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lunes, 4 de agosto de 2014

31 de julio - Beatos Andrés de Palazuelo y 31 compañeros.

31 de julio - Beatos Andrés de Palazuelo y 31 compañeros.

Capuchinos Mártires.

 Martirologio Romano: En España, Andrés de Palazuelo (en el siglo: Miguel Francisco González González), Sacerdote profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos y 31 Compañeros; asesinados por odio a la Fe. († 1936-37)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

El 28 de marzo de 2013 S.S. Francisco firmó el decreto reconociemdo el martirio de este grupo de mártires.

Este grupo de mártires está integrado por:



1. ANDRÉS DE PALAZUELO, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: MIGUEL FRANCISCO GONZÁLEZ-DÍEZ GONZÁLEZ-NÚÑEZ
nacimiento: 08 Mayo 1883 en Palazuelo de Torío, León (España)
martirio: 31 Julio 1936 en Pradera San Isidro, Madrid (España)

2. FERNANDO DE SANTIAGO, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: FERNANDO OLMEDO REGUERA
nacimiento: 10 Enero 1873 en Santiago de Compostela, La Coruña (España)
martirio: 02 Agosto 1936 en Cuartel de la Montaña, Madrid (España)

3. JOSÉ MARÍA DE MANILA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: EUGENIO SANZ-OROZCO MORTERA
nacimiento: 05 Septiembre 1880 en Manila (Filipinas)
martirio: 17 Agosto 1936 en Cuartel de la Montaña, Madrid (España)

4. RAMIRO DE SOBRADILLO, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: JOSÉ PÉREZ GONZÁLEZ
nacimiento: 05 Enero 1907 en Sobradillo, Salamanca (España)
martirio: 27 Noviembre 1936 en Paracuellos de Jarama, Madrid (España)

5. AURELIO DE OCEJO, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: FACUNDO ESCANCIANO TEJERINA
nacimiento: 04 Febrero 1881 en Ocejo, León (España)
martirio: 17 Agosto 1936 en Madrid (España)

6. SATURNINO DE BILBAO, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: EMILIO SERRANO LIZARRALDE
nacimiento: 25 Mayo 1910 en Bilbao, Vizcaya (España)
martirio: 26 Agosto 1936 en Madrid (España)

7. BERARDO DE VISANTOÑA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: JOAQUÍN FRADE EIRAS
nacimiento: 05 Abril 1878 en Visantoña, Lugo (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Jove, Asturias (España)

8. ARCÁNGEL DE VALDAVIDA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: ÁNGEL DE LA RED PÉREZ
nacimiento: 26 Febrero 1882 en Valdavida, León (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Jove, Asturias (España)

9. ILDEFONSO DE ARMELLADA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: SEGUNDO PÉREZ ARIAS
nacimiento: 02 Mayo 1874 en Armellada, León (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Jove, Asturias (España)

10. DOMITILO DE AYOÓ, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: FELIPE LLAMAS BARRERO
nacimiento: 03 Septiembre 1907 en Ayoó de Vidriales, Zamora (España)
martirio: 06 Septiembre 1936 en Peón cemeterio, Gijón, Asturias (España)

11. ALEJO DE TERRADILLOS, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: BASILIO GONZÁLEZ HERRERO
nacimiento: 14 June 1874 en Terradillos, León (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Jove, Asturias (España)

12. EUSEBIO DE SALUDES, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: EZEQUIEL PRIETO OTERO
nacimiento: 19 Febrero 1885 en Saludes, León (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Jove, Asturias (España)

13. EUSTAQUIO DE VILLAQUITE, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: BERNARDO CEMBRANOS NISTAL
nacimiento: 20 Agosto 1903 en Villaquite, León (España)
martirio: 31 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

14. AMBROSIO DE SANTIBÁÑEZ, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: ALEJO PAN LÓPEZ
nacimiento: 24 Octubre 1888 en Santibáñez de la Isla, León (España)
martirio: 27 Diciembre 1936 en Santander, Cantabria (España)

15. MIGUEL DE GRAJAL, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: APRONIANO DE FELIPE GONZÁLEZ
nacimiento: 02 Febrero 1898 en Grajal de Campos, León (España)

16. DIEGO DE GUADILLA, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: JACINTO GUTIÉRREZ TERCIADO
nacimiento: 03 Julio 1909 en Guadilla, Burgos (España)
martirio: 29 Diciembre 1936 en el cruce Santoña-Escalante, Cantabria (España)

17. ÁNGEL DE CAÑETE LA REAL, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: JOSÉ GONZÁLEZ RAMOS CAMPOS
nacimiento: 24 Febrero 1879 en Cañete la Real, Málaga (España)
martirio: 06 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

18. LUIS DE VALENCINA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: GERONIMO LIMÓN MÁRQUEZ
nacimiento: 27 Marzo 1885 en Valencina del Alcor (ahora Valencina de la Concepción), Sevilla (España)
martirio: 03 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

19. GIL DE PUERTO DE SANTA MARÍA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: ANDRÉS SOTO CARRERA
nacimiento: 29 June 1883 en Puerto de Santa María, Sevilla (España)
martirio: 06 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

20. IGNACIO DE GALDÁCANO, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: JOSÉ MARÍA RECALDE MAGÚREGUI
nacimiento: 07 Febrero 1912 en Galdácano, Vitoria (España)
martirio: 06 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

21. JOSÉ DE CHAUCHINA, diacono profeso, Capuchino
en el siglo: ALEJANDRO CASARE MENÉNDEZ
nacimiento: 24 Febrero 1897 en Chauchina, Granada (España)
martirio: 06 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

22. CRISPÍN DE CUEVAS DE SAN MARCOS, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: JUAN SILVERIO PÉREZ RUANO
nacimiento: 27 Diciembre 1875 en Cuevas de San Marcos, Málaga (España)
martirio: 06 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

23. PACIFICO DE RONDA, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: RAFAÉL SEVERIANO RODRÍGUEZ NAVARRO
nacimiento: 08 Noviembre 1882 en Ronda, Málaga (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Antequera, Málaga (España)

24. ELOY DE ORIHUELA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: ANDRÉS FRANCISCO SIMÓN GÓMEZ
nacimiento: 30 Noviembre 1876 en Orihuela, Alicante (España)
martirio: 07 Noviembre 1936 en Crevillente, Alicante (España)

25. JUAN CRISÓSTOMO DE GATA DE GORGOS, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: IGNACIO CASELLES GARCÍA
nacimiento: 18 Noviembre 1874 en Gata de Gorgos, Alicante (España)
martirio: 24 Diciembre 1936 en Orihuela, Alicante (España)

26. HONORIO DE ORIHUELA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: RAMÓN JUAN COSTA
nacimiento: 23 Noviembre 1888 en Orihuela, Alicante (España)
martirio: 30 Noviembre 1936 en Elche, Alicante (España)

27. ALEJANDRO DE SOBRADILLO, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: JUAN FRANCISCO BARAHONA MARTÍN
nacimiento: 10 Enero 1902 en Sobradillo, Salamanca (España)
martirio: 15 Agosto 1936 en Madrid (España)

28. GREGORIO DE LA MATA, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: QUIRINO DÍEZ DEL BLANCO
nacimiento: 25 Marzo 1889 en La Mata de Monteagudo, León (España)
martirio: 27 Agosto 1936 en Madrid (España)

29. CARLOS DE ALCUBILLA DE NOGALES, sacerdote profeso, Capuchino
en el siglo: PABLO MERILLAS FERNÁNDEZ
nacimiento: 17 Julio 1902 en Alcubilla de Nogales, Zaragoza (España)
martirio: 14 Enero 1937 en El Escorial, Madrid (España)

30. GABRIEL DE ARÓSTEGUI, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: LORENZO ILARREGUI GOÑI
nacimiento: 10 Agosto 1880 en Aróstegui, Pamplona (España)
martirio: 23 Agosto 1936 en El Pardo, Madrid (España)

31. PRIMITIVO DE VILLAMIZAR, religioso profeso, Capuchino
en el siglo: LUCINIO FONTANIL MEDINA
nacimiento: 12 Febrero 1884 en Villamizar, León (España)
martirio: 19 Mayo 1937 en Madrid (España)

32. NORBERTO CEMBRANOS DE LA VERDURA, oblato Capuchino
nacimiento: 06 June 1891 en Villalquite, León (España)
martirio: 23 Septiembre 1936 en Madrid (España)


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=57711

31 de julio - Beato Miguel Goñi Áriz.

31 de julio - Beato Miguel Goñi Áriz.

Sacerdote y Mártir.

Martirologio Romano: En Cuenca, España, Beato José Javier Gorosterratzu y cinco compañeros de la Congregación del Santísimo Redentor asesinados por odio a la fe († 1936-1938)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Integran el grupo: José Javier Gorosterratzu Jauranena, Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, Miguel Goñi Áriz, Julián Pozo Ruiz de Samaniego, Víctor (Victoriano) Calvo Lozano y Pedro Romero Espejo



Infancia e inicios de la vocación
El día 27 de abril de 1902, en el pueblo de Imarcoain (Navarra), ubicado en las faldas del lado norte de la Sierra de Alaiz, nació un niño en la familia de Domingo Goñi y María Áriz y al día siguiente, según expresión del mismo Beato “fue admitido en el amoroso regazo de la fe católica” al recibir las aguas bautismales en la Parroquia de San Martín, imponiéndole el nombre de Miguel. El 2 de marzo de 1904 recibió el Sacramento de la Confirmación de manos del Arzobispo de Pamplona Fray José López de Mendoza en el pueblo vecino de Torres de Elorz (Navarra).

Miguel, desde pequeño, fue iniciado por sus padres en la fe, recibiendo la primera Comunión a los 7 años. Después de terminar los Sacramentos de la Iniciación Cristiana continuó cercano a la Iglesia con el pequeño servicio de acolitar en la Eucaristía.

