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lunes, 30 de junio de 2014

9 de julio - Santos Gregorio Grassi y 25 compañeros.

9 de julio - Santos Gregorio Grassi y 25 compañeros.

Mártires en China.

 Martirologio Romano: En la ciudad de Tai-Juan-Fou, en la provincia de Shanxi, también en China, pasión de los santos mártires Gregorio Grassi y Francisco Fogolla, obispos de la Orden de los Hermanos Menores, y de otros veinticuatro compañeros, que durante la persecución llevada a cabo por el movimiento de los Yihetuan fueron asesinados en odio al nombre cristiano (1900). Cuyos nombres son: santos Elías Facchini, Teodorico Balat, presbíteros, y Andrés Bauer, religioso, de la Orden de los Hermanos Menores; María Ermellina de Jesús (Irma) Grivot, María Paz (María Ana) Giuliani, María Clara (Clelia) Nanetti, María de Santa Natalia (Juana María) Kerguin, María de San Justo (Ana Francisca) Moreau, María Adolfina (Ana Catalina) Dierk, María Amandina (Paulina) Jeuris, Religiosas del Instituto de las Franciscanas Misioneras de María; y también Juan Zhang Huan, Patricio Dong Bodi, Felipe Zhang Zhihe, Juan Zhang Jingguang, Juan Wang Rui, Tomás Shen Jihe, Simón Chen Ximan, Pedro Wu Anpeng, Francisco Zhang Rong, Matías Feng De, Santiago Yan Guodong, Pedro Zhang Banniu, Santiago Zhao Quanxin y Pedro Wang Erman.

Etimológicamente: Gregoro = Aquel que esta siempre preparado, es de origen griego.


El 1 de octubre del año 2000, el papa Juan Pablo II canonizó a 120 beatos martirizados en China. Treinta de ellos pertenecen a la Familia Franciscana: uno, San Juan de Triora, fue martirizado en 1816, y a él le dedicamos una página especial; los otros 29 fueron martirizados en julio de 1900, y beatificados por Pío XII el 24 de noviembre de 1946: San Gregorio Grassi y 25 compañeros inmolaron sus vidas por la fe en Taiyuanfu, en la región de Shansi, el 9 de julio; entre ellos se encontraban Santa María Herminia de Jesús y otras seis Franciscanas Misioneras de María, a las que dedicamos una página especial; días antes y en el Hunan Meridional habían sido martirizados San Antonino Fantosati y dos compañeros suyos. De estos 29 mártires, ocho eran frailes menores (tres obispos, cuatro sacerdotes y un hermano laico); siete, hermanas Franciscanas Misioneras de María; once, franciscanos seglares chinos, cinco de los cuales eran seminaristas; y tres, fieles laicos chinos.

La presencia franciscana en China se remonta a los primeros tiempos de la Orden, y testigos de ello son figuras tan representativas como Juan de Pian del Carpine († 1252) y Juan de Montecorvino (†1328), primer arzobispo de Pekín, o el Beato Odorico de Pordenone († 1331). Pero hay que añadir que, si bien el testimonio franciscano no ha faltado nunca en aquel inmenso Imperio, ha sufrido fuertes vaivenes por las persecuciones que de tiempo en tiempo se han ido repitiendo. Vengamos al siglo XIX: en 1816 fue martirizado San Juan de Triora, y al final del siglo, en 1900, sufrieron el martirio, de mano de los boxers, otros 29 santos de la familia franciscana.

Con el término inglés "boxers" se designa a los miembros de una sociedad secreta de carácter religioso y político a la vez, cuyos inicios se remontan a los primeros años del siglo XIX. Una de sus principales características era la xenofobia, odio, repugnancia y hostilidad hacia los extranjeros. Pasaron por largos períodos de vida más o menos precaria. Pero, en febrero de 1900, en medio de una situación social y política convulsionada, se les unieron miles de soldados y no tardó en estallar la revolución de los boxers, sucediéndose los asesinatos de chinos conversos y de religiosos extranjeros, el incendio y la devastación de iglesias y de misiones, la destrucción de vías férreas y de tendidos eléctricos, etc. La vida y organización cristiana, que era próspera en los vicariatos de Shansi y de Hunan, quedó prácticamente asolada. De la familia franciscana fueron más de trescientas las víctimas mortales. Entre ellas destacan los 29 santos, miembros de la Primera y de la Tercera Orden, que ahora recordamos: 26 fueron inmolados en el Vicariato Apostólico de Shansi Septentrional y 3 en el de Hunan Meridional.

En el Vicariato de Shansi fueron apresados y encarcelados el Vicario Apostólico, Mons. Gregorio Grassi, y su Coadjutor, Mons. Francisco Fogolla, junto a los sacerdotes Elías Facchini y Teodorico Balat, y al hermano profeso Andrés Bauer, todos ellos de la Orden de Hermanos Menores. Compañeras suyas de martirio fueron siete Franciscanas Misioneras de María. Y compartieron su suerte 14 laicos, todos de nacionalidad china, 11 de los cuales pertenecían a la Orden Franciscana Seglar: cinco eran seminaristas, otros colaboradores domésticos de los obispos y de los misioneros, catequistas, etc. Todos éstos dieron la vida por Cristo en Taiyuanfu, capital de la provincia, el 9 de julio de 1900, en la sangrienta persecución de los boxers.

También en el Vicariato de Hunan y aun antes se desencadenó con toda su virulencia la revuelta de los boxers. La revolución iniciada en Shantung, donde los boxers habían resultado victoriosos contra los europeos, estalló en Hunan el 4 de julio de 1900 con actos de vandalismo y destrucción de residencias, iglesia, orfanato, etc. De aquí se extendió rápidamente a todas las otras comunidades cristianas del Vicariato, que fueron saqueadas, incendiadas y destruidas; incluso las familias cristianas fueron depredadas. Algunos del clero nativo se disfrazaron, otros huyeron o se escondieron, y otros afrontaron la muerte. El primer franciscano en ser inmolado fue el P. Cesidio Giacomantonio, quemado vivo el 4 de julio de 1900. Tres días después corrieron parecida suerte sus hermanos de hábito Mons. Antonino Fantosati, Vicario apostólico de Hunan Meridional, y su fiel compañero el P. José María Gambaro.

He aquí una breve crónica del martirio.

A todos los mártires de Shansi, después de un tiempo de cárcel, los hicieron salir en fila, precedidos por los dos obispos y rodeados de soldados que los custodiaban estrechamente para que no pudieran escaparse. Mons. Grassi tuvo que decirles:

-- No es necesario que nos atéis; iremos voluntarios a donde nos llevéis.

Como respuesta, uno de los soldados hirió al obispo, y también sus compañeros fueron heridos sin compasión; por su parte, las hermanas fueron tratadas con saña y desprecio. Todos, camino del tribunal del Virrey, fueron maltratados y escarnecidos por los soldados y los boxers, que, temiendo que los cristianos reaccionaran y trataran de liberarlos, los tenían más sujetos y vigilados.

Llegados al tribunal, el Virrey mandó que las víctimas se arrodillaran en una larga fila, y comenzó el juicio.

Dirigiéndose a Mons. Fogolla le dijo:

-- ¿Desde cuándo estás en China y a cuántos del pueblo has perjudicado haciéndolos cristianos?

-- Hace muchos años que estamos en China -respondió el obispo- y nunca hemos perjudicado a nadie; al contrario, hemos beneficiado a muchos.

-- ¿Y -prosiguió el Virrey- qué medicina dais a la gente para hacerlos cristianos, que ni siquiera los niños están dispuestos a abandonar vuestra religión?

-- Nosotros no les damos ninguna medicina para hacerlos cristianos, y ellos son plenamente libres; pero saben que no deben apostatar, porque están convencidos de que es un mal, y que es pecado no adorar al Dios del cielo.

El Virrey dio unos puñetazos al obispo, y luego gritó:

--¡Matadlos, matadlos!

De inmediato los soldados irrumpieron y brutalmente sacaron de la sala del tribunal a las víctimas, desenvainaron las espadas y empezó la salvaje carnicería. Los primeros en caer fueron los obispos y los misioneros; luego, los seminaristas y los laicos; cuando les llegó el turno a las religiosas, se quitaron el velo, se cubrieron la cara y dejaron al descubierto el cuello para facilitar su trabajo a los verdugos; entretanto, Sor María de la Paz entonó el Te Deum que las otras siguieron hasta su decapitación.

Los restos mortales de los mártires, después de ser objeto de ludibrio de los boxers, los soldados y la plebe, fueron arrojados a una fosa común en la que eran enterrados los malhechores y los vagabundos.

En cuanto a los mártires de Hunan, sus cuerpos fueron incinerados y las cenizas arrojadas al viento y al río.

Los perseguidores de Shansi y de Hunan creyeron que borraban la memoria de sus víctimas mezclando sus huesos con los de facinerosos, dándolos como pasto a los perros y a las aves rapaces o dispersando sus cenizas. Pero se dice que, cuando los restos fueron exhumados, la tierra se cubrió de un suave manto de nieve, que hizo exclamar al Virrey, impresionado por el espectáculo: «Estos extranjeros eran de veras gente buena y valiente, el mismo cielo se asocia a sus funerales». En los lugares del martirio y en las tumbas que custodian los restos de los mártires, el gobierno erigió monumentos expiatorios.

El papa Pío XII los beatificó a todos el 24 de noviembre de 1946, y Juan Pablo II los canonizó el 1 de octubre del 2000.

A continuación damos una breve noticia de cada uno de estos mártires. Recordamos que tanto San Juan de Triora como Santa María Herminia de Jesús y sus compañeras Franciscanas Misioneras de María tienen página propia en nuestro Santoral.



MÁRTIRES DE SHANSI:
San Gregorio Grassi (1833-1900). Noble figura de franciscano, misionero y obispo. Nació en Castellazzo Bormida, provincia de Alessandria, en Piamonte (Italia), el 13 de diciembre de 1833, siendo el tercero de los nueve hijos de Juan Bautista y Paola Francisca Mocagatta. Fue bautizado el mismo día con el nombre de Pierluigi, y su madre lo consagró a la Virgen para que lo protegiera toda su vida.

El 2 de noviembre de 1848 vistió el hábito franciscano en el convento noviciado de Montiano (Forlí), y cambió su nombre por el de Gregorio. En agosto de 1856, terminados los estudios en el convento de la SS. Annunziata de Bolonia, fue ordenado sacerdote, y pidió ser enviado a misiones. Dos años después estaba en Roma, en el colegio misionero de San Bartolomé de la Isla, preparándose para las misiones de China, hacia donde partió a finales de 1860. Visitó devotamente la Tierra Santa y llegó a Schang-tong. Destinado a Shansi, trabajó varios años en el Distrito de Tee-yuen-sien, de donde pasó a Taiyuanfu, capital de la provincia. Durante 40 años ejerció su dinámico apostolado, primero como misionero, después, en 1876, como obispo coadjutor con derecho a sucesión, y en 1891 como Vicario Apostólico de Shansi Septentrional, donde dio notable desarrollo a la conquista misionera.

