andéis pensando las palabras que debáis decir; mi Padre os pondrá en los labios las palabras que no podrán replicar vuestros adversarios".
Sí, es el procónsul el derrotado a pesar de dictar sentencia condenatoria. Sólo ante el triunfo pronunciamos frases de agradecimiento, y los mártires de Scili dijeron todos a una: "Gracias a Dios".
Las reliquias de estos mártires fueron conservadas en una espléndida basílica que posteriormente se levantó en su honor, en Cartago, y donde algunas veces predicó San Agustín. Después fueron transportadas a Lyón y en el siglo IX a Arlés, donde se supone que reposan actualmente.
CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA
Fuente: http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/07/07-17_martires_escilitanos.htm
17 de julio - Santa Marcelina.
17 de julio - Santa Marcelina.
Virgen.
Martirologio Romano: En Milán, ciudad de Liguria, santa Marcelina, virgen, hermana del obispo san Ambrosio, a la que el papa Liberio impuso el velo de consagrada en la basílica romana de San Pedro, en la fiesta de la Epifanía del Señor (s. IV ex.).
Marcelina era hermana de San Ambrosio de Milán. Nació antes que San Ambrosio, probablemente en Tréveris, donde su padre era prefecto de los galos. Marcelina se trasladó a Roma con su familia y, desde muy temprana edad, empezó a concentrarse exclusivamente en el fin para el que había sido creada.
Se encargó del cuidado de sus dos hermanos y, con sus palabras y ejemplo, les inspiró el amor a la virtud verdadera, no simplemente de la apariencia de virtud. Marcelina tenía por única mira la gloria de Dios. Para conseguir su objetivo, decidió renunciar al mundo.
El día de la Epifanía del año 353, recibió el velo de las vírgenes de manos del Papa Liberio, en la basílica de San Pedro. En el discurso que pronunció el Pontífice en esa ocasión, exhortó a Marcelina a amar exclusivamente a Jesucristo, a vivir en continuo recogimiento y mortificación y a conducirse en la iglesia con el más grande respeto y modestia. San Ambrosio, a quien debemos los ecos de esa exhortación, no vacila en criticar la elocuencia del Papa Liberio cuando la juzga insuficiente. San Ambrosio dedicó a su hermana su tratado sobre la excelencia de la virginidad. Siendo ya obispo, Marcelina le visitó varias veces en Milán y habló con él sobre la vida espiritual; en esa forma, ayudó a su hermano en sus relaciones con las vírgenes consagradas.
Marcelina practicó la más alta perfección. Ayunaba diariamente hasta el atardecer y consagraba la mayor parle del día y de la noche a la oración y la lectura espiritual. En los últimos años de su vida, San Ambrosio le aconsejó que moderase sus penitencias y aumentase el tiempo de oración; en particular, le recomendó los Salmos, la Oración del Señor y el Credo, al que llamó sello del cristiano y guardián del corazón. Marcelina siguió viviendo en Roma después de la muerte de su madre, no en comunidad, sino en una casa privada, junio con oirá mujer que participaba en todos sus ejercicios de devoción.
Marcelina sobrevivió a San Ambrosio, pero no sabemos exactamente en qué año murió. En la oración fúnebre pronunciada por San Ambrosio en memoria de su hermano Sátiro, llamó a Marcelina "...santa hermana, admirable por su inocencia, su rectitud y su bondad con el prójimo."
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=37856
Virgen.
Martirologio Romano: En Milán, ciudad de Liguria, santa Marcelina, virgen, hermana del obispo san Ambrosio, a la que el papa Liberio impuso el velo de consagrada en la basílica romana de San Pedro, en la fiesta de la Epifanía del Señor (s. IV ex.).
Marcelina era hermana de San Ambrosio de Milán. Nació antes que San Ambrosio, probablemente en Tréveris, donde su padre era prefecto de los galos. Marcelina se trasladó a Roma con su familia y, desde muy temprana edad, empezó a concentrarse exclusivamente en el fin para el que había sido creada.