 Si en cuestión de fe había recibido una esmerada educación, no fue así en lo referente a la ciencia, pues, según nos relata, apenas si fue a la Escuela; y lo poco que aprendió lo hizo en su casa por afición. Para superar este problema sus padres pensaron enviarle interno a Pamplona; pero este camino se vio modificado: a los 9 años, en un episodio de miedo al infierno, su madre para consolarlo le ofreció estudiar para sacerdote, lo que él aceptó gustosamente. Desde ese momento estuvo preparándose para ingresar en el Seminario de Pamplona, pero la muerte de su padre hizo diferir la decisión. 

Por esas fechas fueron a predicar una Misión a su pueblo los Redentoristas P. Villoslada y P. Navarro. El carácter simpático de los Misioneros entusiasmó a miguel, que comenzó a sentir “hacia ellos una atracción irresistible”. Manifestado este sentimiento a su madre y al P. Navarro, decidieron que el siguiente curso comenzara en el seminario menor de los Misioneros Redentoristas.

Vida en la Congregación del Santísimo Redentor
Ingresó en el Seminario del Espino el 8 de septiembre de 1913. Allí, pasados los primeros días, vivió alegre y contento. El día 6 de abril de 1915 fue trasladado con sus condiscípulos al Seminario que los Redentoristas abrieron en el Convento de San Pablo de Cuenca. Según nos relata Miguel allí su vocación la vio tambalearse: en San Pablo “se deslizaron los años de jovenista atravesando por mil vicisitudes en las que fluctuó varias veces mi vocación y en las que ciertamente hubiera naufragado si la Virgen del Perpetuo Socorro no me hubiera prestado ánimo varonil para seguir adelante” (Curriculum Vitae, p. 6).

Terminada esta etapa comenzó el postulantado el 23 de julio de 1919 en Cuenca; el 24 de agosto partió para el Noviciado que comenzó en Nava del Rey el 25 de agosto de ese año con la vestición del hábito redentorista. Profesó el día 26 de agosto de 1920, tras la cual fue con el resto de su curso a Astorga (León) a realizar sus estudios sacerdotales. Estos, aunque no fueron brillantes, le permitieron acceder a las Sagradas órdenes, recibiendo el subdiaconado el 19 de septiembre de 1925 y el Diaconado el día siguiente y se ordenó de sacerdote el 27 de septiembre de 1925.

Su primera misión como sacerdote fue la de Misionero; sus sueños se había visto realizados pues esta tarea fue lo que prendió en su corazón al contemplar a los Redentoristas. Pero esta encomienda necesitaba su preparación, por lo que, terminado el curso, el 25 de agosto de 1926 viaja con la mayor parte de sus compañeros de Astorga a Nava del Rey, donde comenzó su segundo Noviciado el 30 de agosto bajo la tutela del P. Girón. Terminado este a finales de febrero de 1927 es destinado a Granada donde llega el 2 de marzo.

En la ciudad de la Alhambra se reencuentra con su condiscípulo, el P. Julián Pozo. Allí serán ambos testigos de la solemne Coronación Canónica del Icono del Perpetuo Socorro por el Sr. Cardenal-Arzobispo de la ciudad, Dr. Casanova que tuvo lugar el 12 de junio con la presencia del Superior General el Rvmo. P. Patricio Murray. En julio de 1928 marcha a Barcelona a la fundación de aquella comunidad, donde está hasta septiembre de 1929.

El 17 de ese mes llega a la Comunidad de Santander, donde estará hasta el 17 de septiembre de 1932 en que la obediencia le destina a Vigo. Durante ese tiempo de estancia en aquella comunidad colaborará con la comunidad con los cargos de Bibliotecario, Prefecto de Forasteros y al menos una tanda de Misiones por tierras de Orense.

En Vigo será prefecto de Iglesia y se empeñará sobre todo en el ministerio interno. Su ya frágil salud queda truncada por una afección pulmonar, que ocasiona tener que marchar a Nava del Rey en busca de un clima más seco, a donde llega el 25 de septiembre de 1935. Allí estará hasta enero de 1936, en que es destinado a Cuenca, donde le sorprenderá la persecución religiosa.

Por su delicada salud, se dedicó más al ministerio interno que a la Vida Misionera, que era lo que le motivó en su vocación. Su carácter alegre y extrovertido, su celo y entusiasmo apostólico y su trato agradable, le abrían los corazones para la acogida del Evangelio y le permitió granjearse simpatías por los lugares por donde pasó ejerciendo el ministerio.

La persecución religiosa
Miguel escribe a su familia una carta fechada el 30 de junio de 1936 en la que les dice:

“… el 2 de mayo de 1936, aniversario del otro 2 de mayo tan ensalzado en otro tiempo por el patriotismo castellano y que hoy ensalzan casi únicamente los vascos-castellanizados del Ebro para arriba, pues a los del Ebro para abajo les interesa más quemar iglesias y lucir camisas rojas, estuve a punto de perder el pellejo. Por cierto que al comentar después de la refriega con mi compañero de desventura, que es tan vasco como yo, nuestra mala suerte en fecha tan señalada en los anales de Castilla, le decía yo que sin duda eran los “Manes” de los héroes del 2 de mayo de Madrid quienes se habían ensañado de estos dos vascos auténticos, vengando así la rabia que les producía el olvido de sus compatriotas. Nada me hubiera extrañado que el Diario de Navarra, digo de Albacete, lo comentara de esta suerte, si se llega a enterar de lo sucedido. El caso fue que nosotros por milagro salvamos nuestras preciosas vidas… Hasta el 1 de mayo puede decirse que gozamos de normalidad relativa. Aunque ya desde mediados de abril se registraban casi a diario atropellos con elementos de Derecha (los pocos que aquí existen) no eran sin embargo tales que inspiraran temor para el futuro. Llegó el 1 de mayo, y conforme al ritual marxista, celebraron la obligada manifestación con profusión de banderas rojas, puños en alto y estómagos vacíos. Terminada ésta, yo mismo acompañado de unos amigos, vi como un grupo de revoltosos se apartaban del resto de los manifestantes y con toda decisión, como obedeciendo a una consigna, asaltaba el centro de Acción Popular y arrojaba cuanto en él había a la calle, improvisando con sillas, mesas, máquinas de escribir, 200000 papeletas electorales … una magnífica hoguera. Y todo ello a las barbas de la Guardia Civil, la cual desde el cuartel próximo al lugar de los sucesos contemplaba, como los demás, el inesperado espectáculo. Intentaron también quemar algunas iglesias; pero alguien de entrañas no tan fieras, logró disuadirles por el momento. Este fue el preludio del mitin… Por la tarde del mismo día intentaron asaltar el convento de San Pablo situado a las afueras de la ciudad y habitado por un centenar de Padres y Estudiantes Paúles… La Guardia Civil que desde algunos días antes “hacía” que lo custodiaba, al oír los primeros disparos de las turbas, disparó a su vez al aire, y como consecuencia de los mismos, las turbas pusieron los pies en polvorosa y, lo que fue peor, los pusieron también entre la confusión de la escapada, en las cabezas de algunos niños curiosones. Bastó para que pusieran el grito en el cielo y en los oídos del Gobernador, y para que hicieran correr la voz de que habían sido los frailes quienes disfrazados de Guardias Civiles habían disparado. Se declaró la huelga general para el día siguiente, exigiendo la salida inmediata de Cuenca de los Paúles. En efecto, los frailes recibieron orden de desalojar el edificio para el mediodía del día siguiente. Algunos de estos (y fueron los más afortunados) en previsión de lo que pudiera suceder a la mañana siguiente, salvaron campo a traviesa y durante la noche los 11 kilómetros que separa a Cuenca de la estación más próxima. Mientras tanto, los demás pasaron la noche empaquetando libros, muebles y objetos de culto con el fin de transportarlos en las primeras horas de la mañana en varios camiones a Pamplona. Pero al día siguiente y ya desde las primeras horas las turbas y los pistoleros llegados de Madrid con fines electorales fueron dueñas de la población. Volcaron los camiones que llevaban los enseres de los frailes, robaron cuanto quisieron, profanaron vasos y ornamentos sagrados paseándose con ellos por las calles y a algunos de los Paúles les propiciaron salvajes palizas. Y ese día por la mañana fue cuando también yo gusté y supe a que saben tan bárbaras caricias. Salí con otro amigo para ver el sesgo que tomaban los acontecimientos y milagrosamente la salida no terminó en entrada en el otro barrio. Lucía yo un traje presentable y una boina, la cual, según me enteré después, aquí casi solamente la policía secreta la lleva. Mi compañero un mono recién estrenadito. Al salir a la calle alguien le dijo a mi compañero que con aquel mono nadie le conocía. ¡Cómo se equivocó! Pues mi compañero fue el que me perdió. De mí, los primeros comunistas que se nos acercaron decían que quizás fuera policía, pero del otro, por su cara fina, su modo de andar y su mono nuevecito, repetían que sin duda era Paúl. Las primeras sospechas de nosotros comenzaron cerca de San Pablo donde se habían reunido gran muchedumbre para asaltar el convento y apalear a los paúles. En el principio logré yo convencer a algunos de que éramos de Madrid y que habíamos llegado la víspera de las elecciones. Aquel día toda cara desconocida se les antojaba que era de fraile Paúl. Ante la insistencia de algunos de ellos, eché yo mano de algunas frases gruesas que me dieron buen resultado. Pero que mi compañero era fraile nadie les quitaba de la cabeza. Usted no será fraile, pero ese otro sí que lo es – repetían sin cesar. En esto llegan los Guardias de Asalto y les obligan a que nos cacheen. Esta fue nuestra perdición. Al vernos sin armas y mi prestigio de policía por tierra, se abalanzaron sobre nosotros. Todavía por instinto hicimos ademán de echar mano a la pistola, ellos huyeron por un momento, momento que nosotros aprovechamos para meternos en la primera casa. En ella nos defendimos durante dos horas, con la esperanza de que al fin vendría fuera en nuestra ayuda. Pudimos escapar por la puerta trasera, pero nos la cerraron. Dos puertas cayeron por tierra hechas astillas. Al fin agotados los medios de defensa y viendo que nadie salía en nuestra defensa, antes de abrir la última puerta ya medio rota, me decidí a dirigirles la palabra, haciéndoles ver que era el propietario quien salía perdiendo y dándoles palabra de ir con ellos al Gobierno Civil donde se identificaría nuestra personalidad, pero a condición de que no nos pegaran. Los cabecillas entraron en razón. Salimos y al vernos entre aquellas turbas, yo pensé que no lo contábamos jamás. Gracias a que algunos más comprensivos hicieron lo que pudieron para que no nos pegaran más brutalmente. Llegamos al Gobierno Civil con vida, que no fue pequeña hazaña; y yo sin mi boina bilbaína que quedó perdida en la refriega. El pánico que se apoderó de los elementos derechistas era enorme. Aquel día ninguno de ellos salió a la calle. Trataron varios jóvenes hacer un llamamiento a todos los hombres de orden para defender los conventos e iglesias, y solo se presentaron ocho. … Si aquel día (o cualquier otro) les da por incendiar todas las casas religiosas, lo pueden hacer con toda libertad. Y conste que Cuenca es la provincia mejor de Castilla la Nueva. … Miguel”
El día 20 de julio de 1936 sale de la Residencia de San Felipe y se hospeda junto con los PP. Olarte, Jorge y Posado en la casa que el Sacerdote Canónigo D. Acisclo Domínguez tenía en la calle Andrés Cabrera; salían a la Catedral a celebrar la Eucaristía. Pero a los pocos días se dieron cuenta que eran el centro de atención de los milicianos que patrullaban por las calles, y disolvieron la improvisada comunidad el día 25.