Hablaba perfectamente el chino. Fue rector del seminario indígena. En 1893 abrió en el territorio de Shansi el primer noviciado franciscano de China. Eran constantes sus visitas pastorales a las numerosas pequeñas comunidades cristianas, distantes a veces hasta 450 kilómetros, hechas con diligencia, por caminos en extremo difíciles. En 1878 su territorio padeció una terrible carestía, seguida de graves epidemias, con siete millones de víctimas, entre ellas 4.000 cristianos. También él sufrió el mal, infectado en la asistencia a los enfermos, pero se curó milagrosamente, y reinició sus recorridos apostólicos consolando, alentando, ayudando generosamente. En su largo apostolado, construyó 60 iglesias, entre ellas el santuario de Santa María de los Angeles, a 2.000 metros de altura. Fue asiduo en el confesionario y en la catequesis de niños y adultos, en la asistencia a los pobres y necesitados, y en la defensa y apoyo de los misioneros. Dedicaba largas horas a la oración y meditación. Pensaba volver a Italia para recobrar las energías, pero otro viaje lo esperaba. En vísperas del martirio, invitado a huir y esconderse, Mons. Grassi respondió: «Desde la edad de doce años he deseado y pedido al Señor ser mártir, ¿y ahora que ha llegado el momento deseado, tendría que huir?»

Recibió la palma del martirio, a los 67 años, capitaneando un glorioso batallón de mártires de la fe caídos bajo la espada de los boxers el 9 de julio de 1900 en Taiyuanfu.

San Francisco Fogolla (1839-1900). Obispo coadjutor de Mons. Grassi. Nació en Montereggio, en la región de los Apeninos de Lunigiana, el 4 de octubre de 1839, por lo que le impusieron el nombre del Santo de Asís. Recibió de sus padres una buena educación moral y religiosa. En Parma, adonde se había trasladado su familia, tuvo un contacto frecuente con los Hermanos Menores de la iglesia de la Annunziata, y no tardó en sentir crecer en su corazón la vocación franciscana y misionera. Vistió el hábito franciscano en 1858 y, terminados los estudios, fue ordenado sacerdote en 1863.

Después de la adecuada formación, recibida en el convento romano de San Bartolomé de la Isla Tiberina, en diciembre de 1866 se embarcó para China. De camino, permaneció un año en Palestina para visitar los Santos Lugares y prepararse espiritualmente. El 11 de febrero de 1868 llegó a China y fue destinado a Taiyuanfu, en Shansi, donde se encontraba Gregorio Grassi y donde fue acogido con gran alegría por el Vicario Apostólico Mons. Mocagatta. Pronto su celo suscitó la admiración de los fieles y el odio de los adversarios. Llegó a poseer un extraordinario conocimiento del idioma chino. A los siete años de su llegada fue nombrado rector del seminario y Vicario General de la misión de Lun-gan-fu, y en calidad de tal se dedicó a visitar las comunidades cristianas, a administrar sacramentos, a predicar a cristianos y no cristianos.

Era un año de carestía y la gente, desnutrida y hambrienta, moría de hambre en las casas, en las calles y en los campos. El misionero pidió y obtuvo recursos de Europa a cambio de estatuillas de bronce y objetos artesanales locales que recibió de sus feligreses y envió a París; así fue para todos amoroso dispensador de ayuda. Con ocasión de la Exposición Misionera Internacional de Turín, viajó con cuatro seminaristas. En París lo sorprendió la noticia de su nombramiento como obispo auxiliar de Mons. Grassi, y allí mismo fue consagrado el 24 de agosto de 1898. Recorrió Francia, Bélgica e Inglaterra buscando ayuda para la misión, y en Roma consiguió la mejor que podía desear: siete hermanas que la madre María de la Pasión enviaba a Taiyuanfu para atender el orfanato y otras tareas asistenciales. El 12 de marzo de 1899 emprendió el viaje de regreso a China con las siete Franciscanas Misioneras de María.

Entregado de nuevo a su trabajo y apenas asumidas las nuevas responsabilidades que se le habían confiado, lo sorprendió la persecución de 1900, con la llegada a Shansi del sanguinario gobernador Ju-sien. Sus últimas palabras fueron: «Nunca hemos perjudicado a nadie; al contrario, hemos beneficiado a muchos». A su hermano que lo invitaba insistentemente a volver a Italia, le escribió: «Deseo morir con las armas en las manos combatiendo contra el infierno para estar más cerca de volar al cielo».

Fue decapitado por los boxers el 9 de julio de 1900. Tenía 61 años de edad, 30 de misionero y dos de obispo.

San Elías Facchini (1839-1900). Sacerdote. Nació en Reno Centese, provincia de Ferrara, pero arzobispado de Bolonia, en 1839, de Francisco y Mariana Guaialdi. Los compañeros lo apodaban «el loco Facchini». Cuando se difundió la noticia de que quería hacerse fraile, una viejecita exclamó: «Si ese se hace fraile, me hago cortar la cabeza». Y es que tenía un carácter jovial y jocoso, pero al mismo tiempo cándido y generoso. Admitido entre los hijos de San Francisco, profesó el 1 de noviembre de 1859, y fue ordenado sacerdote en diciembre de 1864 en Ferrara.

En 1866 pidió y obtuvo el permiso para incorporarse a las misiones de China. A tal fin se estuvo preparando en el convento romano de San Bartolomé de la Isla Tiberina. En abril de 1868 llegó a Taiyuanfu con otros cinco frailes con quienes compartía sus anhelos, y compartiría las fatigas y también las alegrías de la evangelización. Su primer campo de apostolado fue Ta-cong-fu. Pero muy pronto lo llamaron a dirigir el seminario indígena de Taiyuanfu, en el que enseñó letras y teología. Trabajaba intensamente, dormía poco, escribió textos para los seminaristas y obras de formación espiritual. Participó en dos Sínodos Regionales del Vicariato, el de 1880 y el de 1885, y en el III Sínodo de Shensi.

En 1893 fue nombrado superior y maestro de novicios en el nuevo convento que había construido Mons. Grassi en Tun-el-koun. También aquí, como trabajador incansable, hacía miles de cosas con una facilidad asombrosa. Cuatro años después lo llamaron a tomar de nuevo la dirección del seminario mayor de Taiyuanfu. Vivía habitualmente en oración y en él se podía admirar al auténtico franciscano de vida austera, al rector de seminario sabio y prudente que formó para la vida cristiana y para el sacerdocio a numerosos jóvenes, al misionero incansable en la conversión de los infieles, al escritor ilustrado que preparó y escribió textos de estudio y de formación religiosa. Cuando a principios de 1900 comenzaba a entrever la proximidad del martirio, solía decir: «Si me matan, iré más pronto al Paraíso. Mi cuerpo está ya desgastado. Si he de morir por la Religión, daré gracias al Señor». Cuando sufrió el martirio el 9 de julio de 1900, tenía 61 años de edad, de los cuales había pasado 33 de vida misionera en China.

San Teodorico Balat (1854-1900). Sacerdote. Nació el 23 de octubre de 1858 en San Martín de Tour, diócesis de Albi (Francia), por lo que sus hermanos de misión lo llamaban «el buen albigense». Sus padres, Juan Francisco y Rosa Taillefer, se esforzaron por darle una educación profundamente cristiana. A los 11 años entró en el seminario menor de Lavour, y a los 20 en el de Albi. Era de carácter inquieto y a ratos de genio áspero. El 29 de junio de 1880 vistió el hábito franciscano en Pau en el noviciado de la Provincia Minorítica de San Luis. Pero, al decretarse el destierro de los religiosos, tuvo que continuar el noviciado en Inglaterra, y el 30 de junio de 1881 hizo la profesión en el convento de Woodlands, donde permaneció algunos años.

La vocación misionera entusiasmaba al joven P. Teodorico, que decidió partir para China. Antes visitó los lugares franciscanos, La Verna y Asís, y luego Tierra Santa. Aquí su salud, ya frágil, empeoró: fiebre y fortísimos y agotadores espasmos al estómago, pero se alivió rápidamente. Desembarcó en China en octubre de 1884, y en diciembre de 1885 llegó a Taiyuanfu. Pronto aprendió muy bien la lengua china. Siempre estuvo lleno de juvenil entusiasmo, activo, incansable. Mons. Grassi le confió oficios delicados: profesor en el seminario menor, maestro de novicios en el noviciado franciscano, ecónomo de la misión y capellán de las religiosas Franciscanas Misioneras de María y del orfanato. En el desempeño de esta última tarea lo sorprendió la revolución de los boxers. Alguien le aconsejó que huyera, pero él respondió: «Mi deber es permanecer aquí». Cuando llegó a la residencia misionera el tirano Ju-sien con sus secuaces, él estaba rezando tranquilamente el breviario; se levantó, bendijo a las hermanas y las acompañó valientemente al suplicio compartiendo con ellas la palma del martirio el 9 de julio de 1900.

San Andrés Bauer (1866-1900). Religioso profeso. Nació en Guebwiller, Alsacia (Francia), el 24 de noviembre de 1866, de Lucas y Lucía Moser, siendo el sexto de ocho hermanos. Hombre sencillo y sin malicia, el 12 de agosto de 1886, a los 20 años de edad, vistió el hábito de la Orden de Hermanos Menores, como religioso no clérigo, en Clevedon, Inglaterra, pues las leyes entonces vigentes no le permitían hacerlo en Francia. Pronto la legislación militar de su país lo reclamó y tuvo que regresar a Francia, donde vistió el uniforme militar por espacio de tres años. Luego, en vista de la necesidad que sufrían sus padres, decidió ayudarles por un tiempo. Al prolongarse éste, su piadosa madre le dijo: «Andrés, sigue tu vocación. No te preocupes por nosotros, la Providencia nos asistirá. No te demores para responder al Señor, que el mundo no quiere saber más de ti».

Volvió a vestir el hábito franciscano en Amiens el año 1895. Más tarde fue destinado a París. Andrés, desde que ingresó en la Orden, tenía la aspiración de ser misionero, y esa aspiración pudo hacerla realidad cuando en París conoció a Mons. Fogolla, que se preparaba para la consagración episcopal: se enroló en su expedición y el 4 de mayo de 1899 Andrés se encontraba ya en Taiyuanfu, China, ansioso por convertir a muchos infieles. Servicial con todos, no sabía estarse quieto sino en la oración. El Vicario Apostólico, Mons. Grassi, le confió la dirección del personal laico de su casa y el ambulatorio, aparte los servicios que tenía que prestar en su comunidad religiosa. Fue un enfermero entregado a los pacientes, un verdadero samaritano.