Se encargó del cuidado de sus dos hermanos y, con sus palabras y ejemplo, les inspiró el amor a la virtud verdadera, no simplemente de la apariencia de virtud. Marcelina tenía por única mira la gloria de Dios. Para conseguir su objetivo, decidió renunciar al mundo.
El día de la Epifanía del año 353, recibió el velo de las vírgenes de manos del Papa Liberio, en la basílica de San Pedro. En el discurso que pronunció el Pontífice en esa ocasión, exhortó a Marcelina a amar exclusivamente a Jesucristo, a vivir en continuo recogimiento y mortificación y a conducirse en la iglesia con el más grande respeto y modestia. San Ambrosio, a quien debemos los ecos de esa exhortación, no vacila en criticar la elocuencia del Papa Liberio cuando la juzga insuficiente. San Ambrosio dedicó a su hermana su tratado sobre la excelencia de la virginidad. Siendo ya obispo, Marcelina le visitó varias veces en Milán y habló con él sobre la vida espiritual; en esa forma, ayudó a su hermano en sus relaciones con las vírgenes consagradas.
Marcelina practicó la más alta perfección. Ayunaba diariamente hasta el atardecer y consagraba la mayor parle del día y de la noche a la oración y la lectura espiritual. En los últimos años de su vida, San Ambrosio le aconsejó que moderase sus penitencias y aumentase el tiempo de oración; en particular, le recomendó los Salmos, la Oración del Señor y el Credo, al que llamó sello del cristiano y guardián del corazón. Marcelina siguió viviendo en Roma después de la muerte de su madre, no en comunidad, sino en una casa privada, junio con oirá mujer que participaba en todos sus ejercicios de devoción.
Marcelina sobrevivió a San Ambrosio, pero no sabemos exactamente en qué año murió. En la oración fúnebre pronunciada por San Ambrosio en memoria de su hermano Sátiro, llamó a Marcelina "...santa hermana, admirable por su inocencia, su rectitud y su bondad con el prójimo."
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=37856
17 de julio - San León IV.
17 de julio - San León IV.
CIII Papa.
San León IV. (* Roma, (¿?) – † 17 de julio de 855). Papa n.º 103 de la Iglesia católica de 847 a 855.
Arcipreste con Gregorio IV y subdiácono con Sergio II, León era cardenal cuando fue elegido papa por unanimidad.
Su acceso al pontificado vino marcado por el saqueo de Roma a manos de los sarracenos en 846. La ciudad sólo contaba con la defensa que le proporcionaba la muralla que el emperador Aureliano construyó en el siglo III y que no incluía la colina Vaticana donde a comienzos del siglo IV se construyó la primera Basílica de San Pedro donde se acumulaban los tesoros de la Iglesia. El saqueo del tesoro y la profanación que sufrió la propia tumba del apóstol hizo que León IV iniciara el amullaramiento de la colina Vaticana y la zona en torno a la Basílica de San Pedro dando lugar a lo que hoy se conoce como “Ciudad Leonina”.
Asimismo alentó la formación de una liga con las ciudades bizantinas de Nápoles, Gaeta y Amalfi para crear una flota unificada con la que hacer frente a los sarracenos que asolaban la costa italiana, logrando derrotarlos en la batalla naval que tuvo lugar frente a Ostia en 849. Esta victoria fue inmortalizada por Rafael en unos frescos pintados en el Palacio Vaticano.
Este mismo pintor reflejó en su obra “Incendio del burgo” el incendio que sufrió uno de los distritos de Roma y que según la tradición fue sofocado por el Papa milagrosamente.
En el orden doctrinal convocó y celebró durante su pontificado tres sínodos, uno de los cuales, celebrado en 850, contó con la presencia de Luís II, pero que fueron de poca importancia.
Confirmó a los venecianos su derecho a elegir al Dogo y fue el primer pontífice en datar los documentos oficiales.
Falleció el 17 de junio de 855 y fue enterrado en la Basílica de San Pedro.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_IV_%28papa%29
CIII Papa.
San León IV. (* Roma, (¿?) – † 17 de julio de 855). Papa n.º 103 de la Iglesia católica de 847 a 855.