Los PP. Posado y Jorge fueron a las Hermanitas y el P. Miguel Goñi acompañó al P. Ciriaco Olarte a la calle Los Pilares, casa de otro sacerdote amigo de la comunidad de San Felipe, D. Enrique García, Beneficiado de la Catedral de Almería. Siguieron saliendo a celebrar a la Catedral; una noche enviaron a un monaguillo para pedirle al H. Benjamín que les consiguiera un cáliz y para darle el siguiente: “escóndete bien, que de nosotros todos saben que estamos aquí, y cada día se pone peor” (Cf. H. Benjamín). La vida que llevaron en casa de D. Enrique fue la de un continuo retiro de oración, preparándose los tres para un futuro incierto, pues veían como las cosas cada día estaban peor.

El día 31 de julio, después de celebrar los tres sacerdotes la Santa Misa se presentaron unos milicianos en la casa y hacen un registro; ante la presencia de los redentoristas, D. Enrique les aclaró que eran amigos suyos, y estos se fueron. Volvieron al poco rato y les dijeron a los PP. Goñi y Olarte: “¡Quedan detenidos! Quítense los guardapolvos [refiriéndose a las sotanas] y sígannos”. D. Enrique y su asistenta intentaron impedir que se los llevaran, pero un miliciano les dio un empujón y les fritó: “Quítense o los aso”. Los dos redentoristas supieron su destino y se despidieron de D. Enrique diciéndole “Hasta el cielo”.

Dado que daban las 10:00 hs. en la torre Mangada de una mañana de verano, muchos les vieron pasar en medio de la ciudad: calle Pilares, calle Severo Catalina, bajada de las Angustias, postigo de los Descalzos, Ermita de la Virgen, Puente de los Descalzos…; toda una ruta turística detallada en las guías turísticas. Iban entre un grupo de milicianos que los llevaban a empujones, insultos y vivas a Rusia y al ritmo de la internacional. Al llegar al puente se adentraron por una senda a la orilla del Júcar en dirección a la estación eléctrica del Batán. En un desmonte de una antigua cantera los pusieron a subir un terraplén, y los milicianos, desde arriba y abajo descargaron sobre ambos siervos de Dios. Varias personas fueron testigos del macabro cuadro. El cadáver del P. Goñi sufrió rotura premortem y posmortem de huesos, tal como se ha podido ver en la recognición reciente de los restos. Ambos fueron abandonados en el descampado con una vigilancia para que nadie se atreviese a acercarse; poco a poco, sin poder precisar la hora de la muerte, se fueron desangrando; según la partida de defunción el P. Miguel Goñi murió “el día treinta y uno de julio último sobre las veinte horas a consecuencia de hemorragia y destrucción cerebral”. Por la noche fueron recogidos ambos cadáveres e inhumados en la fosa común.

El P. Goñi junto con el P. Olarte fueron los protomártires mártires de la ciudad de Cuenca. A ellos les seguirá el Sr. Obispo junto con su secretario.

S.S. Benedicto XVI firmó el 20 de diciembre de 2012 el decreto con el cual se reconoce el martirio del Siervo de Dios José Javier Gorosterratzu y sus cinco compañeros de la Congregación del Santísimo Redentor.


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=56847

31 de julio - Beato Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren.

31 de julio - Beato Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren.

Sacerdote y Mártir.

Martirologio Romano: En Cuenca, España, Beato José Javier Gorosterratzu y cinco compañeros de la Congregación del Santísimo Redentor asesinados por odio a la fe († 1936-1938)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco

Integran el grupo: José Javier Gorosterratzu Jauranena, Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, Miguel Goñi Áriz, Julián Pozo Ruiz de Samaniego, Víctor (Victoriano) Calvo Lozano y Pedro Romero Espejo


Nacimiento y forja de un misionero.
A las 8,30 hs de la mañana del 8 de febrero de 1893 daba a luz en Gomecha María Pérez de Mendiguren; aunque dos niñas le precedieron en el seno familiar, éste era el primer varón de la familia; esto llenó de alegría a todos, especialmente a Saturnino Olarte, su padre, que lo cogió en sus brazos lo ofreció al Padre Creador en acción de gracias. Pasadas las primeras impresiones, Saturnino le inscribió en el registro civil y habló con el párroco para bautizarlo. Ese mismo día 8 nació también para la Iglesia en la Parroquia de la Transfiguración del Señor, recibiendo el nombre de Ciriaco.

Creció Ciriaco en el seno de una familia de labradores, numerosa y de honda experiencia religiosa; fueron 10 hermanos, de los cuales además de Ciriaco, 2 fueron sacerdotes seculares y 2 hermanas monjas Carmelitas descalzas. Recibió una esmerada educación religiosa, recibiendo la catequesis que le preparó a la 1ª Comunión y recibiendo la Confirmación el 7 de mayo de 1899 en Ariñez (Álava) de manos del Obispo de Vitoria D. Ramón Fernández de la Piérola.

Desde pequeño, Ciriaco destacó por su piedad y simpatía. Era un niño vivo, extrovertido y ocurrente; era bondadoso, compasivo y dócil; con sus padres siempre fue obediente. Tuvo especiales dotes para las relaciones: con un trato fácil y agradable, estaba adornado con cualidades musicales y de oratoria. Estas cualidades hicieron de él un niño simpático y agradable. Pero esta simpatía corría paralela a la piedad; gustaba con las cosas de Dios, y desde pequeño tuvo inclinación hacia la vida sacerdotal. Además de asistir con asiduidad a la catequesis, la Eucaristía y el resto de actos de culto.

Desde muy pequeño quiso ayudar a misa. Dada su edad y estatura, apenas podía coger el misal; el sacerdote le pospuso sus intenciones y le invitó a prepararse; él asumió esa tarea de preparación y todas las tardes se dedicaba a adquirir fuerza y habilidad en los brazos con unos libros gordos y pesados, para logar manejar el misal. Algún día que logró convencer al sacerdote para que le dejara ser monaguillo y así le pudiese mostrar la pericia que estaba logrando en el uso del misal, este terminó sobre su cabeza.

Desarrolló Ciriaco un corazón noble inclinado a la compasión y especialmente caritativo. En numerosas ocasiones se entretuvo en escuchar a los niños del pueblo que veía tristes o compartía lo que tenía con quienes lo necesitaban. A su casa invitaba de vez en cuando a algún niño que pasaba necesidad. En cuanto a los ancianos, se paraba a charlar con ellos o a acompañarles cuando estos iban por algún camino. Y cuando algún religioso o religiosa venía al pueblo a pedir por las casas, se las apañaba para encontrarse con ellos por casualidad; entonces, dejando los juegos los acompañaba de casa en casa, les ayudaba a llevar la carga y se las arreglaba para que terminaran comiendo a la mesa de su casa.

Con una personalidad tan especial y una experiencia de Dios tan fuerte, pronto sintió la llamada al sacerdocio. Entonces, a eso de los 10 años, le tocó decidir hacia donde encaminar su vocación: sacerdote secular, franciscano, ….. ; su vocación tenía una característica especial; no le llamaba Dios simplemente a ser sacerdote; lo que Dios quería de él es que fuera misionero. Enterado de que otro sacerdote del pueblo era Misionero Redentorista, pidió a sus padres ingresar como seminarista en el centro vocacional que los Redentoristas tenían en El Monasterio del Espino (Burgos); allí fue recibido el 21 de septiembre de 1904.

Durante los años que estuvo en El Espino se ganó el corazón de compañeros y formadores con la gran fuerza de atracción de su personalidad caracterizada por su carácter abierto y alegre, su simpatía y entusiasmo, su compasión y caridad y su piedad y recogimiento. De constitución corporal mediana, ágil, atlética y con gran resistencia física. En lo referente a su psicología, era ocurrente, espontáneo y aventurero. Pero donde destacó fue en la caridad, y una caridad elegante: conocedor de su fortaleza física, no sólo cargaba con el mayor peso en las excursiones a la montaña, sino que después ayudaba a sus compañeros con el peso que ellos llevaban.