Su vida misionera duró sólo 14 meses. La revuelta de los boxers le sorprendió cuando atendía el ambulatorio de hombres. Poco antes había escrito a un hermano suyo: «Nos encontramos en el amanecer de un nuevo siglo, y no sé lo que nos espera. ¡Ojalá pudiese, como el buen ladrón, robar también yo el Paraíso!» Cuando meses más tarde, un soldado chino le pedía las manos para atarlo, Andrés se postró ante él y besó las cadenas, por considerar que el verdugo venía a abrirle las puertas del Paraíso. Sereno y cantando el salmo: «Alabad al Señor todas las naciones...», se encaminó hacia el lugar donde la hermana muerte saldría a su encuentro en la decapitación. Era el 8 de julio de 1900 y tenía 33 años de edad.

San Juan Tchang (1877-1900). Seminarista. De nacionalidad china, a los 11 años entró en el Seminario, primero en Ko-lao-kou y luego en Taiyuanfu, donde tuvo de superior al P. Facchini y donde inició los estudios teológicos. Estudiaba con mucha diligencia y era cumplidor de su deber. De carácter muy vivo, pero ejemplar entre sus compañeros. Había recibido ya las órdenes menores e, iniciada la teología, se había hecho terciario franciscano. De carácter inquieto, debió imponerse fuertes renuncias para vencerse. Muy devoto, a diario oía la misa, tomaba la comunión, rezaba el rosario y hacía el vía crucis. Pudiendo librarse del martirio si renegaba de la fe cristiana, rechazó resueltamente tal propuesta y, a los 23 años, fue el primero del grupo de cinco seminaristas en derramar la sangre por Cristo a manos de los boxers el 9 de julio de 1900.

San Patricio Tong (1882-1900). Seminarista. Nació en China en 1882, y a la edad de 12 años ingresó en el seminario menor; a su debido tiempo pasó al seminario mayor de Taiyuanfu y se hizo terciario franciscano. El P. Fogolla, que era su rector, premió la bondad del joven escogiéndolo como compañero de viaje a Italia, con ocasión de la Exposición Misionera Internacional de Turín de 1898; además, lo acompañó, junto con otros chinos, en las visitas que hizo a Francia, Bélgica e Inglaterra, dejando en todas partes óptimas impresiones de alma cándida y privilegiada. A su regreso de Italia manifestó su gran deseo de hacerse Hermano Menor. Cuando estaba a punto de entrar en el noviciado, se desencadenó la persecución religiosa de los boxers. De Patricio se recuerda esta anécdota: mientras estaba en la cárcel, obtuvo permiso para volver al seminario por un objeto que apreciaba mucho y para saludar a sus padres, familiares y amigos. Todos lo apremiaban, y sus padres lo hacían con llanto, para que no volviera a la cárcel sino que se pusiera a salvo. Él rehusó enérgicamente todas las propuestas y volvió pronto a la prisión. Fue inmolado el 9 de julio de 1900 cuando tenía 18 años.

San Felipe Tchang (1880-1900). Seminarista. Nació en 1880, hijo de fervorosos cristianos. A los dieciséis años entró en el seminario menor, donde se mostró dócil, manso y sobre todo devoto. Tardo de ingenio, encontró muchas dificultades en el estudio y sobre todo en el aprendizaje del latín, pero supo superar ese obstáculo con el esfuerzo propio de las almas generosas y nobles que saben hacer frente a todo para realizar su propio ideal. Tanto los superiores como los compañeros lo estimaban y admiraban porque era bueno y caritativo, firme y generoso para secundar nobles iniciativas. En su momento pasó del seminario menor al mayor de Taiyuanfu, donde con el estudio, la oración y la disciplina se preparaba para ser un digno sacerdote de Cristo, continuador entre su pueblo de la obra evangelizadora de los misioneros; se hizo terciario franciscano, y la espiritualidad franciscana le ayudó mucho en la elevación de su alma a Dios. Pero su final glorioso estaba ya muy cercano. La persecución de Ju-sien le dio la oportunidad de dar su vida por Cristo. Sereno y decidido subió a su Calvario, donde fue decapitado cuando apenas tenía 20 años, el 9 de julio de 1900.

San Juan Tchang (1882-1900). Seminarista. Era el primogénito de cinco hermanos, y sus padres, fervientes católicos, murieron cuando él era todavía un niño. En el seminario menor hizo rápidos progresos en los estudios, de modo que los superiores lo encargaron de enseñar las ceremonias, el latín y otras materias escolares a los compañeros más lentos para el aprendizaje. De carácter dinámico y fuerte, cuando era vencido por su forma de ser lo reconocía cándidamente ante su rector, el después obispo mártir Francisco Fogolla. En 1897 recibió las órdenes menores, y por los mismos días recibió el hábito de la Tercera Orden franciscana de manos del también mártir Elías Facchini que admiraba su índole noble y sus virtudes no comunes. Un compañero suyo, que no tuvo la gracia del martirio, lo describió así: «Juan era modelo para todos nosotros por su diligencia, empeño y constancia en el estudio. Era fervoroso en la oración, se acercaba devotamente a la comunión, participaba activamente en la santa Misa, y hacía largas meditaciones. Había logrado moderar su carácter vivaz con una amable dulzura. Todos aprendimos de él». Al desatarse la persecución, fue hecho prisionero. Tuvo la oportunidad de huir, pero no quiso. Le propusieron renegar de su fe, y él lo rechazó enérgicamente. Recibió la palma del martirio el 9 de julio de 1900 cuando tenía dieciocho años.

San Juan Wang (1885-1900). Seminarista. Su padre era presidente de la comunidad cristiana del lugar en que nació, y Juan recibió una buena formación religiosa, a la cual sirvió de apoyo su índole jovial, inquieta y resuelta. Profundamente atraído por las cosas espirituales, a los diez años entró en el seminario. En 1897 fue escogido con otros para ir a Italia y participar en la Exposición Misionera Internacional de Turín, de donde regresaron en 1899. Juan era el más joven del grupo, apreciado por su piedad y su carácter amable y jovial. En Turín pronto se convirtió en el ídolo de los visitantes. Ya había recibido la tonsura y hecho la profesión en la Tercera Orden Franciscana. La Madre María de la Pasión, fundadora de las Franciscanas Misioneras de María, escribe: «Juan Wang era un pequeño y simpático seminarista, sabía manejar magistralmente los instrumentos de la música china...». Durante el tiempo en que estuvieron encarcelados por los boxers, Juan jugaba e invitaba a los compañeros a jugar con él. A Fray Elías Facchini, su rector, le parecía una ligereza, por lo que le llamó la atención. Juan sonriendo le contestó: «Padre, ¿por qué tenemos que estar tristes? ¿Por fortuna, si nos matan, no vamos al Paraíso? Con mayor razón debemos estar alegres». Un sacerdote chino, que poco antes de la matanza del 9 de julio los había visitado en la cárcel, atestigua que los seminaristas estaban alegres, no temían nada, oraban y seguían en sus juegos. Juan tenía 15 años y cuatro meses cuando una espada le segó la vida.

Santo Tomás Sen-Ki-Kuo (1851-1900). Franciscano seglar. Nació en el seno de una familia cristiana pobre y temerosa de Dios, y desde niño comenzó a frecuentar los sacramentos. Mons. Fogolla lo admitió a la profesión en la Tercera Orden franciscana. A los 24 años entró al servicio del sacerdote chino Pablo Chang, pero poco después tuvo que retirarse a causa de una grave enfermedad. Recuperada la salud, entró al servicio de Mons. Grassi, a quien sirvió por espacio de diez años como verdadero modelo de fidelidad y obediencia. Obispo y fámulo se entendían a la perfección y, al desatarse la persecución, juntos sufrieron valerosamente el martirio por Cristo. Tomás tenía 49 años de edad.

San Simón Tcheng (1854-1900). Franciscano seglar. Fámulo de Mons. Fogolla. Nació de padres católicos viejos y muy fervorosos. Ingresó en el seminario, pero la mala salud le obligó a dejarlo. Entró después al servicio de su párroco, el P. Francisco Fogolla, a quien sirvió durante 30 años, siendo siempre un «siervo bueno y fiel». Fue ejemplo de piedad y humildad para la comunidad cristiana. Ingresó en la Tercera Orden Franciscana, y procuró vivir la espiritualidad evangélica y franciscana en el amor a Dios y a los hermanos, en la pobreza y en la intimidad con Dios. Se dedicó gustoso a la catequesis de niños y adultos. Permaneció voluntariamente célibe para dedicar su vida al servicio de los demás. Con su obispo y cuatro seminaristas viajó a Italia para participar en el Congreso Misional de Turín en 1899, siendo el ecónomo de la comitiva. Inmoló serenamente su vida por Cristo y su fe el 9 de julio de 1900.

San Pedro U-Ngan-Pan (1860-1900). Franciscano seglar. Fue seminarista y tomó el hábito de la Tercera Orden franciscana. Pero entendió luego que su vocación no era la sacerdotal y dejó el seminario, aunque decidió permanecer célibe para servir más libremente a la Iglesia. Por su carácter franco y valeroso y su notoria pasión por el estudio, Mons. Grassi le asignó un maestro con la intención de que llegara a ser doctor en letras, para facilitar las relaciones diplomáticas entre las autoridades civiles y la Iglesia. Pedro llegó a ser un aceptable versificador. Enviado por el obispo a llevar ayuda a los misioneros de Tshiang-kou, en el momento en que salía de la ciudad fue detenido y luego colgado en una viga, hasta la tarde; cuando llegó el mandarín encargado de cerrar las puertas de la ciudad, lo hizo liberar con la condición de que no volviera a servir a los europeos. Pedro, una vez liberado, volvió a la misión. Detenido y encarcelado con los obispos y los misioneros, sufrió gozoso el martirio con ellos el 9 de julio de 1900 a los 40 años de edad.

San Francisco Tchang (1840-1900). Franciscano seglar. Modesto agricultor, dedicado a los trabajos del campo y al cuidado de su numerosa familia. Era descendiente de viejos cristianos. Tenía cincuenta y dos años cuando pasó al servicio de la misión, como portero del orfanato regido por las Franciscanas Misioneras de María. Las Hermanas lo llamaban «el abuelo». Una buena palabra, una sonrisa, modales siempre delicados y gentiles daban encanto a su actividad. Se prestaba para todos los trabajos que se le encomendaban. Siempre alegre, parecía haber encontrado el secreto de la verdadera y perfecta alegría. Había ingresado en la Tercera Orden Franciscana y era devotísimo de la Santísima Virgen. Pasaba las horas libres orando y rezando el rosario. Siguió a las Hermanas a la cárcel, considerándose afortunado al poder ir con ellas al martirio. De Francisco Tchang, un amigo dijo: «Era un hombre extraordinario, admirable por su candor y sencillez, ejemplo de virtud y de piedad. Era querido por todos». Tenía 60 años cuando fue inmolado el 9 de julio de 1900.