Arcipreste con Gregorio IV y subdiácono con Sergio II, León era cardenal cuando fue elegido papa por unanimidad.
Su acceso al pontificado vino marcado por el saqueo de Roma a manos de los sarracenos en 846. La ciudad sólo contaba con la defensa que le proporcionaba la muralla que el emperador Aureliano construyó en el siglo III y que no incluía la colina Vaticana donde a comienzos del siglo IV se construyó la primera Basílica de San Pedro donde se acumulaban los tesoros de la Iglesia. El saqueo del tesoro y la profanación que sufrió la propia tumba del apóstol hizo que León IV iniciara el amullaramiento de la colina Vaticana y la zona en torno a la Basílica de San Pedro dando lugar a lo que hoy se conoce como “Ciudad Leonina”.
Asimismo alentó la formación de una liga con las ciudades bizantinas de Nápoles, Gaeta y Amalfi para crear una flota unificada con la que hacer frente a los sarracenos que asolaban la costa italiana, logrando derrotarlos en la batalla naval que tuvo lugar frente a Ostia en 849. Esta victoria fue inmortalizada por Rafael en unos frescos pintados en el Palacio Vaticano.
Este mismo pintor reflejó en su obra “Incendio del burgo” el incendio que sufrió uno de los distritos de Roma y que según la tradición fue sofocado por el Papa milagrosamente.
En el orden doctrinal convocó y celebró durante su pontificado tres sínodos, uno de los cuales, celebrado en 850, contó con la presencia de Luís II, pero que fueron de poca importancia.
Confirmó a los venecianos su derecho a elegir al Dogo y fue el primer pontífice en datar los documentos oficiales.
Falleció el 17 de junio de 855 y fue enterrado en la Basílica de San Pedro.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_IV_%28papa%29
17 de julio - Beato Pablo (Pedro) Gojdic.
17 de julio - Beato Pablo (Pedro) Gojdic.
Obispo y Mártir.
Pablo Pedro Gojdic, confirmado por la experiencia ascética en la Orden de San Basilio Magno, primero como obispo de la eparquía de Presov y, después, como administrador apostólico de Mukacevo, procuró constantemente realizar el programa pastoral que se había propuesto: «Con la ayuda de Dios, quiero llegar a ser padre de los huérfanos, ayuda de los pobres y consolador de los afligidos». Conocido por la gente como un «hombre de corazón de oro», para los representantes del Gobierno de su tiempo se había convertido en una verdadera «espina en el costado». Cuando el régimen comunista declaró ilegal a la Iglesia greco-católica, fue detenido y encarcelado. Comenzó así para él un largo calvario de sufrimientos, malos tratos y humillaciones, que lo llevó a la muerte por su fidelidad a Cristo y su amor a la Iglesia y al Papa.
Con estas pocas palabras, pero que van al centro de la santidad de vida del beato, presenta a Pablo Gojdich el papa Juan Pablo II en su homilía de beatificación, el 4 de noviembre de 2001. El beato Pablo había nacido en Presov (Eslovaquia), el 17 de julio de 1888, y murió mártir, confesando el nombre de Cristo ante el régimen comunista, en Leopoldov (también Eslovaquia), el 17 de julio de 1960, por lo que nació el mismo día, tanto en la tierra como en el cielo.
Puede leerse una biografía más detallada en italiano, en el mismo sitio Vaticano. Decreto de beatificación, con una breve biografía en latín, en Acta Apostolicae Sedis 94 (2002), pág. 586ss.
Obispo y Mártir.
fecha: 17 de julio
n.: 1888 - †: 1960 - país: Eslovaquia
otras formas del nombre: Pavel Peter Gojdic
canonización: B: Juan Pablo II 4 nov 2001
hagiografía: Vaticano
n.: 1888 - †: 1960 - país: Eslovaquia
otras formas del nombre: Pavel Peter Gojdic
canonización: B: Juan Pablo II 4 nov 2001
hagiografía: Vaticano
En
Leopoldov, lugar de Eslovaquia, beato Pablo (Pedro) Gojdich, obispo y
mártir, el cual, pastor de la eparquía de Presov, bajo un régimen ateo
fue encarcelado y sometido a tal clase de tribulaciones que, tras
atroces torturas, acogiendo fielmente la palabra de Cristo, con una
valerosa confesión de la fe pasó a la vida eterna.