Los estudios siempre le costaron mucho, pero encontró un apoyo en los formadores del seminario; apoyo al que él respondió con su aplicación. Donde brilló especialmente fue en las dotes que poseía para el teatro, la oratoria y la declamación; cualidades estas que le serían de gran ayuda en su vida misionera. Con la ayuda inestimable del P. San Román, al que estará siempre agradecido, terminó sus estudios preparatorios en el Espino (Burgos).

El día 2 de agosto de 1910 salió del jovenado del Espino y tomó el camino que le condujo a Nava del Rey (Valladolid) donde hizo el Noviciado. Vistió el hábito redentorista el 8 de septiembre de ese año y hizo su profesión Religiosa el 8 de septiembre de 1911 y al día siguiente marchó para Astorga (León) donde hizo sus estudios teológicos. Se ordenó sacerdote en Esta ciudad leonesa el 29 de julio de 1917, continuando un curso más en el Teologado hasta culminar los cursos de Teología Moral.

De estos años de formación nos queda el juicio de varios compañeros recogido por el P. Dionisio de Felipe (Nuevos Redentores, Madrid, Perpetuo Socorro 1962, p. 163): “El autor puede apropiarse, con pequeñas variantes, las palabras que escribió el Padre Ibarrola, y que se publicaron en la Revista El Perpetuo Socorro el año 1940 (Nuestros mártires, agosto 1940 –Año XLI núm. 586-, p. 305): ‘Profunda impresión de dolor causó en mi espíritu la noticia del asesinato del Padre Olarte... Compañero constante durante la carrera sacerdotal y después, en distintas residencias, hubo esta triste nueva de producir en mi ánimo desgarradura cruel.’ En efecto: nuestro continuo contacto en los doce años de la carrera y el carácter rebosante de simpatía del Padre Olarte, hacían hondamente sensible su desaparición a los que le habíamos conocido y habíamos disfrutado de su trato atrayente y noblote”.

La vida apostólica de un misionero

Al acabar el curso en julio de 1918 fue destinado a Nava del Rey (Valladolid). Obligado al servicio militar fue a Coruña durante unos meses, volviendo enseguida a Nava del Rey para hacer el segundo Noviciado que le prepararía de forma inmediata como misionero. Terminado este en 1919, sale para Cuenca, en cuya relación de personal figura el año 1920. Con fecha de 24 de octubre de 1920 escribe a su hermana desde Valencia comunicándole que ha sido destinado a México. Como no podía ser de ora manera, asumió como un gran reto misionero el destino: “Es para mí una honra el que los superiores me hayan escogido para misionar las tierras mejicanas y aunque tengo sentimiento por salir de la patria doy gracias a Dios por ello… Voy gustosísimo porque considero que Dios me llama y quiere que yo trabaje en aquellas tierras mejicanas por su gloria… hasta que Dios quiera y si Dios quiere hasta el cielo” .

Partió del puerto de Valencia el 26 de octubre. En Méjico es difícil seguir sus pasos. En 1922 está en Oaxaca; desde aquí escribe a su hermana el 1 de mayo de 1923 donde le cuenta la situación de persecución religiosa que viven, a pesar de lo cual se encuentra contento. En 1924 está en la Comunidad de Puebla y en junio de 1926 es destinado a Monterrey. Desde aquí escribe a su hermana el 12 de diciembre de 1925; en ella cuenta del intenso trabajo que tiene esa comunidad tanto de predicación como en el confesionario. El 22 de junio de 1926 escribe de nuevo desde esa ciudad contando el trabajo abrumador que tiene, con predicaciones, ejercicios y confesiones a la vez que se ha iniciado ya una persecución religiosa sistemática contra la iglesia; como resultado, la revolución de Calles le aventa de México y el 12 de septiembre de 1926, arrojado de Méjico, desembarca en Coruña junto al P. Cándido Fernández Peña. A los cuatro días, el 16 de septiembre, escribe de nuevo a su hermana dándole la noticia de su llegada:

“Vine como han tenido que venir la mayoría de los sacerdotes españoles, porque allí están las cosas imposibles. El Presidente no cede en nada contra la Religión y estábamos viviendo en casas particulares, pues las iglesias son declaradas bienes de la nación y desde el 30 de julio no ejercía en público ningún sacerdote. Estando las cosas en este estado, pareció más prudente venirnos pensando que para volver ya habrá tiempo”.
En la comunidad de Coruña queda hasta septiembre de 1929, dedicado a un intenso trabajo de largas campañas misioneras por las tierras gallegas, estando fuera de la residencia tres o cuatro meses seguidos. Junto a las misiones se en encomiendan otras responsabilidades comunitarias como son las de Prefecto y enfermos, de forasteros o cronista. El 17 de septiembre de 1929 el P. Ciriaco Olarte sale de la Coruña destinado a la Comunidad del Perpetuo Socorro de Madrid, como Misionero; en Madrid estará hasta agosto de 1932, con un pequeño intervalo de una semana en que va a Nava del Rey en julio de 1931 por precaución ante los acontecimientos políticos. En Madrid, además de las Misiones, tendrá otras responsabilidades comunitarias como la de bibliotecario. En una carta que escribe a su hermana con fecha de 21 de diciembre de 1929 le dice: “Mi vida en Madrid es como en todas partes, dedicándome en las ocupaciones del ministerio y fuera en toda clase de trabajos apostólicos. Lo que llevamos de invierno lo he pasado en Alicante, donde el clima es primaveral. Vine a casa el día 15 del presente, y tal vez se preparen nuevas salidas para mediados de enero, que durarán toda la cuaresma”. Y en otra del 22 de abril de 1929 “Mi última campaña de misiones fue larga y de mucho trabajo. Todos fueron pueblos sin fe y para más estropearlo tuvimos que luchar con varias huelgas de obreros. Sin embargo siempre se consiguen frutos consoladores. Mañana salgo para la Misión de Yecla de 30000 almas en la provincia de Murcia.” Y así otras misiones en Jaén, Madrid, León, Valladolid, misiones que detalla a su hermana.

El 16 de agosto de 1932 el P. Ciriaco llega destinado a Granada en donde estará hasta el 4 de julio de 1933, además de misionero como sotoministro y prefecto de forasteros. Allí, su radio de acción se extiende a Córdoba, Málaga, Granada y Almería, predicando Misiones Novenas y Ejercicios a Monastrios contemplativos. El 4 de julio de 1933 sale de Granada de nuevo para el Perpetuo Socorro de Madrid, como Misionero y ocupando el tiempo que le quedaba en casa en la atención a la Asociación de Asistentas domésticas de Santa Zita. En esta comunidad residirá hasta 1935. Esta vez su irradiación misionera llega desde el Colegio de las Escolapias de Carabanchel al Terrer y Calatayud (Zaragoza) hasta Plasencia (Cáceres). El 8 de mayo de 1935 el P. Ciriaco Olarte va destinado a Cuenca, donde le sorprenderá la persecución religiosa. Allí seguirá su intensa labor de misionero y de predicador a las religiosas. Con las elecciones de febrero de 1936 parece ser que las solicitudes de misiones bajan, o así lo da a entender en una carta a su hermana con fecha de 14 de julio de 1936: “Por aquí seguimos sin novedad, aunque sin trabajo fuera de casa”. Parece que no depara mucho o no le da mucha importancia a cómo están derivando las cosas; su principal preocupación es seguir evangelizando.

Dando testimonio hasta la muerte
El día 20 de julio de 1936 sale de la Residencia de San Felipe y se hospeda junto con los PP. Goñi, Jorge y Posado en la casa que el Sacerdote Canónigo D. Acisclo Domínguez tenía en la calle Andrés Cabrera. Salían a la Catedral a celebrar la Eucaristía. A los pocos días decidieron separarse y el día 25 fue junto al P. Goñi a la vivienda de la calle Los Pilares donde vivía el sacerdote D. Enrique García, Beneficiado de la Catedral de Almería.

Siguieron saliendo a celebrar a la Catedral; una noche enviaron a un monaguillo para pedirle al H. Benjamín que les consiguiera un cáliz y para darle el siguiente: “escóndete bien, que de nosotros todos saben que estamos aquí, y cada día se pone peor” (Cf. H. Benjamín). Y viendo el peligro que corrían, el P. Olarte comentó a Goñi y a D. Enrique: “El día de San Alfonso lo vamos a pasar en el cielo”.

La vida que llevaron en casa de D. Enrique fue la de un continuo retiro de oración, preparándose los tres para un futuro incierto, pues veían como las cosas cada día estaban peor. El día 31 de julio, después de celebrar los tres sacerdotes la Santa Misa se presentaron unos milicianos en la casa y hacen un registro; ante la presencia de los redentoristas vestidos con el hábito, D. Enrique les aclaró que eran amigos suyos, y estos se fueron. Volvieron al poco rato y les dijeron a los PP. Goñi y Olarte: “¡Quedan detenidos! Quítense los guardapolvos [refiriéndose a las sotanas] y sígannos”. D. Enrique y su asistenta intentaron impedir que se los llevaran, pero un miliciano les dio un empujón y les fritó: “Quítense o los aso”. Los dos redentoristas supieron su destino y se despidieron de D. Enrique diciéndole “Hasta el cielo”.