San Matías Fun-Te (1855-1900). Franciscano seglar. Ferviente neófito que, después del bautismo, vistió el hábito de la Tercera Orden franciscana; admiraba de San Francisco el espíritu de pobreza y de humildad, y su intenso amor a Dios y a los hermanos en una vida totalmente evangélica. Matías vigilaba de noche la residencia episcopal, marcando al estilo chino las vigilias de la noche con el tam tam, instrumento metálico sonoro. El martirio lo sorprendió el 9 de julio de 1900 a los 45 años de edad.

San Santiago Ien-Kun-Tun (1855-1900). Franciscano seglar. Hombre de extraordinaria simplicidad, que pertenecía a la clase humilde de los agricultores pobres y asalariados; estaba encargado de cultivar las hortalizas para los misioneros, las hermanas, el seminario y el orfanato de la Santa Infancia. Desempeñaba su trabajo con prontitud y diligencia, y sobre todo con gran alegría; a menudo acompañaba sus labores con el canto. El último año de su vida fue ayudante de cocina. La comida del 9 de julio de 1900 fue la última que sirvió, pues por la tarde fue martirizado a la edad de 45 años.

San Pedro Tchang (1849-1900). Laico. Apodado «Pan-piú», «medio buey», por su gran fuerza física y por su disponibilidad para el trabajo duro. Era un hombre recto, bueno, modelo de piedad cristiana. No era doméstico ni trabajador a sueldo de la misión, sino que era llamado para trabajos extraordinarios. Con pasión casi religiosa prestaba toda su colaboración. Asiduo a las funciones religiosas; la misa, la comunión y la oración eran la fuerza de su vida; difundía el culto a la Santísima Virgen y cada día reunía a su familia y recitaba con devoción la corona franciscana. Al desencadenarse la persecución, viendo que algunos compañeros huían por miedo, quiso sustituirlos afrontando con los obispos el martirio el 9 de julio de 1900 cuando tenía 51 años. Pocos días después se apareció glorioso a su hijo, que todavía aterrorizado por la muerte de su padre, estaba haciendo el Vía crucis. Lo exhortó a no temer, sino a permanecer fiel y constante. Cinco días más tarde, también el hijo moría bajo la espada del tirano, confesando intrépido su fe.

San Pedro Wang (1870-1900). Laico. De niño fue acogido y educado amorosamente en el orfanato de Kalao-Kou, y toda su vida estuvo agradecido a la Misión por lo que había recibido de ella. Era un hombre bueno, que siempre se empeñó en cumplir los mandamientos de Dios. En un primer tiempo estuvo al servicio del sacerdote indígena Pedro Su, que llegado el momento también entregaría su vida por la fe. Dos años antes de la persecución, fue recibido en Taiyuanfu en calidad de cocinero del seminario. Ejerció este oficio con entrega y fidelidad. Se mantuvo al lado de los misioneros hasta dar la vida por Cristo el 9 de julio de 1900 cuando tenía 30 años.

San Santiago Tchao (-1900). Laico. Nació de padres cristianos, que le dieron una óptima educación en la fe. Se casó y tuvo dos hijos. Fue hombre de gran bondad y rectitud. Llevó una vida pobre y laboriosa, pero adornada de virtudes familiares. Era sirviente ocasional de la Misión Franciscana. Cuando los obispos, los misioneros y las hermanas fueron encarcelados, compadecido, durante el día les servía en cuanto necesitaran y por la tarde se iba a su casa. El día 8 de julio de 1900, por la tarde, al volver a casa, dijo a su mujer y a su anciana madre que al día siguiente no regresaría, pues había oído decir que los encarcelados de la Misión serían ejecutados, y él quería morir con ellos. La esposa y la madre, preocupadas por el porvenir suyo y de los hijos, lloraban amargamente: «¿Si te matan, quién se preocupará por tu familia, quién ayudará a tu mujer, a tus hijos y a tu afligida madre?» Jaime, señalando al cielo, les dijo: «Las encomiendo a Dios. La Providencia proveerá. ¿Acaso no hay un Dios que es Padre de todos, especialmente de los huérfanos y de los pobres? Desde el cielo estaré más cercano que cuanto lo he estado sobre la tierra. Les ayudaré y les daré ánimo». Pasó la noche en oración y por la mañana se dirigió a la cárcel, donde fue arrestado y colocado junto con los demás. Mientras era llevado al tribunal de Ju-sien, algunos soldados, viejos colegas, con intención de salvarlo dijeron que Jaime no era cristiano, pero él los desmintió, reafirmando sin miedo su fe, y fue ejecutado.

MÁRTIRES DE HUNAN:
San Antonino Fantosati (1842-1900). Obispo. Nació en Santa María del Valle, cerca de Trevi, provincia de Perusa en Umbría, el 16 de octubre de 1842. De muy joven profesó en la Provincia franciscana de Asís y a la edad de 23 años recibió la ordenación sacerdotal. En octubre de 1867 dejó Roma y se dirigió a las misiones de China con un pequeño grupo de compañeros entre los que estaba el P. Elías Facchini. Llegó a Hupeh, sede del Vicariato y residencia principal de la misión, el 15 de diciembre de aquel mismo año. De sus 33 años de apostolado en China, los siete primeros fueron los más serenos entre aquellas heroicas cristiandades; pudo dedicarse al estudio de la lengua hasta hablarla expeditamente como un chino y ser llamado «el maestro europeo». Fue misionero de grandes y geniales iniciativas.

Pasó luego a Lao-ho-kow, centro fluvial de primera magnitud, donde ejerció durante 18 años el ministerio con tacto, prudencia y singular penetración de la mentalidad china. Fue Administrador Apostólico del Alto Hupeh; en aquel tiempo la carestía y la peste desolaron China. En 1878 fundó un orfanato para los niños abandonados y organizó la distribución de las numerosas ayudas provenientes de Europa. Luego fue vicario general del obispo Banci. En 1888 estuvo algún tiempo en Italia. De nuevo en China, fue nombrado en 1892 Vicario Apostólico del Hunan Meridional, adonde se trasladó en noviembre de aquel año.

Sus últimos años estuvieron saturados de cruces y persecuciones, pero las adversidades no apagaron su celo. En la feroz persecución de los boxers perecieron en solo Shansi y Hunan más de 20.000 cristianos. En esta última provincia le precedió en el martirio el P. Cesidio Giacomantonio, quemado vivo el 4 de julio. Mons. Fantosati intuyó pronto la inminencia de la explosión revolucionaria y se preparó con valentía. Se encontraba lejos de su residencia ordinaria practicando la visita pastoral, acompañado por el P. Gambaro. Ante la gravedad de la situación, se apresuraron a regresar a Heng-tchen-fu, residencia del Vicario Apostólico, el 6 de julio de 1900 con algunos cristianos. Estos trataron de convencerlo de que no volviera a la ciudad, pero Mons. Fantosati les respondió que su deber lo llamaba a defender a sus hijos: «Si hemos de morir, moriremos juntos». Cerca ya de la ciudad se enteró de la muerte del P. Cesidio y de que habían destruido la iglesia y el orfanato. El día 7 llegaron a la ciudad. En el momento del desembarco muchos pescadores asaltaron la embarcación. Desde la orilla el obispo trató de aplacar a la masa, pero un golpe de timón en la cabeza lo lanzó a tierra. Los revoltosos los asediaron, y arrojaron sobre los misioneros una granizada de piedras y de objetos contundentes, mientras éstos repetían los nombres de Jesús y María. El martirio del obispo se prolongó por más de dos horas entre atroces tormentos, hasta que un pagano, viéndolo todavía vivo, lo atravesó de parte a parte con un largo palo de bambú con una aguda punta de hierro. Los dos cadáveres, arrojados primero al río, fueron luego recogidos para ser quemados y sus cenizas dispersadas en el agua o arrojadas al viento, a fin de que no se honrara su sepultura. Aquel 7 de julio Mons. Fantosati tenía 58 años de edad.

San José María Gambaro (1869-1900). Sacerdote. Nació en Galliate, provincia de Novara (Italia), el 7 de agosto de 1869. A los trece años entró en el colegio seráfico, y el 27 de septiembre de 1886 tomó el hábito de los Hermanos Menores en la Provincia de Piamonte. Activo y circunspecto, entusiasta y prudente, fue estimado y apreciado por los superiores, que lo escogieron, cuando aún era clérigo teólogo, como asistente de los hermanos jóvenes del colegio de Ornavasso, elección que se demostró sabia, pues produjo frutos copiosos en aquellos jóvenes que se preparaban al sacerdocio y a la vida religiosa franciscana. Apenas ordenado sacerdote fue nombrado rector del mismo colegio. Pero un año después, atendiendo su deseo, se le permitió irse como misionero: dejó Italia y llegó a China en marzo de 1896. Fue destinado a Hunan Meridional.

Esta nueva experiencia se le manifestó de inmediato en su áspera dificultad: los usos y costumbres tan diversos no fueron tan difíciles de asimilar como la lengua. El Vicario Apostólico Mons. Fantosati, considerando las óptimas cualidades del P. Gambaro, le encomendó la tarea de formar en el estudio y la piedad a los aspirantes del Seminario indígena, del que fue tres años rector y profesor. Luego, al faltar el misionero en la importante cristiandad de Yen-tchiou, el P. José María fue encargado de sustituirlo. Supo hacer frente a la vida misionera activa y a sus inevitables pruebas, con serena fortaleza y absoluto abandono en las manos del Señor.

En Pentecostés de 1900 lo llamó Mons. Fantosati para que lo acompañara en la visita a diversas cristiandades del Vicariato. En estas circunstancias se abatió sobre ellos la persecución, que estalló el 4 de julio de 1900 en la ciudad de Heng-tchen-fu, residencia del Vicario Apostólico. Apenas llegaron las primeras tristes noticias, ambos se apresuraron a regresar a la sede; en vano los cristianos insistieron para que buscaran un refugio seguro; ambos declararon abiertamente que, a cualquier costo, su puesto estaba junto a las ovejas en peligro. Se embarcaron hacia Heng-tchen-fu, y ambos compartieron el mismo vía crucis. Una turba fanática y enfurecida los aguardaba. Al desembarcar, fueron rodeados, asediados, apedreados y apaleados. También el P. José María, tendido en el suelo y agonizante, repetía el nombre de Jesús y de María. Aún tuvo arrestos para aproximarse a Mons. Fantosati, que estaba envuelto en sangre, intentar abrazarlo y susurrarle unas palabras; expiró mientras el obispo levantaba la mano para bendecirlo. Su martirio había durado veinte minutos. Era el 7 de julio de 1900, y él tenía 30 años de edad, catorce de religioso, ocho de sacerdocio y cuatro de vida misionera.