Pablo Pedro Gojdic, confirmado por la experiencia ascética en la Orden de San Basilio Magno, primero como obispo de la eparquía de Presov y, después, como administrador apostólico de Mukacevo, procuró constantemente realizar el programa pastoral que se había propuesto: «Con la ayuda de Dios, quiero llegar a ser padre de los huérfanos, ayuda de los pobres y consolador de los afligidos». Conocido por la gente como un «hombre de corazón de oro», para los representantes del Gobierno de su tiempo se había convertido en una verdadera «espina en el costado». Cuando el régimen comunista declaró ilegal a la Iglesia greco-católica, fue detenido y encarcelado. Comenzó así para él un largo calvario de sufrimientos, malos tratos y humillaciones, que lo llevó a la muerte por su fidelidad a Cristo y su amor a la Iglesia y al Papa.
Con estas pocas palabras, pero que van al centro de la santidad de vida del beato, presenta a Pablo Gojdich el papa Juan Pablo II en su homilía de beatificación, el 4 de noviembre de 2001. El beato Pablo había nacido en Presov (Eslovaquia), el 17 de julio de 1888, y murió mártir, confesando el nombre de Cristo ante el régimen comunista, en Leopoldov (también Eslovaquia), el 17 de julio de 1960, por lo que nació el mismo día, tanto en la tierra como en el cielo.
Puede leerse una biografía más detallada en italiano, en el mismo sitio Vaticano. Decreto de beatificación, con una breve biografía en latín, en Acta Apostolicae Sedis 94 (2002), pág. 586ss.
fuente: Vaticano
Estas biografías de santo son propiedad de El
Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada
sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente
nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta
hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el
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17 de julio - San Enodio de Pavia.
Obispo.
Magnus Felix Ennodius, llamado Enodio de Pavía (Arlés, h. 473-Pavía, 521), obispo, hagiógrafo, Padre de la Iglesia y poeta galorromano.
Nació en Arlés, en el seno de una familia de origen romano. Se educó con una tía suya en Milán y contrajo matrimonio con una rica ciudadana. Se formó en la retórica clásica. Enodio sintió la vocación sacerdotal y pidió permiso a su esposa para separarse: fue ordenado diácono por san Epifanio de Pavía y ella ingresó en un monasterio. Desarrolló una importante labor didáctica, que culminó en 510, cuando fue elegido obispo de Pavía y sucedió al obispo Máximo.
Su labor al frente de su diócesis fue conocida en todo Occidente y el papa Hormisdas acudió a él en diversas ocasiones, para que lo representara ante el emperador Anastasio II, que favorecía a los monofisitas. Las legaciones de Enodio en Constantinopla fueron dos: en 515 para obligar al Patriarca de Constantinopla, Acacio, y al de Antioquía, Pedro, a aceptar las decisiones del Concilio de Calcedonia; y en 517 para amonestar al mismísmo emperador. Ninguna dio el fruto deseado y regresó, tras un accidentado viaje, a Pavía.
Murió en la ciudad de la que era obispo en 521. Su fiesta se celebra el 17 de julio.
Obra.
Tenía una mente curiosa y brillante y, desde su conversión al cristianismo, se dedicó al estudio de las Sagradas Escrituras, la filosofía, la retórica y la apologética. Su primera obra es una apología del papa Símaco, contra los partidarios del cismático Lorenzo. Pronto su calidad intelectual fue reconocida, y fue elegido para componer y recitar el panegírico del rey ostrogodo Teodorico I.
Otras obras suyas fueron las vidas de san Epifanio de Pavía y de san Antonio de Lérins, una obra autobiográfica (escrita como acción de gracias tras recuperarse de una enfermedad, titulada Eucharisticon) y numerosos textos poéticos; dejó, además, otras obras en prosa y en verso, además de una nutrida correspondencia formada por 297 cartas. Es considerado como el último de los retóricos clásicos.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Enodio_de_Pav%C3%ADa
17 de julio - San Kenelmo.