Dado que daban las 10:00 hs. en la torre Mangada de una mañana de verano, muchos les vieron pasar en medio de la ciudad: calle Pilares, calle Severo Catalina, bajada de las Angustias, postigo de los Descalzos, Ermita de la Virgen, Puente de los Descalzos…; toda una ruta turística detallada en las guías turísticas. Iban entre un grupo de milicianos que los llevaban a empujones, insultos y vivas a Rusia y al ritmo de la internacional. Al llegar al puente se adentraron por una senda a la orilla del Júcar en dirección a la estación eléctrica del Batán. En un desmonte de una antigua cantera los pusieron a subir un terraplén, y los milicianos, desde arriba y abajo descargaron sobre ambos siervos de Dios. Varias personas fueron testigos del macabro cuadro. El cadáver del P. Ciriaco sufrió los disparos en el pecho; esto hizo que tardara más en morir; según cuentan se arrastró hasta su compañero de martirio y le impartió la absolución antes de quedar él mismo exánime por la pérdida de sagre. Ambos fueron abandonados en el descampado con una vigilancia para que nadie se atreviese a acercarse; poco a poco, sin poder precisar la hora de la muerte, se fueron desangrando; según la partida de defunción el P. Ciriaco Olarte murió “sobre las veinte horas a consecuencia de hemorragia externa”. Por la noche fueron recogidos ambos cadáveres e inhumados en la fosa común.

El P. Olarte junto con el P. Goñi fueron los protomártires mártires de la ciudad de Cuenca. A ellos les seguirá el Sr. Obispo junto con su secretario.

S.S. Benedicto XVI firmó el 20 de diciembre de 2012 el decreto con el cual se reconoce el martirio del Siervo de Dios José Javier Gorosterratzu y sus cinco compañeros de la Congregación del Santísimo Redentor.


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=56824

31 de julio - Beato Jaime Buch Canals.

31 de julio - Beato Jaime Buch Canals.

Mártir.

Martirologio Romano: En Valencia, en España, beato Jaime Buch Canals, religioso de la Sociedad Salesiana y mártir, que murió durante la persecución desencadenada contra la fe, confesando a Cristo (1936).

Nació en Bescanó (Gerona), España, el 9 de abril de 1889. Cuando tuvo catorce años entró de los salesianos de Gerona. Hizo la profesión como salesiano adjutor en Sarriá, Barcelona, en 1908. En Valencia fue muy estimado de los ex alumnos y los chicos del oratorio. En Alicante dio un gran impulso a la devoción a María Auxiliadora; fue el alma de aquella casa, hasta que fue incendiada durante la República. De Alicante fue trasladado a Valencia, dónde lo sorprende el principio de la guerra civil. Salió de la cárcel e intentó ampararse en muchos lugares, pero en cierto momento alguien lo reconoció y fue detenido. Fue asesinado en uno de aquellos así llamados "paseos" el 30 de julio.

El 11 de marzo de 2001, S.S. Juan Pablo II lo beatificó junto a otros 232 mártires en España .


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=42958

31 de julio - Beato Miguel Ozieblowski.

31 de julio - Beato Miguel Ozieblowski.

Sacerdote y Mártir.
  
Martirologio Romano Cerca de Munich, ciudad de Baviera, en Alemania, en el campo de concentración de Dachau, beato Miguel Ozieblowski, presbítero y mártir, el cual, ocupada Polonia, su patria, por un régimen político contrario a la religión, fue expatriado y encarcelado por su fe, y en prisión, donde fue torturado, alcanzó el martirio (1942).

Miguel Ozieblowski, mació en Izdebno, Polonia, el 28 de septiembre de 1900.

Sacerdote de la Arquidiócesis de Varsovia, fue víctima del nazismo en el tristemente célebre campo de concentración de Dachau. Entrando al reino de los cielos el 31 de julio de 1942.

El Papa Juan Pablo II lo elevó al honor de los altares junto con otros 107 mártires de la misma persecución.
 
Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=38098

31 de julio - Beato Francisco Stryjas.

31 de julio -  Beato Francisco Stryjas.

Padre de Familia,

 Martirologio Romano: En Kalisz, en Polonia, beato Francisco Stryjas, mártir, que durante la persecución a la fe en Polonia por un régimen político contrario a la religión, pasando por terribles tormentos, voló triunfador al encuentro del Señor (1944).

Nacido en Popowo, Polonia, el 26 de enero de 1882, este laico de la diócesis de Kalisz, padre de familia, murió el 31 de julio de 1944 víctima del nazismo luego de atroces torturas.

El 13 de junio de 1999, el Papa Juan Pablo II lo beatificó junto a otros 107 mártires polacos


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=38097

31 de julio - Beatos Dionisio Vicente Ramos y Francisco Remón Játiva.

31 de julio - Beatos Dionisio Vicente Ramos y Francisco Remón Játiva.

Mártires.

 Martirologio Romano: En la ciudad de Granollers, cercana a Barcelona, en España, beatos mártires Dionisio Vicente Ramos, presbítero, y Francisco Remón Játiva, religioso, ambos de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, que en la persecución desencadenada contra la fe siguieron, con su martirio, los pasos de Cristo (1936).

El 11 de marzo del año 2001, el papa Juan Pablo II beatificó a 233 mártires de la persecución religiosa en España (1936-39), dos de ellos recibieron la corona del martirio en esta fecha, son:

Dionisio Vicente Ramos, sacerdote, nació en Caudé (Teruel) en 1871 y fue fusilado en Granollers el 31 de julio de 1936 junto con Beato Francisco. Ingresó en la Orden en Italia y allí realizó los estudios eclesiásticos. Ejerció diferentes ministerios tales como penitenciario en la basílica de Loreto, profesor en seminarios diocesanos y de la Orden, formador de los candidatos a la Orden, tanto en Italia como en España. Una enfermedad de los ojos limitó en la ancianidad sus actividades.

Francisco Remón Játiva, hermano profeso, nació en Caudé (Teruel) en 1890 y fue fusilado en Granollers el 31 de julio de 1936 junto con el Beato Dionisio. Pasó la mayor parte de su vida religiosa en Asís, ejerciendo el oficio de sacristán de la Basílica de San Francisco; era un reconocido belenista. En 1935 fue destinado al convento de Granollers donde se encargó de la sacristía y la portería.
 




Fuente: http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=38094

domingo, 3 de agosto de 2014

31 de julio - Beata Sidonia (Zdenka) Cecilia Schelingová.

31 de julio - Beata Sidonia (Zdenka) Cecilia Schelingová.

Virgen y Mártir.

 Martirologio Romano: En la ciudad de Trnava, en Eslovaquia, beata Sidonia (Cecilia) Schelingová, virgen de la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz y mártir, que en tiempos difíciles para la Iglesia de su país, con motivo de proteger a un sacerdote, sufrió mucho de cuerpo y alma, y, contraida una enfermedad, se mostró testigo alegre y constante de Cristo (1955).

Nació el 24 de diciembre de 1916 en Krivá, en Orava, región montañosa al noroeste de Eslovaquia. Era la penúltima de once hijos. Fue bautizada, tres días después, con el nombre de Cecilia. Sus padres, Pavol y Susana, que formaban una familia muy religiosa, impartieron a todos sus hijos una ejemplar educación cristiana, fundada en la oración y en el cumplimiento del deber diario, que para ellos eran los trabajos del campo y los quehaceres de la casa.

Cecilia hizo los estudios de primaria de 1922 a 1930. En la escuela era diligente y obediente, amable y modesta; siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás. Por eso, todos sus compañeros la amaban.

En 1929 empezaron a colaborar en la parroquia las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz. En 1931, Cecilia, atraída por el amor y la entrega de las religiosas, a los quince años, solicitó la admisión en el convento, decidida a consagrar su vida al amor a Dios y al prójimo. Tanto sus padres como sus hermanos se alegraron mucho y se sintieron muy orgullosos de su elección.

En Podunajské Biskupice hizo estudios de enfermería durante dos años y luego un curso de especialización en radiología. En 1936 entró en el noviciado y el 30 de enero de 1937 emitió la profesión religiosa, escogiendo como nombre Zdenka.

Destacaba por la intensidad de su oración. Durante su trabajo se mantenía muy unida a Dios. Se sacrificaba por amor a Dios y a los demás: era amable con todos y siempre estaba dispuesta a servir. La amistad espiritual con Jesús marcó su vida religiosa y su trabajo de enfermera.

Inició su trabajo de enfermera en Humenné, ciudad situada en la parte oriental de Eslovaquia, cerca de Ucrania. En 1942, invitada por la dirección del hospital del Estado, fue a trabajar a Bratislava, en la sección de radiología, como ayudante de laboratorio. Se dedicó a los enfermos con ejemplar generosidad, ternura y competencia, siempre con la sonrisa en los labios, cuidando especialmente el orden y la limpieza. Para sus compañeras de trabajo era "modelo de religiosa y de enfermera profesional".

En 1948, el partido comunista tomó el poder e inició la persecución contra la Iglesia católica: los obispos y sacerdotes fueron perseguidos y encarcelados; los laicos sufrieron discriminaciones a causa de su fe; fueron disueltas las comunidades religiosas y sus miembros condenados a trabajos forzados.

En esos tiempos de dificultad, sor Zdenka afrontó el sufrimiento antes que traicionar su conciencia y faltar a la palabra dada a Cristo y a su Iglesia. En febrero de 1952, con gran valentía, ayudó a huir a un sacerdote detenido que se encontraba internado en el hospital del Estado para ser curado de las heridas causadas por las torturas en los interrogatorios. Después de la fuga del sacerdote, sor Zdenka oró así ante la cruz en la capilla del hospital: "Jesús, te ofrezco mi vida por la suya. ¡Sálvalo!".

Fue detenida el 29 de febrero de 1952. Sufrió crueles interrogatorios, con grandes humillaciones y torturas, hasta que, el 17 de junio, acusada de alta traición, uno de los peores crímenes contra el Estado, fue condenada a doce años de cárcel y diez años de pérdida de los derechos civiles.