San Cesidio Giacomantonio (1873-1900). Sacerdote. Nació en Fossa, provincia de L´Aquila en los Abruzos (Italia), el 30 de agosto de 1873. Desde muy joven visitaba a menudo el convento de Ocre, que dista algo más de un kilómetro de su pueblo y donde reposan los restos de los beatos Bernardino de Fossa y Timoteo de Monticchio. La oración de aquel lugar recogido hizo germinar en su corazón la vocación religiosa franciscana. El 21 de noviembre de 1891 vistió allí mismo el hábito de los Hermanos Menores. Después de la profesión, completó los estudios en varios conventos y finalmente recibió la ordenación sacerdotal. La afabilidad con todos, la cortesía en el trato, la sonrisa siempre en la boca fueron dotes suyas naturales sobre las que la gracia sembró a manos llenos virtudes sobrenaturales como el gran amor a Dios y a la Virgen, el espíritu de oración, la sumisión filial a la divina voluntad, el deseo de la conversión de las almas hasta desear con ardor el martirio.

Durante algún tiempo ejerció el ministerio de la predicación, pero pronto fue enviado a Roma como candidato a las misiones. Completada su formación, partió hacia China junto con otros dos frailes. A él le cabe el honor de ser el protomártir del Colegio Internacional de San Antonio de Roma. Al llegar, fue acogido con inmensa alegría por el Vicario Apostólico, el obispo Antonino Fantosati. A pesar del ambiente de persecución que ya se respiraba, Cesidio puso todo su afán y empeño en predicar, convertir y bautizar en el nombre del Señor al mayor número posible de nativos. Para esto aprendió bien la lengua china, y su apostolado se vio colmado de satisfacciones.

En una carta dirigida a sus padres poco antes del martirio, describe su alegría de encontrarse en China y pide oraciones por la conversión de muchos infieles. Luego añade: «Procuremos hacernos santos, si alcanzamos esta gracia podremos cantar en el cielo el eterno aleluya». La persecución lo sorprendió en Heng-tchen-fu el 4 de julio de 1900, cuando llevaba un año de apostolado en China. La residencia principal de la misión, donde él se encontraba, fue invadida por los boxers y por la multitud. En medio del tumulto que se produjo, el P. Cesidio, olvidando el peligro que corría y temiendo que las Sagradas Formas fueran profanadas, corrió a la capilla a consumir el Santísimo Sacramento. Los exaltados perseguidores desahogaron contra él su furia hiriéndolo con palos y lanzas. Semivivo, cuando todavía respiraba, lo envolvieron en una manta empapada de petroleo y le prendieron fuego. Así fue martirizado el 4 de julio de 1900 cuando sólo tenía 26 años de edad. 


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=42619

9 de julio - Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús (Amabile Wisenteiner).

9 de julio - Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús (Amabile Wisenteiner).

Fundadora.

Martirologio Romano: En Paulópolis, ciudad de Brasil, beata Paulina del Corazón de Jesús Agonizante (Amábilis) Wisenteiner, virgen, la cual, habiendo venido de Italia al Brasil siendo aún niña, abrazada la vida religiosa fundó la Congregación de Hermanitas de la Inmaculada Concepción, para atender a enfermos y pobres, a los que, pasando muchos trabajos y penalidades, sirvió con gran humildad y en asidua oración (1942).

Etimológicamente: Paulina = Aquella de pequeño tamaño, es de origen latino.


Amabile Lucia Visintainer, hoy Santa Paulina, nació el 16 de diciembre de 1865 en Vígolo Vattaro, provincia de Trento, Italia, en ese tiempo región del Sur del Tirol, bajo el dominio de Austria.

En septiembre de 1875 la familia de Napoleone Visintainer emigró con muchos otros tridentinos al Brasil donde fundaron la localidad de Vígolo en el actual municipio de Nueva Trento, en el estado de Santa Catarina.

Amabile, después de la primera comunión, que recibió más o menos a los doce años, comenzó a participar en el apostolado parroquial: Catecismo para los pequeños, visitas a los enfermos, y limpieza de la capilla de Vígolo.

El día 12 de julio de 1890, junto con su amiga, Virginia Rosa Nicolodi, Amabile acogió a una enferma de cáncer en fase terminal, dando inicio a la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción, aprobada por el obispo de Curitiba, Don José de Camargo Barros, el 25 de agosto de 1895.

En diciembre de 1895, Amabile y las dos primeras compañeras (Virginia y Teresa Ana Maule), hicieron los votos religiosos, y Amabile recibió el nombre de Hermana Paulina del Corazón Agonizante de Jesús. La santidad y la vida apostólica de la Madre Paulina y de sus hermanas atrajeron muchas vocaciones, a pesar de la pobreza y de las dificultades en que vivían.

En 1903, la Madre Paulina fue elegida superiora general “ad vitam” y dejó a Nueva Trento para cuidar de los huérfanos, hijos de antiguos esclavos y de los esclavos viejos y abandonados en Ipiranga, en la ciudad de San Pablo.

En 1909, fue depuesta del cargo de superiora general por el arzobispo de San Pablo, Don Duarte Leopoldo e Silva, y enviada a trabajar con los enfermos de la Santa Casa y con los ancianitos del asilo San Vicente de Paulo en Bragança Paulista, sin poder nunca más ocupar ningún otro cargo en su congregación.

Fueron años marcados por la oración, por el trabajo y por el sufrimiento: haciendo y aceptando todo para que la congregación de las Hermanitas siguiera adelante, y “nuestro Señor fuera conocido, amado y adorado por todos en todo el mundo”.

En 1918 fue llamada por la superiora general Madre Vicência Teodora, su sucesora, y con consentimiento de Don Duarte a la Casa Madre en Ipiranga, donde permaneció hasta su muerte, en una vida retirada, de intensa oración, asistiendo a las hermanas enfermas.

Como “Veneranda Madre Fundadora” se la destacó en el Decreto de Honor concedido por la Santa Sede a la congregación de las Hermanitas el 19 de mayo de 1933, y en la celebración del cincuentenario de la fundación, el 12 de julio de 1940, cuando la Madre Paulina hizo su testamento espiritual: “Sed muy humildes. Confiad siempre y mucho en la Divina Providencia; nunca, jamás, os desaniméis, aunque vengan vientos contrarios. Nuevamente os digo: Confiad en Dios y en María Inmaculada; manteneos firmes y !adelante!”.

A partir de 1938 la Madre Paulina comenzó a acusar graves disturbios a causa de la diabetes que padecía. Después de dos cirugías, en las cuales sufrió la amputación del dedo medio y luego del brazo derecho, pasó los últimos días víctima de la ceguera. Murió el 9 de julio de 1942; sus últimas palabras fueron: “Hágase la voluntad de Dios”.

La espiritualidad ignaciana recibida de sus directores espirituales tiene en la Madre Paulina características propias, que señalan a la “Veneranda Madre fundadora” como una religiosa en la cual se pueden admirar sus virtudes teologales, morales y religiosas en grado eminente o heroico. Fe profunda y confianza ilimitada en Dios, amor apasionado a Jesús Eucaristía, devoción tierna y filial a María Inmaculada, devoción y confianza en “nuestro buen padre San José””, y veneración por las autoridades eclesiales y civiles. Caridad sin límites para con Dios, traducida en gestos de servicio a los hermanos más pobres y abandonados.

Toda la vida de la Madre Paulina se puede resumir en el título que le dio el pueblo de Vígolo: “enfermera”, esto es, ser para los otros o “toda de Dios y toda de los hermanos” como rezan hoy sus devotos y sus Hermanitas. Humildad, que llevó a la Madre Paulina hasta el aniquilamiento de sí misma para que la congregación siguiera adelante.

La página más luminosa de la santidad y de la humildad de la Madre Paulina fue escrita por la actitud que manifestó cuando Don Duarte le anunció su destitución: “Se arrodilló... se humilló... respondió que estaba totalmente dispuesta a entregar la congregación... se ofrecía espontáneamente para servir en la congregación como súbdita”.

Terminado el capítulo de agosto de 1909, comenzaba el holocausto doloroso y meritorio de la Madre Paulina, a quien el arzobispo de San Pablo le había decretado: “Viva y muera en la congregación como súbdita”. Y permaneció en la sombra hasta su muerte, en unión con Dios, como lo declaró a su director espiritual, Padre Luiz Maria Rossi, SI: “La presencia de Dios me es tan íntima, que me parece imposible perderla, y esta presencia le da a mi alma una alegría que no puedo explicar”.

El carisma dejado por la Madre Paulina a su congregación se traduce en la sensibilidad para percibir los clamores de la realidad con sus necesidades, y disponibilidad para servir, en la Iglesia, a los más necesitados y a los que se encuentran en mayor situación de injusticia, con simplicidad, humildad y vida interior. Es un servir alimentado por una espiritualidad eucarística y mariana, por la que toda Hermanita hace de Jesús Eucaristía el centro de su vida, alimentada por una tierna devoción a María Inmaculada y al buen padre San José.

La primera santa del Brasil fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 18 de octubre de 1991, en Florianópolis, estado de Santa Catarina. A la Madre Paulina le confiamos el pueblo brasileño, la Iglesia de Brasil y la congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción y todas las personas que han colaborado en su canonización.

Fue canonizado el 19 de mayo de 2002. 


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=42618

9 de julio - Beato Fidel Chojnacki.

9 de julio - Beato Fidel Chojnacki.

Mártir Capuchino.


fecha: 9 de julio
n.: 1906 - †: 1942 - país: Alemania
otras formas del nombre: Fidelis Jerome Chojnacki
canonización: B: Juan Pablo II 13 jun 1999
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, en Alemania, beato Fidel Chijnacki, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que en tiempo de guerra, deportado de Polonia, su patria, por haber confesado a Cristo, fue internado en aquel lugar y martirizado terriblemente, por lo que mereció la gloria eterna.
 
Jerónimo Chijnacki (o Chojnacki) nació el 1 de noviembre de 1906 en Lódz, Polonia. Terminados los estudios primarios, trabajó primero en una compañía de seguros y luego en Correos en Varsovia. Era un joven de vida cristiana fervorosa y miembro de la Acción Católica. A los 27 años, en 1933, ingresó en la Orden Capuchina en Nowe Miasto, tomando el nombre de fray Fidel al comenzar el noviciado.