17 de julio - San Kenelmo.
Mártir.
Martirologio Romano: En el monasterio de Winchelcumbe, en la región de Mercia, en Inglaterra, san Kenelmo, príncipe de este territorio, que, según la tradición, está considerado mártir. († c.812).
Es muy difícil hacer emerger del olvido de la historia la figura de este santo mártir. Según una leyenda medieval, cuando Kenelmo tuvo 7 años murió su padre Kenulfo (Coenwulf), y el joven príncipe se convirtió así en el heredero los tronos de Mersia, Sussex, Wessex y de Anglia Oriental. Su hermana Quendreda (Cynefrith o Quoenthryth) pagó a su tutor, Asceberto, para que lo asesinase en los bosques de Clent y así ella pudría exigir su derecho al trono.
Asceberto ejecutó el encargo. Más cuando el cuerpo sin vida fue descubierto y enterrado en Winchcombe en Glastonbury, numerosos prodigios comenzaron a suceder sobre su tumba.
En realidad este relato tiene mucho de ficción, ya que Kenelmo no murió cuando tenía apenas 7 años. Está comprobado que él vivió al menos hasta a su adolescencia y murió entre los años 812 y 821 durante una batalla. Su muerte ocurrió antes que la de su padre, por lo que nunca pudo ser heredero de su trono.
En el Edad Media Kenelmo fue muy venerado en Inglaterra como santo y mártir y todavía sus reliquias son objeto de veneración en Gloucester y Winchcombe, donde aquellas reposan. La iconografía suele representarlo como un joven príncipe que tiene en una mano una lámpara encendida, en otras imágenes se lo presente con una paloma que lleva una carta en el pico.
El nuevo Martirologio Romano lo recuerda como mártir cada 17 de julio, siguiendo una antigua tradición que lo señala como tal.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=47163
Mártir.
Martirologio Romano: En el monasterio de Winchelcumbe, en la región de Mercia, en Inglaterra, san Kenelmo, príncipe de este territorio, que, según la tradición, está considerado mártir. († c.812).
Es muy difícil hacer emerger del olvido de la historia la figura de este santo mártir. Según una leyenda medieval, cuando Kenelmo tuvo 7 años murió su padre Kenulfo (Coenwulf), y el joven príncipe se convirtió así en el heredero los tronos de Mersia, Sussex, Wessex y de Anglia Oriental. Su hermana Quendreda (Cynefrith o Quoenthryth) pagó a su tutor, Asceberto, para que lo asesinase en los bosques de Clent y así ella pudría exigir su derecho al trono.
Asceberto ejecutó el encargo. Más cuando el cuerpo sin vida fue descubierto y enterrado en Winchcombe en Glastonbury, numerosos prodigios comenzaron a suceder sobre su tumba.
En realidad este relato tiene mucho de ficción, ya que Kenelmo no murió cuando tenía apenas 7 años. Está comprobado que él vivió al menos hasta a su adolescencia y murió entre los años 812 y 821 durante una batalla. Su muerte ocurrió antes que la de su padre, por lo que nunca pudo ser heredero de su trono.
En el Edad Media Kenelmo fue muy venerado en Inglaterra como santo y mártir y todavía sus reliquias son objeto de veneración en Gloucester y Winchcombe, donde aquellas reposan. La iconografía suele representarlo como un joven príncipe que tiene en una mano una lámpara encendida, en otras imágenes se lo presente con una paloma que lleva una carta en el pico.
El nuevo Martirologio Romano lo recuerda como mártir cada 17 de julio, siguiendo una antigua tradición que lo señala como tal.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=47163
17 de julio - San Colmano.
17 de julio - San Colmano.
Peregrino.
Martirologio Romano: En Stockerau, cerca de la ciudad de Viena, en Baviera, san Colmano, irlandés, que, al dirigirse como peregrino en nombre de Dios a Tierra Santa, fue tomado por un explorador enemigo, motivo por el cual le colgaron de un árbol y llegó así a la Jerusalén celestial. († 1012).