El 26 de junio de 1952 fue trasladada a la cárcel de Rimavská Sobota y luego, el 16 de abril de 1953, como castigo por no haber colaborado con los guardias, a la cárcel de Pardubice, mucho más dura. Su vía crucis prosiguió por diversas prisiones y hospitales de cárceles, pues a causa de las torturas se le produjo un tumor maligno en el pecho y se agudizó la tuberculosis.

Hasta los últimos momentos de su vida terrena soportó todos los sufrimientos con paciencia heroica, con firme determinación, dispuesta a morir por Dios y por el bien de la Iglesia, y sin ningún rencor con respecto a los que le habían causado esos sufrimientos. Mientras era golpeada casi hasta la muerte, susurró: "El perdón es lo más grande de la vida".

El 7 de abril de 1955, las autoridades políticas, previendo que le quedaba poco tiempo de vida, para que no muriera en la cárcel, le concedieron la amnistía. Quedó en libertad el 16 de abril, pero, poco más de tres meses después, el 31 de julio, moría en Trnava, después de recibir el viático, a la edad de treinta y ocho años.

Ya inmediatamente después de su muerte, el pueblo de Dios la consideraba mártir de la fe.

Fue beatificada por S.S. Juan Pablo II el 14 de septiembre de 2003.

Reproducido con autorización de Vatican.va


Fuente:  http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=38092

31 de julio - San Justino de Jacobis.

31 de julio - San Justino de Jacobis.

Obispo.

 fecha: 31 de julio
fecha en el calendario anterior: 31 de agosto
n.: 1800 - †: 1860 - país: Etiopía
canonización: B: Pío XII 25 jun 1939 - C: Pablo VI 26 oct 1975
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En el valle de Alighede, en Etiopía, san Justino de Iacobis, obispo, de la Congregación de la Misión, que, manso y lleno de caridad, se entregó al apostolado y a la formación del clero indígena, y por esto tuvo que sufrir pronto hambre, sed, tribulaciones y cárcel.
 Aproximadamente la mitad de la población de Etiopía es cristiana, la otra mitad está compuesta de mahometanos, judíos y gentiles. Los sirios y los egipcios evangelizaron Etiopía en el siglo IV; desde entonces, la Iglesia etíope ha dependido en cierta medida del patriarca copto de Alejandría. Por ello, cuando los egipcios y los sirios se adhirieron al cisma monofisita, después del año 451, los etíopes los siguieron por ese camino. Durante muchos siglos, la Iglesia de Etiopía fue la más aislada y abandonada de las Iglesias cristianas. Sin embargo, en el siglo XVI, hubo muchas expediciones comerciales y militares portuguesas al Mar Rojo; gracias a ese contacto, el negus (emperador) etíope Susneyos, entró en comunión con la Iglesia católica en el siglo XVII. Desgraciadamente, Susneyos echó a perder ese gran movimiento con los métodos que empleó para imponer el catolicismo a sus súbditos. Por otra parte, los misioneros de la Compañía de Jesús, en vez de oponerse a tales métodos, no hicieron más que complicar la situación con su estrechez e intransigencia. El resultado de ello fue la violenta persecución que estalló en 1632. Durante dos siglos estuvo prohibida a los sacerdotes católicos la entrada en Etiopía. Los pocos que consiguieron introducirse, lo pagaron con su vida, como por ejemplo, los dos beatos capuchinos, Agatángelo y Casiano. En el siglo XIX la situación mejoró un tanto. En 1839, los exploradores Arnoldo y Antonio d'Ahbadie d'Arrast, emplearon su influencia para obtener la fundación de una misión católica en Adua. Dicha misión fue confiada a la Congregación de las Misiones, fundada por san Vicente de Paul, por lo que se conoce a sus miembros con el nombre de vicentinos, aunque más comúnmente se les llama lazaristas, porque ocupaban en París el colegio de San Lázaro. El primer prefecto y vicario apostólico de la misión fue Justino de Jacobis.

Había nacido en 1800 en San Fele, de la Basilicata; fue el séptimo de catorce hermanos. Cuando era todavía pequeño, la familia se trasladó a Nápoles. Su madre, una mujer muy devota, influyó sin duda con su ejemplo en la vocación de Justino, quien ingresó en la Congregación de las Misiones a los dieciocho años. Uno de sus compañeros de seminario, que con el tiempo llegaría a ser arzobispo de Esmirna, dejó testimonio de la virtud de Justino y de la alta estima que le profesaban cuantos le conocieron en aquella época: era «amado de Dios y de los hombres». Después de su ordenación, Justino trabajó incansablemente como predicador y confesor, sobre todo, con la gente pobre del campo. Fue elegido para colaborar en la fundación de una casa de su congregación en Monópoli. Algunos años más tarde, se le nombró superior de la residencia de Lecce, tras de haber sufrido un trato muy injusto de parte del superior de Monópoli. Existen pruebas de que, ya entonces, el P. de Jacohis recibía gracias extraordinarias de Dios. Durante su breve estancia en Nápoles, se entregó con valor y energía a atender a las víctimas de una epidemia de cólera. «Todos le querían», dijo de él un contemporáneo. Al ser nombrado superior de la nueva misión de Etiopía, un periódico napolitano publicó un artículo en que se decía: «El P. de Jacobis es uno de esos hombres evangélicos que saben elevar lo natural a la altura de lo sobrenatural y atraer hacia Jesucristo lo mismo a los sabios y eruditos que a los ignorantes y sencillos.»

El P. de Jacobis llegó a Etiopía en septiembre de 1839, con otros dos sacerdotes. Estos se establecieron en Gondar, capital de Amharic, y san Justino en Adua, capital de Tigrai. Ubia, el gobernador del distrito, acogió bien al sacerdote, pero el clero y el pueblo, que no habían olvidado aún los acontecimientos del siglo XVI, odiaban hasta el nombre de católico. Durante dos años, el P. de Jacobis se dedicó a aprender los dialectos y costumbres de la región y a desvanecer los prejuicios, con su humildad y bondad. En 1810, tuvo la primera reunión con algunos sacerdotes cismáticos, a quienes habló con hermosa sencillez, diciéndoles que había ido a ellos como amigo y servidor, movido por el amor y con el deseo de ayudarlos. Sus palabras produjeron profunda impresión. Pero los obstáculos que se oponían al trabajo del P. de Jacobis eran enormes (el respeto humano y la corrupción de costumbres no eran los menores), y las conversiones al catolicismo fueron muy escasas.

Por entonces, los notables de Etiopía se preparaban a enviar una embajada a Egipto para pedir al patriarca copto de Alejandría que nombrase primado (abuna) de la Iglesia etíope a uno de sus monjes según la costumbre. La única sede episcopal del país había estado vacante durante doce años. Los notables rogaron al P. de Jacobis que acompañase a los embajadores, con la esperanza de que la presencia de un europeo distinguido produjese buena impresión en el patriarca egipcio. La proposición suscitó ciertos escrúpulos en el P. de Jacobis: ¿Podía un sacerdote católico participar casi oficialmente en una embajada de esa naturaleza? Finalmente se decidió a aceptar, con la condición de que Ubia le diese una carta para el patriarca en la que le exhortase a la unión con la Iglesia católica y que la embajada fuese después a Roma a entrevistarse oficialmente con el Papa. Los notables aceptaron las condiciones del santo y la embajada partió a principios de 1841; los principales miembros, además del P. de Jacobis, eran un ministro de Estado, un sacerdote, un monje de la Iglesia de Etiopía y un secretario. El monje era Abbu Gabra Mikael, quien había de morir mártir de la unidad y alcanzaría el honor de los altares trece años antes que el P. Justino.

Al principio los embajadores más bien ignoraban al P. Justino, a quien consideraban como extranjero y hereje. Pero el santo los fue ganando poco a poco con su cortesía y amabilidad, y el testimonio del secretario principal demuestra que en El Cairo le comparaban ya favorablemente con el mismo patriarca copto. Dicho prelado se negó abiertamente y con rudeza a entrar en tratos con la Santa Sede y amenazó a los legados con la excomunión si no expulsaban de la embajada al P. de Jacobis. Además, el patrirca presidió una elección que elevó fraudulentamente a la sede episcopal de Etiopía a un monje joven e ignorante, que ni siquiera tenía la edad canónica. El monje tomó en su consagración el nombre de Salama; pronto volveremos a encontrarle. Entre tanto, parecía que el viaje a Roma no podría llevarse a cabo; sin embargo, Gabra Mikael y algunos otros legados, desafiando la cólera del patriarca, acompañaron a san Justino a la Ciudad Eterna. El Papa Gregorio XVI los acogió cordialmente. El día de la Asunción, asistieron a misa en la basílica de San Pedro y partieron de Roma vivamente impresionados. Sólo uno de los embajadores manifestó su repudio por el cisma, cuando la comitiva estuvo de regreso en Jerusalén, pero el P. de Jacobis sembraba ya la buena semilla. Por entonces escribió: «La visita a Roma cambió las ideas de mis pobres etíopes; fue el mejor curso de teología que hubiesen podido recibir». Durante algún tiempo, el porvenir de la misión de Etiopía pareció aclararse, pese a todos los obstáculos de la falta de comprensión, la ignorancia y la maledicencia. Se había formado ya un núcleo de católicos indígenas, entre los que se contaban los monjes Gabra Mikael y Takla Haimanot. Antonio d'Abbadie -quien se hallaba en el distrito de Galla- a donde no había entrado todavía ningún sacerdote, escribió una carta muy optimista a Montalembert.