Hecha la profesión estudia filosofía en el convento de Zakroczym y teología en el de Lublín, haciendo en el curso del estudio los votos perpetuos (1937). Cuando estalla la II Guerra Mundial hubo de interrumpir los estudios, siendo arrestado el 25 de enero de 1940 y llevado al campo de concentración de Sachsenhausen y seis meses más tarde al de Dachau. Se contagió de tuberculosis, y las durísimas condiciones del campo lo llevaron a la muerte el 9 de julio de 1942. Fue beatificado por SS. Juan Pablo II el 13 de junio de 1999.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2309
 
 

9 de julio - Beata María de Jesús Crucificado Petkovic.

9 de julio - Beata María de Jesús Crucificado Petkovic.


Virgen.

 Nació el 10 de diciembre de 1892 en Blato, en la isla de Korcula (Croacia). Era la sexta de ocho hijos de Antonio y María Petkovic. Sus padres llevaban una vida ejemplar y educaron cristianamente a todos sus hijos. Muy pronto María mostró su inclinación a la piedad y a la misericordia. Al ver los sufrimientos, el hambre y las penurias de la gente, decidió esforzarse por proteger a los pobres, "hermanos elegidos y amados por el Señor", como solía llamarlos.

El 8 de septiembre de 1906, día de la Natividad de la Santísima Virgen, con ocasión de la visita pastoral del obispo, María entró a formar parte de la asociación de Hijas de María, de la que fue secretaria y luego presidenta. Leyendo las palabras de Jesús al joven rico, el 21 de noviembre sucesivo, sintió la vocación a entregarse totalmente a Cristo. Desde ese momento renovó cada día su promesa de amor al Señor. Luego entró a formar parte de la Tercera Orden Secular de San Francisco y cuando Dios le inspiró dar vida a un instituto religioso femenino quiso darle la Regla y la espiritualidad franciscana.

Impulsada por su vivo deseo de ayudar a los necesitados, y siguiendo las orientaciones del obispo de Dubrovnik, monseñor Josip Marcelic, en el día de la Anunciación del año 1919 fundó la congregación de Hijas de la Misericordia, para "la educación e instrucción de la juventud femenina". El mismo obispo, en 1928, la erigió canónicamente como instituto de derecho diocesano. Al inicio la madre Petkovic dudaba entre la clausura y la actividad apostólica, pero optó por esta última, inspirada por las palabras de san Francisco: "No vivir sólo para sí mismo, sino también para el bien del prójimo".

El 6 de diciembre de 1956 la congregación llegó a ser de derecho pontificio y fueron aprobadas sus Constituciones.

La madre María de Jesús Crucificado Petkovic trató de transmitir a sus religiosas la profunda devoción que sentía desde niña hacia Jesucristo crucificado. En una carta, escrita el 31 de agosto de 1953, a todas las Hijas de la Misericordia, las invitaba a "seguir a Cristo, escuchar a Cristo, humillarse en Cristo, sufrir silenciosamente en Cristo, arder en Cristo, perdonar en Cristo, amar en Cristo, sacrificarse en Cristo (...). Para quien ama al dulcísimo Jesucristo, nuestro Señor, será dulce incluso la palabra "sufrir" por amor a él. Sufrir, porque no hay verdadero amor sin sacrificios y sufrimientos por la persona amada. Cristo con la cruz y el sufrimiento ha salvado al mundo entero".


Era una mujer fuerte en las adversidades, tierna en sus afectos, pero sobre todo profundamente enamorada de Jesús crucificado, al que dedicó toda su vida y su obra. Sintió durante toda su existencia esta constante presencia del Crucificado. Lo tenía siempre ante sus ojos, y en su corazón, por eso afloraba continuamente a sus labios. Las principales virtudes que practicó y recomendó eran las que brillaban en Cristo crucificado:  la pobreza, la humildad, la abnegación, hasta el sacrificio total de sí por el prójimo, sintetizado en una palabra:  amor.

La madre Petkovic experimentaba una grandísima alegría en su servicio a los pobres, marginados y despreciados, porque reconocía en ellos el rostro de Jesús doliente. Por eso, nunca se cansaba de exhortar a las hermanas a que mostraran con su conducta y sus sacrificios que en ellas se había encarnado el amor, la bondad y la misericordia de Dios.

Sacaba su fuerza espiritual de la oración. Su vida se puede resumir en dos palabras:  "Oración y apostolado". Desde el inicio, la oración constituyó el alma y el gran dinamismo de su amplia actividad. El "estar" con el Señor plasmaba el "ir" a los hermanos. La unión íntima con Dios  se  prolongaba en la comunión con el prójimo.

Sentía un profundo aprecio por las directrices y los consejos de los pastores de la Iglesia, ante los cuales siempre se manifestó muy dócil y obediente. En especial seguía con fidelidad las indicaciones del obispo y del Romano Pontífice. En una carta circular explica a sus religiosas el significado de la Regla y de las Constituciones:  "Son la palabra y la ley de nuestro Señor... La Regla santa, el libro de la vida, el camino de la cruz, la llave y el vínculo de la amistad eterna".

La fama de santidad, de la que gozó durante su vida, se confirmó también después de su muerte, acontecida en Roma el 9 de julio de 1966.

Las Hijas de la Misericordia cuentan hoy con 429 religiosas, que trabajan en doce países de Europa y América. Se dedican a la educación de los niños y la juventud, a la asistencia a las personas ancianas y enfermas, y al apostolado parroquial. 


Fuente:  http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20030606_petkovic_sp.html

9 de julio - Santos Agustín Zhao y compañeros. Mártires de China.

9 de julio - Santos Agustín Zhao y compañeros. Mártires de China.

 Mártires de China.

 Martirologio Romano: Santos Agustín Zhao Rong, presbítero, Pedro Sans i Jordá, obispo, y compañeros, mártires, que en distintos lugares de China y en distintos tiempos fueron testigos del Evangelio de Cristo con sus palabras y con sus obras, y, por haber predicado y confesado la fe, sufrieron persecución, mereciendo por ello pasar al banquete eterno de la gloria (siglos XVII/XVIII).

Etimológicamente: Agustín = Aquel que es venerado, es de origen latino.


 Desde los más remotos orígenes del pueblo chino (hacia la mitad del tercer milenio antes de Cristo) el sentimiento religioso hacia el Ser Supremo y la piedad filial y devota hacia los antepasados difuntos son las características más relevantes de su cultura milenaria.

Esta nota de neta religiosidad se encuentra, más o menos, en los chinos de todos los siglos, hasta el nuestro, cuando bajo el influjodel ateísmo occidental, algunos intelectuales, especialmente los educados en el exterior, han querido desprenderse, como algunosde sus maestros occidentales, de cualquier idea religiosa.

El Evangelio se anunció en China en el siglo V y, a primerosdel VII, se erigió allí la primera iglesia. Durante la dinastía T´ang(618-907) la comunidad de los cristianos estuvo floreciente durante dos siglos. En el XIII la comprensión del pueblo chino y de sus culturas, que supo tener un misionero como Juan de Montecorvino, lograron que se pudiera dar impulso a la primera misión católica en el «Reino del medio» con sede episcopal en Beijin.

No es de extrañar que, especialmente en la época moderna (es decir, desde el siglo XVI, cuando las comunicaciones entre oriente y occidente comenzaron a ser en cierto modo más frecuentes), haya existido por parte de la Iglesia Católica el deseo de llevar a este pueblo la luz del Evangelio, a fin de que ésta enriqueciese aún más el tesoro de tradiciones culturales y religiosas tan ricas y profundas.

Así pues, a partir de las últimas décadas del siglo XVI, varios misioneros católicos fueron invitados a China: se habían elegido con gran esmero personas como Matteo Ricci y otros, teniendo en cuenta, además de su espíritu de fe y de amor, sus capacidades culturales y sus cualidades en diversos campos de la ciencia, en especial de la astronomía y de la matemática. De hecho, gracias a éstos y al aprecio que demostraron los misioneros por el notable espíritu de investigación presente en los estudiosos chinos, pudieron establecerse relaciones de colaboración científica muy provechosas. Éstas sirvieron a su vez para abrir muchas puertas, incluso las de la corte imperial, y para así entablar relaciones muy útiles con varias personas de grandes capacidades.

La calidad de la vida religiosa de estos misioneros fue lo que indujo a no pocas personas de alto nivel a sentir la necesidad de conocer mejor el espíritu evangélico que los animaba y, luego, de instruirse en los postulados de la religión cristiana: lo cual se hizo de manera conveniente a sus características culturales y a su modo de pensar. A finales del siglo XVI y primeros del XVII, fueron numerosos los que, una vez adquirida la debida preparación, pidieron el bautismo y llegaron a ser cristianos fervientes, manteniendo siempre con justo orgullo su identidad de chinos y su cultura.

El cristianismo se vio en aquel período como una realidad que no se oponía a los más altos valores de las tradiciones del pueblo chino, ni se superponía a ellos, sino que los enriquecía con una nueva luzy dimensión.

Gracias a las óptimas relaciones existentes entre algunos misioneros y el mismo emperador K´ang Hsi; gracias a sus servicios prestados por restablecer la paz entre el «zar» de Rusia y el «hijo del cielo», o sea el emperador, éste promulgó en 1692 el primer decreto de libertad religiosa, en virtud del cual todos sus súbditos podían seguir la religión cristiana y todos los misioneros podían predicarla en sus vastos dominios.

Como consecuencia, la acción misionera y la difusión del mensaje evangélico se desarrollaron notablemente y fueron muchos los chinos que, atraídos por la luz de Cristo, pidieron recibir el bautismo.

Pero desgraciadamente la cuestión espinosa de los «ritos chinos», irritó sobremanera al emperador K´ang Hsi y preparó la persecución (fuertemente influenciada por la del vecino Japón), que en unos sitios más en otros menos, abierta o solapada, violenta o velada,se extendió prácticamente con sucesivas oleadas desde la primera década del siglo XVII hasta la mitad del siglo XIX, matando a misioneros y a fieles laicos y destruyendo no pocas iglesias.

Fue exactamente el 15 de enero de 1648 cuando los Tártaros Manciù, habiendo invadido la región del Fujian y mostrándose hostiles a la religión cristiana, dieron muerte al San Francisco Fernández de Capillas, sacerdote de la Orden de los Frailes Predicadores. Después de haberlo encarcelado y torturado, lo decapitaron mientras rezaba con otros los misterios dolorosos del Rosario.

El San Francisco Fernández de Capillas ha sido reconocidopor la Santa Sede como Proto mártir de China.

Hacia la mitad del siglo siguiente, el XVIII, otros cinco misioneros españoles, que habían ejercido su actividad entre los años 1715-1747, fueron también asesinados como resultado de una nueva ola de persecución iniciada en 1729 y con secuaces más encarnizados en 1746. Era la época de los emperadores Yung-Cheng y de su hijo K´ien-Lung.