A inicios del siglo XI, los pueblos de la Moravia y de la Bohemia, en Austria, estaban divididos por un odio implacable, se enfrentaban entre sí en una cruel guerra. Es en aquella época que Colmano, irlandés de nacimiento, llegó a la ciudad de Stockcraw, situada a unas 30 Km. de Viena, era un peregrino que se dirigía a Jerusalén en peregrinación. Como el llegaba desde un país enemigo lo tomaron por espía, y a pesar de que él clamaba su inocencia, lo arrestaron y lo ejecutaron colgándolo de un árbol seco. Lo curioso es que, según costumbre, el cuerpo se descolgaba al descomponerse, pero el de nuestro hombre, se balanceó durante 18 meses e hizo florecer el árbol, los habitantes del lugar entendieron este signo como una señal del Cielo de que había muerto injustamente; a esto se sumaron milagros obrados por el santo, y la veneración se extendió, desde el 13 de octubre del 1014 (inhumación de su cuerpo), por Austria, Hungría, el Tirol, Baviera y el Palatinado.
Según la tradición, el árbol donde fue colgado se conserva hasta hoy en el castillo de Kreuzenstein, también cerca de Viena, mientras que el cuerpo del santo reposa en Melk, en la tumba que hizo construir en su honor el margrave Enrique II.
En su honor fueron erigidas muchas capillas, especialmente en las zonas montañosas. Aun hoy es posible encontrar en los campos fuentes de agua dedicadas al santo.
En el culto popular (el Martirologio no lo califica con ese título) es indebidamente invocado como mártir, según cierta tendencia medieval a considerar martirio algunas muertes violentas seguidas de milagros. Su iconografía lo presenta con hábito de peregrino y una cuerda en la mano como evocación a su ahorcamiento.
Anteriormente se lo recordaba el 13 de octubre.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=47164
Peregrino.
Martirologio Romano: En Stockerau, cerca de la ciudad de Viena, en Baviera, san Colmano, irlandés, que, al dirigirse como peregrino en nombre de Dios a Tierra Santa, fue tomado por un explorador enemigo, motivo por el cual le colgaron de un árbol y llegó así a la Jerusalén celestial. († 1012).
A inicios del siglo XI, los pueblos de la Moravia y de la Bohemia, en Austria, estaban divididos por un odio implacable, se enfrentaban entre sí en una cruel guerra. Es en aquella época que Colmano, irlandés de nacimiento, llegó a la ciudad de Stockcraw, situada a unas 30 Km. de Viena, era un peregrino que se dirigía a Jerusalén en peregrinación. Como el llegaba desde un país enemigo lo tomaron por espía, y a pesar de que él clamaba su inocencia, lo arrestaron y lo ejecutaron colgándolo de un árbol seco. Lo curioso es que, según costumbre, el cuerpo se descolgaba al descomponerse, pero el de nuestro hombre, se balanceó durante 18 meses e hizo florecer el árbol, los habitantes del lugar entendieron este signo como una señal del Cielo de que había muerto injustamente; a esto se sumaron milagros obrados por el santo, y la veneración se extendió, desde el 13 de octubre del 1014 (inhumación de su cuerpo), por Austria, Hungría, el Tirol, Baviera y el Palatinado.
Según la tradición, el árbol donde fue colgado se conserva hasta hoy en el castillo de Kreuzenstein, también cerca de Viena, mientras que el cuerpo del santo reposa en Melk, en la tumba que hizo construir en su honor el margrave Enrique II.
En su honor fueron erigidas muchas capillas, especialmente en las zonas montañosas. Aun hoy es posible encontrar en los campos fuentes de agua dedicadas al santo.
En el culto popular (el Martirologio no lo califica con ese título) es indebidamente invocado como mártir, según cierta tendencia medieval a considerar martirio algunas muertes violentas seguidas de milagros. Su iconografía lo presenta con hábito de peregrino y una cuerda en la mano como evocación a su ahorcamiento.
Anteriormente se lo recordaba el 13 de octubre.
Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=47164
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