El P. de Jacobis, comprendiendo la necesidad de fundar un colegio para educar a la futura generación del clero indígena, escribió al superior general de la Congregación de las Misiones, diciéndole que desde hacía un año buscaba un sitio para el colegio en Massawa (población que se halla en una isla del Mar Rojo), con la intención de que sirviese de centro religioso y de sitio de refugio para los católicos en caso de persecución. Finalmente, encontró el lugar que buscaba en una propiedad del monasterio de Gunda-Gunda, algunos de cuyos miembros se habían convertido al catolicismo y querían bien al «Abba Jacob», como le llamaban. El colegio se inauguró en Guala, de Adigrat, en 1845. El personal estaba compuesto por el P. Biancheri, tres sacerdotes etíopes, dos monjes y un hermano lego italiano. También había un laico etíope que se encargaba de los alumnos. El seminario progresó tan rápidamente, que san Justino consideró que había llegado el momento de pedir a la Santa Sede que nombrase un obispo. En 1846, quedó constituido el vicariato apostólico de Galla. El primer obispo fue Monseñor Guillermo Massaia, más tarde cardenal, a quien asistían dos frailes menores capuchinos. La popularidad del «Abba Jacob» y el éxito de sus actividades no habían escapado al jefe de la Iglesia nacional, «Abuna Salama» (ciertas hagiografías se deleitan en pintar a lso perseguidores como muy malvados, eso es falso en muchos casos, epro no en éste), quien fulminó la excomunión contra todos aquéllos que «le diesen comida y bebida durante sus viajes, o aceptasen dinero de su mano». El decreto no produjo efecto alguno. Pero la llegada del primer obispo católico excitó aún más a Salama. Valiéndose de su situación política y del desorden que su propia impopularidad había provocado, desató una persecución abierta contra los católicos. Los alumnos de los colegios y los grupos de católicos fueron dispersados, el catolicismo fue proscrito, Mons. Massaia tuvo que retirarse a Adén, y el P. de Jacobis se vio acosado por los perseguidores. Subgadis, el protector de Salama, escribió a los jefes de tribus: «Dad muerte al Abba Jacob y a todos los suyos. Matar a uno solo de los que practican su religión equivale a ganar siete coronas en el cielo ...» Precisamente entonces, se transformó la prefectura de san Justino en vicariato y éste recibió la consagración episcopal, secretamente, en Massawa, de manos de Mons. Massaia, en 1848. Aunque seguía perteneciendo al rito latino, se le concedió la facultad de celebrar la misa y administrar los sacramentos, especialmente el sacramento del orden, de acuerdo con el rito etíope. El primer sacerdote que recibió la ordenación de sus manos fue el Beato Gabra Mikael, quien tenía entonces sesenta años.

No todos los que se habían reconciliado con la Iglesia permanecieron firmes durante la persecución; pero algunos murieron por la fe. A pesar de la persecución, la obra de san Justino no dejó de fructificar en algunos sitios. En 1853 había una veintena de sacerdotes etíopes y unos 5000 católicos; el Beato Gabra Mikael logró abrir de nuevo el colegio durante algún tiempo en Alitiena. Uno de los principales amigos de Mons. de Jacobis en aquella época fue un joven escocés, llamado Juan Bell, quien estaba al servicio del virrey de Beghemeder, Ras Alí. Se dice que Bell tenía la intención de hacerse católico, pero murió en una escaramuza, en 1863, antes de realizar su propósito. Los desórdenes habían comenzado cuando el comandante de las tropas del Ras Alí, Kedaref Kassa, emprendió la campaña que había de llevarle al trono de Etiopía con el título de «Negus Neghesti» (Rey de Reyes) Teodoro II. Kassa se ganó el apoyo del Abuna Salama con la promesa de desterrar a todos los sacerdotes católicos, y la persecución recrudeció. San Justino fue arrestado en Gondar y pasó varios meses en la cárcel, entre los prisioneros por delitos comunes. Después fue escoltado hasta el puesto fronterizo de Senaar, donde los perseguidores esperaban que «desaparecería» o sería víctima del fanatismo de los mahometanos. Pero los miembros de la escolta le dejaron libre, y el santo, tras de sufrir lo indecible y correr continuos peligros, llegó con vida a Halai, en la costa sur de Eritrea. Desde ahí describió a sus superiores su «casi milagrosa odisea». Por esos mismos días en que san Justino escribió su carta, moría en la prisión el Beato Gabra Mikael.

Mons. de Jacobis trató en vano de ir a reunirse con su rebaño perseguido en la provincia de Tigrai. Así pues, en los últimos años de su vida, hubo de reducir su labor apostólica a la costa del Mar Rojo. A fines de 1859, el pobierno francés envió al conde de Russel como legado extraordinario en una misión política ante Negusie, gobernador de Tigrai. La llegada del embajador produjo gran excitación entre los etíopes y, como la posición del conde se Hiciese muy difícil, Mons. de Jacobis le dio asilo en su casa de Halai. El beato procedió así por caridad, no por consideraciones políticas; sin embargo, fue arrestado cuando se preparaba a celebrar la misa y estuvo más de tres semanas prisionero en un establo. Russel le rescató en marzo de 1860. Pero la prisión, las marchas forzadas y el cambio de clima de las montañas de Halai a las llanuras de Emkullo fueron demasiado para un cuerpo gastado por veinte años de infatigable trabajo en Etiopía. El 19 de julio, el beato contrajo una fiebre. Aunque sabía que ello significaba la muerte, insistió en partir el 29 de julio hacia Halai, acompañado por el P. Delmonte, algunos monjes y una docena de estudiantes. El 31 de julio, llegaron al valle de Alghedien. Pero el anciano obispo, que ya no podía sostenerse en la silla del caballo, se tendió por tierra. Ahí recibió la extremaunción, rodeado por sus afligidos discípulos. Después se sentó, reclinado contra una roca, y les dirigió sus últimas palabras: «Pedid por mí, hijitos míos, porque estoy a punto de morir. No os olvidaré ... Me muero». Y, echándose la capa sobre el rostro, exhaló el último suspiro.

San Vicente de Paul había dicho una vez a los sacerdotes de su congregación: «Imaginad a un misionero consumido por la debilidad y el intenso trabajo, pobre como vino al mundo, sentado a la vera del camino. Imaginad que los naturales le preguntan: `Pobre sacerdote, ¿qué te ha movido a llegar a este extremo?' y que el misionero puede responder sinceramente: 'El amor'. ¿No creéis que su felicidad será maravillosa?» Justino de Jacobis realizó ese sueño de San Vicente de Paul hasta en el detalle de estar sentado en el suelo. La carta que escribió el 3 de agosto el P. Delmonte a sus superiores de Emkullo, comenzaba así: «Tengo que anunciaros la muerte de un santo». Sin embargo, la vida exterior de san Justino, por espiritual y sacrificada que haya sido, no difiere de la de otros misioneros a quienes nadie ha pensado en canonizar. La diferencia no está en lo exterior, sino en la íntima personalidad del santo. La lectura de un memorandum escrito por Mons. Massaia nos lleva a la conclusión de que la humildad era la virtud característica de Justino y no una humildad de libro de máximas o una simple modestia, sino una humildad que le convertía realmente en «uno de tantos» entre el pueblo que había ido a convertir, a pesar de que se trataba de un pueblo que no tenía nada de atractivo en la superficie. En mil ocasiones, los sacerdotes, los monjes y los notables del país, a quienes se había dicho que el santo era enviado de los arrogantes «francos» y del todavía más arrogante Papa de Roma, descubrieron admirados que el P. de Jacobis hablaba, actuaba y se consideraba realmente como siervo de los abisinios. Mons. Massaia escribió: «Dios le escogió para que fuese maestro, no sólo de palabra sino con eI ejemplo; para que fuese modelo de la perfección que puede alcanzar el hombre, en el seno de un pueblo terriblemente corrompido por el error, el orgullo, la lascivia y todos los vicios. Dios levantó a esa insigne figura de perfección humana sobre un pedestal de humildad, como una lección viviente para Etiopía y para todos los apóstoles que después de él y hasta el fin de los siglos habían de llevar adelante su obra». San Justino fue sepultado en la iglesia de Hebo, que fue ensanchada con tal ocasión. Tanto los católicos como los disidentes han visto desde entonces a esa iglesia como un santuario, y no han olvidado al «Abuna Jacob». El 14 de mayo de 1939, la Iglesia consagró oficialmente la tradición, incluyendo a Justino de Jacobis en el número de los beatos, y el 26 de octubre de 1975 fue solemnemente canonizado por SS Pablo VI.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2660
 

31 de julio - Beato Juan Colombini.

31 de julio - Beato Juan Colombini.

Fundador.

Martirologio Romano: En Acquapendente, de la Toscana, tránsito del beato Juan Colombini, rico comerciante que, dejándolo todo, abrazó la pobreza. Con los que le siguieron fundó la Orden de los Jesuatos, a quienes quiso pobres de Cristo y desposados con la dama Pobreza (1307).

Avaricioso, adinerado y mal genio eran las palabras que mejor podían describir a este hijo de patricia familia nacido hacia el año 1304. Abogado de profesión, fue el primer magistrado (Gonfalionere) de Siena, Italia. Padre de dos hijos: Pedro y Ángela.

Con su familia y amigos, vivía etapas de enojo seguidos de períodos de mortificación y aborrecimiento a si mismo.

Convertido a la fe mientras leía la historia de la conversión de Santa María de Egipto, reformó su vida personal y empresarial visitando hospitales, atendiendo a los enfermos y ayudando a los pobres, personalmente siente un llamado a la pobreza y se va alejando de su vida social.

Varios años después de su cambio, murió su hijo y su hija entró a un convento. Decidió destinar parte de su fortuna para crear una anualidad que le permitiera a su esposa vivir confortablemente, y usó el resto de su dinero para equipar un hospital y ayudar a dos conventos. Desde ese momento el vivió en total pobreza debiendo rogar para conseguir su pan diario.

Algunos hombres comenzaron a ser sus seguidores, muchos de ellos eran jóvenes de familias adineradas que estaban desilusionados por sus estilos de vida, que sintiendo la llamada de Dios donaban sus fortunas para ayudar a los más pobres. Las elites de su localidad demandan el exilio de Juan ya que estaba ya que él estaba llevando a los más prometedores jóvenes de la ciudad hacia la "tontería".