San Pedro Sans i Iordà, O.P., Obispo, martirizado el 26 de mayo de 1747 en Fuzhou.
San Francisco Serrano, O.P., Sacerdote,
San Joaquín Royo, O.P. Sacerdote,
San Juan Alcober, O.P., Sacerdote,
San Francisco Díaz, O.P. Sacerdote, los cuatro fueron matados el 28 de octubre de 1748 en Fuzhou.

Una nueva fase de régimen de persecución en relación con la religión cristiana se desató posteriormente en el siglo XIX.

Mientras algunos Emperadores de los siglos precedentes habían autorizado el catolicismo, el Emperador Kia-Kin (1796-1821) publicó en cambio numerosos y severos decretos en contra. El primero se remonta al 1805; dos edictos del 1811 iban dirigidos contra aquellos de entre los chinos que hacían los estudios para recibir las órdenes sagradas y contra los sacerdotes que propagaban la religión cristiana. Un decreto del 1813 exoneraba de cualquier castigo a los apóstatas voluntarios, es decir, a los Cristianos que declaraban espontáneamente que abandonaban la fe cristiana, pero amenazaba a todos los demás.

En este período sufrió el martirio el San Pedro Wu, laico catequista, chino, nacido de familia pagana, recibió el bautismo en 1796 y pasó el resto de su vida anunciando la verdad de la religión cristiana. Todas las tentativas para hacerlo apostatar fueron vanas. Emitida contra él la sentencia de muerte, fue estrangulado el 7 de noviembre de 1814.

Siguió sus pasos en la fidelidad a Cristo el San José Zhang-Dapeng, laico catequista, comerciante, bautizado en el 1800, llegó a ser después el alma de la misión en la ciudad de Kony-Yang. Encarcelado, murió estrangulado el 12 de marzo de 1815.

Este año (1815) se promulgaron otros dos Decretos, en los que se aprobaba la conducta del Virrey del Sichuan, que había hecho decapitar a Mons. Dufresse, de las Misiones Exteriores de París,y a muchos cristianos chinos. Siguió una persecución más exacerbada.

Son de este período los siguientes mártires:

San Juan Gabriel Taurin Dufresse, M.E.P., Obispo, arrestado el 18 de mayo de 1815, conducido a Chengdu, condenado y ajusticiado el 14 de septiembre de 1815.

San Agustín Zhao Rong, Sacerdote diocesano chino que, siendo antes uno de los soldados que escoltaron a Mons. Dufresse desde Chengdu hasta Beijin, había quedado impresionado por la paciencia de éste y había pedido ser contado entre los neófitos: una vez bautizado, se le mandó al Seminario y después se ordenó sacerdote. Arrestado, sufrió crueles suplicios y después murióen 1815.

San Giovanni da Triora, O.F.M., Sacerdote, hecho prisionero junto con otros en el verano del 1815, después condenado a muerte y murió estrangulado el 7 de febrero de 1816.

San José Yuan, Sacerdote diocesano chino, el cual, habiendo escuchado a Mons. Dufresse hablar de la fe cristiana, quedó prendado de la belleza de ésta y después llegó a ser un neófito ejemplar. Más tarde, ordenado sacerdote y, como tal, entregado a la evangelización en varios distritos; fue apresado en agosto de 1816, condenado a la estrangulación y matado de esta suerte el 24 de junio de 1817.

San Francisco Regis Clet de la Congregación de la Misión que, después de haber obtenido el permiso para ir a las misiones de China, se había embarcado para el Oriente en 1791. Llegado allí, llevó durante treinta años una vida sacrificada de misionero: sostenido por un celo incansable, evangelizó tres inmensas Provincias del Imperio Chino: Jiangxi, Hubei, Hunan. Traicionado por un cristiano, fue arrestado y llevado a prisión donde sufrió atroces suplicios. Mediante sentencia del Emperador fue matado por estrangulación el 17 de febrero de 1820.

San Tadeo Liu, Sacerdote diocesano, chino, que se negó a apostatar, diciendo que era sacerdote y quería ser fiel a la religión que había predicado. Condenado a muerte, fue estrangulado el 30 de noviembre de 1823.

San Pedro Liu, catequista laico, chino, arrestado en 1814 y condenado al exilio en Tartaria, donde permaneció casi veinte años. Vuelto a la patria, fue de nuevo apresado y estrangulado el 17 de mayo de 1834.

San Joaquín Ho, catequista laico, chino, fue bautizado a la edad de casi 20 años. En la gran persecución del 1814 había sido prendido con muchos otros fieles y sometido a crueles torturas. Desterrado a Tartaria, allí permaneció unos 20 años; regresado a la patria fue nuevamente apresado y rehusó apostatar. A continuación, una vez confirmada la sentencia de muerte por parte del Emperador, fue estrangulado el 9 de julio de 1839.

San Augusto Chapdelaine, M.E.P., sacerdote de la Diócesis de Coutances. Habiendo ingresado en el Seminario de las Misiones Exteriores de París, se embarcó directamente a China en 1852; llegó a Guangxi a finales del 1854. Arrestado en 1856, torturado, condenado a muerte enjaulado, expiró en febrero de 1856.

San Lorenzo Bai Xiaoman, laico, chino, obrero modesto, que acompañó al San Chapdelaine en el asilo que habían ofrecido al misionero y fue con él apresado y conducido al tribunal. Nada pudo hacerlo apostatar. Fue decapitado el 25 de febrero de 1856.

Santa Inés Cao Guiying, viuda, había nacido de antigua familia cristiana; habiéndose dedicado a la instrucción de las muchachas jóvenes convertidas por el B. Chapdelaine, fue arrestada y, condenada a morir enjaulada, fue ajusticiada el 1 de marzo de 1856.

El 28 de enero de 1858, por orden del mandarín de MaoKou (en la provincia de Guizhou), fueron matados tres catequistas, conocidos como Mártires de MaoKou:

San Jerónimo Lu Tingmei,
San Lorenzo Wang Bing,
Santa Àgueda Lin Zao.

Se pidió a los tres que renunciaran a la religión cristiana. Como su respuesta fuese negativa, fueron condenados a la decapitación.

El 29 de julio de 1861 sufrieron el martirio simultáneamente dos seminaristas y dos laicos, de los cuales uno era cultivador y la otra una viuda que prestaba sus servicios como cocinera en el seminario. Se los conoce como Mártires de Qingyanzhen (Guizhou):

San José Zhang Wenlan, seminarista,
San Pablo Chen Changpin, seminarista,
San Juan Bautista Luo Tingying, laico,
Santa Marta Wang-Luo Mande, laica.

El año siguiente, el 18 y 19 de febrero de 1862, dieron su vidapor Cristo otras 5 personas, conocidas como Mártires de Guizhou,a saber:

San Juan Pedro Néel, Sacerdote de las Misiones Exterioresde París,
San Martín Wu Xuesheng, catequista laico,
San Juan Zhang Tianshen, catequista laico,
San Juan Chen Xianheng, catequista laico,
Santa Lucía Yi Zhenmei, catequista laica.

Mientras tanto habían ocurrido, en el campo de la política, algunos episodios que tuvieron notables repercusiones en la vida de las misiones cristianas.

En junio de 1840 el Comisario imperial de Guangdong, queriendo con razón suprimir el comercio del opio, que estaba en manos de los ingleses, había hecho arrojar al mar más de veinte mil cajas de esta droga. Este había sido el pretexto de la guerra inmediata, con victoria de los ingleses. Terminada la guerra, China debió firmar en 1842 el primer tratado internacional de los tiempos modernos, al que siguieron muy pronto otros con América y Francia. Aprovechando la ocasión, Francia sustituyó a Portugal como potencia protectora de las misiones y como consecuencia se promulgó un doble decreto: uno del 1844, por el cual se permitía a los chinos seguir la religión católica, otro del 1846, mediante el cual se suprimían las antiguas penas contra los católicos.

La Iglesia pudo entonces vivir abiertamente y ejercer su acción misionera, desarrollándola también en el ámbito de la educación superior, universitaria y de la investigación científica.

Al multiplicarse los diversos Institutos culturales de alto nivel y gracias a su actividad muy apreciada, se establecieron gradualmente lazos cada vez más profundos entre la Iglesia y China con sus ricas tradiciones culturales.

Esta colaboración con las autoridades chinas favoreció de un modo creciente la mutua estima y participación en aquellos valores que deben regir siempre toda sociedad civil.

Transcurrió así un siglo de expansión de las misiones cristianas, con la excepción hecha del período en que se abatió sobre ellas la desgracia de la insurrección de la «Asociación de la justicia y de la armonía» (conocida comúnmente como de los “Boxers”), que ocurrió al principio del siglo XX y causó el derramamiento de sangre de muchos cristianos.

Es sabido que en esta revuelta confluyeron todas las sociedades secretas y el odio acumulado y reprimido contra los extranjeros de los últimos decenios del siglo XIX a causa de las vicisitudes políticas y sociales que siguieron a la «guerra del opio» y a la imposición de los así llamados «Tratados desiguales» por parte de las Potencias Occidentales.

Sin embargo fue muy distinto el móvil de la persecución a los Misioneros, aunque fueran de nacionalidad europea. Su matanza fue determinada por una causa puramente religiosa: fueron matados por el mismo motivo con que lo fueron los fieles chinos que se habían hecho cristianos. Documentos históricos indiscutibles ponen en evidencia el odio anticristiano que impulsó a los “Boxers” a asesinar a los Misioneros y a los fieles locales que se habían adherido a su doctrina. Respecto a ellos se emitió un edicto el 1 de julio de 1900, en el cual se decía, en síntesis, que ya había pasado el tiempo de las buenas relaciones con los Misioneros europeos y sus cristianos: que los primeros debían ser repatriados inmediatamente y los fieles obligados a la apostasía, bajo pena de muerte.

Como resultado de esto tuvo lugar el martirio de algunos misioneros y de muchos chinos que se agruparon en los siguientes grupos:

a) Mártires de Shanxi, muertos el 9 de julio de 1900, que son Frailes Menores Franciscanos:

San Gregorio Grassi, Obispo,
San Francisco Fogolla, Obispo,
San Elías Facchini, Sacerdote,
San Teodorico Balat, Sacerdote,
San Andrés Bauer, Hermano Religioso;

b) Mártires del Hunan Meridional, muertos el 7 de julio de 1900, también Frailes Menores Franciscanos:

San Antonino Fantosati, Obispo,
San José María Gambaro, Sacerdote,
San Cesidio Giacomantonio, Sacerdote ( 4 julio).

A los mártires franciscanos de la Orden Primera se añaden siete Franciscanas Misioneras de María, de las cuales 3 francesas,2 italianas, 1 belga y 1 holandesa:

Santa María Ermellina de Jesús (en el siglo: Irma Grivot),
Santa María de la Paz (en el siglo: María Anna Giuliani),
Santa María Clara (en el siglo: Clelia Nanetti),
Santa María de Santa Natalia (en el siglo: Juana María Kerguin),
Santa María de San Justo (en el siglo: Ana Moreau),
Santa María Adolfina (en el siglo: Ana Dierk),
Santa María Amandina (en el siglo: Paula Jeuris).

De los mártires chinos de la familia franciscana forman parte también 11 Franciscanos seglares, todos chinos:

San Juan Zhang Huan, seminarista,
San Patricio Dong Bodi, seminarista,
San Juan Wang Rui, seminarista,
San Felipe Zhang Zhihe, seminarista,
San Juan , Zhang Jingguang, seminarista,
San Tomás Shen Jihe, laico, sirviente,
San Simón Qin Cunfu, catequista laico,
San Pedro Wu Anbang, laico,
San Francisco Zhang Rong, laico agricultor,
San Matías Feng De, laico neófito,
San Pedro Zhang Banniu, obrero laico.

A ellos se añaden algunos fieles laicos chinos:

San Santiago Yan Guodong, agricultor,
San Santiago Zhao Quanxin, sirviente,
San Pietro Wang Erman, cocinero.

Cuando la rebelión de los “Boxers”, iniciada en Shandong, difundida luego en Shanxi y en Hunan, llegó también al sudeste de Tcheli, en aquel entonces Vicariato Apostólico de Xianxian, confiado a los Jesuitas, los cristianos matados se cuentan por millares.

Entre éstos se encuentran 4 misioneros jesuitas franceses y 52 cristianos laicos chinos, hombres, mujeres y niños, el más anciano de ellos tenía la edad de 79 años, mientras que los dos más jóvenes sólo 9 años. Todos sufrieron el martirio en el mes de julio de 1909; muchos de ellos fueron matados en la Iglesia del Pueblo di Tchou-Kia-ho, donde se habían refugiado y estaban en oración junto con los dos primeros de los misioneros que a continuación se enumeran:

San León Mangin, S.J. sacerdote,
San Pablo Denn, S.J., sacerdote,
San Remigio Isoré, S.J., sacerdote,
San Modesto Andlauer, S.J., sacerdote.

He aquí los nombres y edades de los laicos cristianos chinos:

Santa María Zhu, de unos 50 años,
San Pedro Zhu Rixin, de 19 años,
San Juan Bautista Zhu Wurui, de 17 años,
Santa María Fu Guilin, de 37 años,
Santa Bárbara Cui Lian, de 51 años,
San José Ma Taishun, de 60 años,
Santa Lucía Wang Cheng, 18 años,
Santa María Fan Kun, de 16 años,
Santa María Chi Yu, de 15 años,
Santa María Zheng Xu, de 11 años,
Santa María Du Zhao, de 51 años,
Santa Magdalena Du Fengju, de 19 años,
Santa María Du Tian, de 42 años,
San Pablo Wu Anjyu, de 62 años,
San Juan Bautista Wu Mantang, 17 años,
San Pablo Wu Wanshu, de 16 años,
San Ramón Li Quanzhen, de 59 años,
San Pedro Li Quanhui, de 63 años,
San Pedro Zhao Mingzhen, de 61 años,
San Juan Bautista Zhao Mingxi, de 56 años,
Santa Teresa Chen Tinjieh, de 25 años,
Santa Rosa Chen Aijieh, de 22 años,
San Pedro Wang Zuolong, de 58 años,
Santa María Gou Li, de 65 años,
San Juan Wu Wenyin, de 50 años,
San Zhang Huailu, de 57 años,
San Marcos Ki-T´ien-Siang, de 66 años,
Santa Ana An Xin, de 72 años,
Santa María An Guo, de 64 años,
Santa Ana An Jiao, de 26 años,
Santa María An Linghua, de 29 años,
San Pablo Liu Jinde, de 79 años,
San José Wang Kuiju, de 37 años,
San Juan Wang Kuixin, de 25 años,
Santa Teresa Zhang He, de 36 años,
Santa Lang Yang, de 29 años,
San Pablo Lang Fu, de 9 años,
Santa Isabel Qin Bian, de 54 años,
San Simón Qin Cunfu, de 14 años,
San Pedro Liu Zeyu, de 57 años,
Santa Ana Wang, de 14 años,
San José Wang Yumei, de 68 años,
Santa Lucía Wang Wang, de 31 años,
San Andrés Wang Tianqing, de 9 años,
Santa María Wang Li, de 49 años,
San Chi Zhuze, de 18 años,
Santa María Zhao Gou, de 60 años,
Santa Rosa Zhao, de 22 años,
Santa María Zhao, de 17 años,
San José Yuan Gengyin, de 47 años,
San Pablo Ge Tingzhu, de 61 años,
Santa Rosa Fan Hui, de 45 años.

El hecho de que este considerable número de fieles laicos chinos haya ofrecido la vida a Cristo juntamente con los misioneros que les habían anunciado el Evangelio y se habían prodigado por ellos pone en evidencia la profundidad de los vínculos que la fe en Cristo establece, reuniendo en una sola familia personas de razas y culturas diversas, estrechamente hermanados entre sí, no ya por motivos políticos, sino en virtud de una religión que predica el amor, la fraternidad, la paz y la justicia.

Además de todos los matados por los “Boxers” hasta ahora mencionados, debe recordarse también al San Alberico Crescitelli, sacerdote del Instituto Pontificio de las Misiones Exteriores de Milán, que desarrolló su ministerio en el Shanxi Meridional y fue martirizado el 21 de julio de 1900.

Años después, al nutrido ejército de los Mártires arriba recordados iban a unirse algunos Miembros de la Sociedad Salesiana de S. Juan Bosco:

San Luis Versiglia, Obispo,

San Calixto Caravario, Sacerdote.

Fueron asesinados juntos el 25 de febrero de 1930 en Li-Thau-Tseul.

Todos ellos fueron proclamados santos de la Iglesia el 1 de Octubre del año 2000 por el Papa Juan Pablo II.

Reproducido con autorización de Vatican.va


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=33162

9 de julio - Beata Juana Scopelli.


 9 de julio - Beata Juana Scopelli.

Virgen Carmelita.

Nació en Reggio Emilia (Italia) en 1428. Sus padres, Simón y Catalina, fueron pobres en fortuna, pero ricos en virtudes cristianas.

Pronto manifestó el deseo de ser religiosa y consiguió revestirse con el hábito de carmelita, llevando vida retirada, penitente y de oración en su misma casa.

Muertos sus padres, aceptó la generosa oferta que le hizo una rica y piadosa señora, de su hacienda con su casa y sus dos hijas, que también deseaban ser carmelitas.


Así quedó establecido. aunque precariamente, un inicio de convento hasta conseguir otro lugar más espacioso y adecuado, que llegó a ser, previas las debidas licencias, el auténtico monasterio afiliado a la Congregación Mantuana de los carmelitas.

Poco tiempo después ya contaba este monasterio con 22 religiosas bajo el priorato de la Beata Scopelli y la dirección espiritual de un padre carmelita.

Dotada por Dios de extraordinarios carismas, se le atribuyen numerosos milagros.

Según sus biógrafos, el oficio de superiora tue para ella un nuevo estímujo en la práctica de la observancia regular de ayunos, silencio y sobre todo de oración, de donde dimanaban todas las demás virtudes.

Llena de júbilo, conoció por revelación el día de su muerte y sin disimulo anunció a la comunidad que, rotas las ligaduras de su carne mortal, muy en breve pasaría a las bodas celestiales.

A la comunidad, reunida y entristecida, recomendó la más estricta observancia y sobre todo la práctica de la caridad por ser el alma de la comunidades religiosas.

Entregó su alma a Dios el 9 de julio de 1491.

OEl papa Clemente XIV aprobó su culto inmemorial en 1771.

Su cuerpo yace hoy en la catedral de Reggio.

Su fiesta se celebra el 9 de julio.

Su espiritualidad.
 
Como buena carmelita, amaba con singular ternura a la Santísima Virgen y la honraba con un devoto ejercicio llamado por ella "La túnica de la Virgeñ".

Rezábalo cada vez que deseaba alcanzar algún especial favor del cielo. Consistía en rezar hasta 15.000 veces el Avemaría, intercalando en cada centena una salve: además acostumbraba a rezar en las fiestas de la Virgen mil Avemarías.


En cierta ocasión habiéndole ordenado el confesor que supliera las mil Avemarías por una sola, fue tanto el fervor con que la rezó que pasó toda la noche en éxtasis.

En la oración fue favorecida del cielo de una manera especial siendo el común oráculo de toda la ciudad y acudía a ella en sus necesidades.


No por esto la olvidó el común enemigo de las almas, el cual la molestó con fuertes tentaciones de desconfianza en el Señor, pero siempre reaccionó con la oración y su filial abandono en manos de Dios.


La única prenda que poseía era el crucifijo y se consideraba la más rica del mundo porque, seg un decía, tenía con él "La llave de los tesoros del cielo".


Su mensaje.

- Que aunque nos cueste, oigamos al Señor que nos habla. 

- Que continuemos la obra de Jesucristo. 


- Que la Iglesia sea glorificada por mi vida. 


- Que María sea conocida, amada, imitada e irradiada.


Su oración.
Señor, Dios nuestro; que la Beata virgen Juana, tu fiel esposa, encienda en nuestros corazones aquel fuego de amor que encendió, para gloria de tu Iglesia, en su hermanas vírgenes. Amén.


Fuente:  http://carmelnet.org/chas/santos/juana.htm

9 de julio - Santos Nicolas Pieck y compañeros.

9 de julio - Santos Nicolas Pieck y compañeros.

 Presbítero y Mártir.

En 1572 los calvinistas ahorcaron en Gorkum , Suiza, a 19 sacerdotes y religiosos a causa de su fe católica. Once los mártires eran frailes menores de la Observancia, entre ellos se contaban San Nicolás Pieck, guardián del convento de Gorkum y San Jerónimo Weerden, su vicario. Junto con ellos fueron ejecutados Juan Van Oosterwyk, canónigo regular de San Agustín, los sacerdotes diocesanos Leonardo Vechel, Nicolás Janssen y Godofredo Van Fuynen.
Luego que el destacamento calvinista conocido con el nombre de la "armada de los piratas" se apoderara de la ciudad de Gorkum, el grupo estuvo a merced de los soldados y sometidos a sus crueles tratos como consecuencia del odio a la de los calvinistas y a la negativa del grupo de revelar dónde habían ocultado sus implementos eucarísticos. Pese a que les ofrecieron la libertad a cambio de que abjuraran de la Eucaristía y rechazaran la supremacía pontificia, los mártires no cedieron y fueron ejecutados en un granero aledaño a Gorkum. Fueron canonizados en 1867.