Con su pequeño grupo de hombres fundó, en el año 1335, a los Clérigos Apostólicos de San Jerónimo, comúnmente llamados "jesuatos" por el frecuente uso que hacían de jaculatorias como «Jesús sea alabado». Era una congregación de seglares consagrados a la plegaria, la penitencia y a la caridad. El Papa Urbano V, en el año 1367, aprobó esta congregación con la condición que establecieran monasterios propios. Su hábito estaba formado por una túnica blanca, con capucha cuadrada y un manto gris-marrón. Era una orden menor, hasta que en 1606 se les permitió tener uno o dos sacerdotes por convento.

Juan Colombini murió camino a Acquapedente, apenas 35 días después de la aprobación de su congregación.

Los jesuatos se divulgaron por muchos lugares, pero cayeron en la relajación por lo que el Papa Clemente IX los suprimió como instituto en 1668.

Fue beatificado por S.S. Gregorio XIII

Los jesuatos algunas veces han sido confundidos con los jesuitas, pero claramente son dos ordenes muy distintas.


Fuente:   http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=38087

31 de julio - San Germán de Auxerre.

31 de julio - San Germán de Auxerre.
 
Obispo.
 
fecha: 31 de julio
n.: c. 378 - †: 448 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Rávena, en la vía Flaminia, tránsito de san Germán, obispo de Auxerre, defensor de la fe de los británicos frente la herejía pelagiana, el cual, habiendo acudido a Rávena para obtener la paz para la región de Armórica, fue recibido triunfalmente por los emperadores Valentiniano y Gala Placidia, subiendo después desde allí al reino celestial.
patronazgo: protector contra el perjurio y la diarrea, el dolor abdominal, la rabia y la locura.
 
 Aunque no existe ningún santo al que se pueda llamar propiamente «el apóstol de Inglaterra», san Germán fue quien consolidó la Iglesia en el país cuando terminó el imperio romano; además de luchar contra la herejía, el santo convirtió a numerosos ingleses. Por otra parte, la influencia que san Germán ejerció sobre san Patricio dejó también huella en Irlanda. Sin embargo, nada hacía presagiar en los años mozos del santo el futuro que Dios le tenía reservado. Germán nació en Auxerre, de padres cristianos. Después de estudiar en las Galias, se trasladó a Roma a estudiar leyes y retórica. En dicha ciudad practicó con éxito su profesión. Tras de contraer matrimonio con una joven llamada Eustoquia, fue enviado a la Galia como «dux» de las Provincias Armóricas. Desempeñó con gran acierto su cargo de gobernador y, a la muerte de san Amador, en 418, fue elegido obispo de Auxerre, muy contra su voluntad. Ese súbito cambio de estado le hizo tomar conciencia de las obligaciones de su nueva dignidad. Renunció a su posición en el mundo y abrazó una vida de pobreza y austeridad. Era muy hospitalario con todos, lavaba los pies a los pobres, les servía personalmente y ayunaba con frecuencia. Construyó un monasterio cerca de Auxerre, en la otra orilla del Ionne, en honor de los santos Cosme y Damián, y concedió rentas a la catedral y otras iglesias de Auxerre, que eran muy pobres.
Por entonces, el pelagianismo hacía estragos en Inglaterra. Pelagio era inglés de nacimiento y, durante sus años de enseñanza en Roma, había rechazado la doctrina del pecado original y la necesidad de la gracia para salvarse. Agrícola, uno de sus discípulos, había difundido esas herejías en Inglaterra, y los obispos se vieron obligados a intervenir. El Papa San Celestino y los obispos de las Galias designaron a san Germán para que fuese a Inglaterra, el año 429, acompañado por el obispo de Troyes, san Lupo. Poco después de la llegada de los dos prelados, ya se había extendido por toda Inglaterra la fama de su santidad, doctrina y milagros. Ambos confirmaron en el bien a los fieles y convirtieron a numerosos herejes, pues predicaban incesantemente. En cierta ocasión, se organizó una reunión de herejes y católicos y se concedió a aquéllos el permiso de hablar antes que éstos. Después de escucharlos durante largo tiempo, los obispos católicos contestaron con tanta elocuencia y con citas de la Biblia y de los Santos Padres tan oportunas que dejaron a los herejes sin palabra. Después de esa reunión, san Germán y su compañero fueron a dar gracias a Dios en la tumba de san Albano y a pedirle que les concediese buen viaje de retorno a su patria. San Germán mandó abrir el sepulcro de san Albano y depositó en él su propio relicario, con el que acababa de devolver la vista a una niña ciega; en cambio, se llevó consigo uu poco de polvo de los restos del santo y construyó en su honor una iglesia en Auxerre.

A su regreso, vio al pueblo abrumado bajo el peso de los impuestos y se trasladó a Arles a fin de interceder por sus hijos ante el prefecto Auxiliaris, una vez allí devolvió la salud a la esposa del prefecto y éste le concedió el favor que solicitaba. El año 440 fue nuevamente a Inglaterra, pues continuaban los estragos del pelagianismo en el país. El santo convirtió a muchos de los católicos que se habían dejado seducir por los herejes, desterró a los principales pelagianos y, con su predicación y milagros, consiguió desarraigar la herejía. Pero san Germán sabía muy bien que es imposible desterrar la ignorancia con un decreto y que la única manera de hacer durable la reforma era educar al clero; así pues, fundó varias escuelas para clérigos y, de ese modo, según dice Beda, «dichas Iglesias conservaron desde entonces la pureza de la fe y no volvieron a caer en la herejía». Si exceptuamos el rápido paso de la herejía de Wiclif, que no dejó huella profunda, las Islas Británicas conservaron la pureza de la fe durante once siglos, hasta que en el siglo XVI los errores del protestantismo echaron raíces con la protección de los monarcas.

En el propio de la misa de san Germán que se usaba antiguamente en la diócesis de París, el Ofertorio rezaba así: «Oí la voz de una gran muchedumbre del cielo que decía: ¡Aleluya! Y repetía una y otra vez: ¡Aleluya!» (Apoc. 19,1-3) . Se trataba de una alusión a un hecho que cuenta Constancio, el biógrafo de san Germán: Durante el primer viaje del santo a Inglaterra, una expedición de pictos y sajones asoló el país. Los habitantes reunieron un ejército para defenderse y pidieron al santo que los acompañase en la campaña, pues tenían gran confianza en sus oraciones. San Germán aceptó y aprovechó la ocasión para predicar la fe y llevar a la penitencia a los cristianos. Muchos idólatras pidieron el bautismo durante la cuaresma, y la ceremonia quedó fijada para la Pascua. Así pues, se construyó con ramas una especie de iglesia en el campamento, dónde los catecúmenos recibieron el bautismo; todo el ejército asistió con gran devoción. Después de la Pascua, san Germán ideó una estratagema que permitió a sus amigos obtener la victoria sin derramar sangre. En efecto, el santo condujo al pequeño ejército a un estrecho valle entre dos altas montañas. Cuando llegó la noticia de que se aproximaba el enemigo, san Germán dio al ejército la orden de gritar «Aleluya» al unísono, y todo el valle resonó con el eco poderoso de ese grito. Al oír el estruendo, los bárbaros pensaron que los aguardaba un ejército muy numeroso y huyeron aterrados. Según la tradición, dicha «batalla» tuvo lugar en Mold, en Flintshire, en un valle llamado Maes Garmon, pero el hecho es muy dudoso.

El general romano Aecio envió a un ejército de bárbaros al mando de Goaro para acabar con una rebelión que había estallado en Armórica. San Germán, temía que los bárbaros cometiesen excesos y salió al encuentro de Goaro y detuvo por la brida el corcel del general. Goaro se negó al principio a escuchar al obispo, pero éste insistió y consiguió arrancarle la promesa de que no proseguiría el avance hasta que Aecio se lo mandase nuevamente. Por su parte, Aecio dijo al santo que no era imposible que obtuviese el perdón del emperador. Así pues, san Germán emprendió el viaje a Ravena. Aunque llegó de noche a la ciudad, su fama le había precedido, de suerte que todo el pueblo salió a recibirle. San Pedro Crisólogo, obispo de Ravena, el emperador, Valentiniano III y su madre, Gala Placidia, acogieron amablemente al visitante; pero precisamente cuando él se hallaba en Ravena, llegó la noticia de que había ocurrido un nuevo levantamiento en Armórica y la embajada fracasó. Ese fue el último acto de caridad de su vida, pues Dios le llamó a Sí en Ravena, el 31 de julio de 449. La translación del cuerpo de san Germán a Auxerre fue uno de los funerales más solemnes de que se conserva memoria. El santuario consagrado a san Germán en la gran iglesia abacial que lleva su nombre, llegó a ser uno de los sitios de peregrinación más famosos. Saint German's de Cornwall debe su nombre al santo, a quien un sacramentario del siglo X llama «predicador de la verdad, luz y columna de Cornwall». Una leyenda medieval narra, entre otras muchas maravillas, que san Germán, se apareció a un monje llamado Benito y le ordenó que fundase la gran abadía de Selby.

En Acta Sanctorurn, julio, vol. VII, puede verse la biografía de san Germán escrita por Constancio. Pero todos los textos resultan anticuados cuando se los compara con la edición crítica que publicó W. Levison en 1920. Como tantas otras de las biografías publicadas en MGH., Scriptores Merov. (vol. vii, pp. 225-283), el texto de la Vita S. Cermani de Constancio sufrió numerosas interpolaciones. Sin embargo, se conserva lo sustancial, y está fuera de duda que Constancio escribió menos de treinta años después de la muerte de San Germán. Cf. Levison, Bischof Germanus von Auxerre, en Neues Archiv, vol. XXIX (1904).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2653